martes, 15 de agosto de 2017

Más de Peter Camenzind de Hermann Hesse


Ahora nos cuenta de sus vivencias y sensaciones cuando se va a estudiar a otra ciudad y toma una habitación de estudiante.


Drei wundervolle Jahre wohnte ich in derselben weithinblickenden, windigen Mansarde, lernte, dichtete, sehnte mich und fühlte alle Schönheit der Erde mich mit warmer Nähe umgeben.  Nicht jeden Tag hatte ich etwas Warmes zu essen, aber jeden Tag und jede Nacht und jede Stunde sang uns lachte un weinte mir das Herz, einer starken Freude voll, und hielt das liebe Leben heiß und sehnlich an sich gedrückt.
Viví tres años maravillosos en la misma mansarda ventosa y con amplia vista; estudiaba, hacía poesía, sentía nostalgia y sentía que todo lo bello del mundo me abrazaba tiernamente.  No siempre tenía comida caliente, pero cada día, cada noche, cada hora cantaba y reía y mi corazón lloraba, lleno de un gran regocijo, y se mantenía atado a la linda vida, cálida y ansiosamente.

Sensaciones que tuvimos quienes vivimos como estudiantes lejos de casa -yo no hacía poesía.

Ich sah große, schöne Arbeiten auf mich warten, zu lesende Bücher und zu schreibende Bücher.  Ich hörte den Föhn gehen und sah ferne, selige Seeen und Ufer in Südlichen Farben erglänzend liegen. Ich sah Menschen mit klugen, geistigen Gesichtern wandeln und schöne, feine Frauen, sah Straßen laufen und Pässe über Alpen führen und Eisenbahnen durch Länder hasten, alles zugleich und jedes doch für sich und deutlich, und hinter allem die unbegrenzte Ferne eines klaren Horizontes, von treibenden Flugwolken durchschnitten.  Lernen, schaffen, schauen, wandern – die ganze Fülle des Lebens glänzte in flüchtigem Silberblick vor meinem Auge auf, und wieder wie in Knabenzeiten zitterte etwas in mir mit unbewußt mächtigem Zwang der großen Weite der Welt entgegen.

Veía yo grandiosos y ricos trabajos esperándome y libros por leer y por escribir.  Escuchaba el rumor del viento tibio y veía lejanos y encantadores mares y riberas que resplandecían con colores meridionales.  Veía gentes de rostros prudentes e intelectuales y mujeres bellas y distinguidas, veía rutas y pasos alpinos y ferrocarriles que atravesaban raudos los campos, todo a la vez pero bien diferenciado y ante todo la ilimitada extensión de un nítido horizonte, atravesado por nubes viajeras.  Estudiar, crear, observar, marchar – la plenitud de la vida resplandecía y parecía turbarme la vista y de nuevo, como en la niñez, se estremecía algo en mi con una inconsciente y poderosa fuerza ante la grandiosidad del mundo.



Traducción libre, con base en mi percepción de lo leído. Se aceptan observaciones.

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