UNA REFLEXIÓN SOBRE EL TIEMPO

Siempre me han causado una burlona contrariedad esas expresiones de la gente minimizando el tiempo: “Este mes se acabó”, el día 15; “los años ya no duran nada”, en diciembre. Desprecian la cantidad de momentos vividos; se haya logrado mucho o no, se haya gozado o sufrido, el tiempo no ha pasado en blanco y larga sería la enumeración de todo lo hecho, lo presenciado, lo disfrutado, lo anhelado y hasta lo dormido en cada uno de esos momentos. Esto lo había comentado algunas veces con mi gente cercana, hasta que me lo he encontrado expresado en lindas palabras en un escrito del colombiano Germán Espinosa. En un pasaje de su “Romanza para Murciélagos” dice:

Una frase me ha deslumbrado ... en la cual insistía mi profesor de metafísica: la de Madame d’Amiel-Lapeyre, según cuya salvaje intuición, los minutos son largos y los años son breves. Se trata de algo que he experimentado en carne propia: si diéramos en representárnoslo por años, el tiempo nos resultaría como un tenue soplo; mas, si revisamos los acontecimientos de esos años, se nos antojarán casi propios de una eternidad.

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