miércoles, 4 de diciembre de 2019

PATRIOTAS TRASHUMANTES
Relato


Alguna  vez  le  había  dicho  a  Martín  que  podía  haber  cataclismos
en  tierras  remotas  y  sin  embargo  nada  significar  para  alguien…  
Ernesto Sábato
“Abaddón, el Exterminador”

Estrellita trabajaba en una pequeña venta de arepas rellenas.  Era eficiente en sus labores, pero tenía la mirada perdida y la expresión de aquellos que están insatisfechos con una situación que no saben cómo cambiar.  Armando llegó allí como por casualidad y le gustó la oferta del local; mucho más le gustó la chica y se volvió asiduo cliente.  Por el acento, adivinó que ella era del país vecino; se lo preguntó, por preguntar, y ella le confirmó.  “Allá no tenemos posibilidades de desarrollo; yo soy tecnóloga y pasé dos años desempleada; aquí, al menos, puedo trabajar de mesera”. La vez siguiente, la invitó a salir.  “Yo no me estoy vendiendo”.  “Esa no es mi intención; me gustas y te propongo un rato de charla y refrescos, para conocernos mejor”.

La segunda vez que la invita, vienen los besos.  Régulo, compatriota de la muchacha, los ve cuando la está dejando en la casa en que se aloja.  Es amigo de su hermano, que se quedó al otro lado; la busca para decirle “Ese hombre no te conviene; aquí están prostituyendo a las chamas; no seas ilusa, no te vayas con el primero que te hace ojitos”.

La vida sigue su marcha en la Ciudad de la Primavera; el calor de la temporada seca agobia a los transeúntes, quienes pronuncian la habitual queja “esta ciudad se volvió muy caliente ¡nos vamos a derretir!”; el ruido también pone su cuota para el estrés en las congestionadas avenidas, en cuyos cruceros intentan ganarse la vida los limpiadores de vidrios, los venteros de películas piratas y los frustrados saltimbanquis.

En el cruce de la Avenida Pobladillo, Luis toca el fagot y lo hace con maestría.  Se formó en la red de escuelas de música de aquel país.  Sus compatriotas Johnny, que estudió saxofón en el Conservatorio Superior de Música, Tomás, que se formó en violoncello y Jean Pierre, que ejecuta brillantemente la guitarra, tocan en conjunto en un miniparque adyacente a la misma avenida.  Transeúntes sensibles a la música o a la necesidad de estos exilados, les arrojan monedas y billetes de poco valor, que es inmenso en comparación con el valor de los billetes de su patria.

Armando va en el bus, de regreso del trabajo; los que suben a vender confites ya no tienen el acento tan peculiar de las comunas marginales; su entonación es la propia del país vecino; exponen su miserable caso y piden la colaboración ciudadana.  El muchacho se desprende de un pequeño billete sin aceptar la golosina y sigue absorto en la imagen de la linda Estrellita, quien le ha pedido tener la siguiente cita a escondidas.  Al parar frente a un semáforo, observa el cartel que exhiben los cuatro miembros de una familia empobrecida, también inmigrante.

El encuentro es en un cafecito alejado de la zona en donde viven, para eludir a Régulo.  Están embelesados conversando y los interrumpe un amigo de Armando, para saludarlo.  Al enterarse de la nacionalidad de la chica, le recomienda estar pendiente de la próxima feria de empleo para inmigrantes; “en la de hace unos meses ofrecieron mil doscientos empleos legales; claro que se presentaron a competir más de cuatro mil, pero tienes que hacer el intento, para que no te quedes vendiendo arepas”.  A continuación, Armando comentó que para la cosecha cafetera se estaban necesitando miles de recolectores; esto les podría servir, al menos, a los no calificados.

Los dos enamorados quedan en encontrarse el día siguiente para buscar toda la información en el computador portátil de Armando.  “Podemos buscar, no solo la feria de empleo, sino oportunidades en tu especialidad; puedes competir porque tienes tu PEP en regla”.  Aprovechan que ella tiene la tarde libre y que él puede pedir unas horas de permiso compensatorio y se dedican a buscar minuciosamente, mas saben hacer de ello una fiesta, porque el cielo está donde uno quiere; no faltan los besos, los diálogos dulces y los planes ambiciosos.

Allí cerca, Régulo salió de una entrevista de trabajo en un taller, se paró un rato a escuchar al conjunto compatriota, vio pasar a Estrella con su novio y los siguió.  Iban tomados de la mano y volando sobre las nubes, lo que puso a Régulo a todo vapor y continuó persiguiéndolos.  En un recodo, Armando atrajo a Estrellita para un beso; estaban todavía muy pegados cuando el otro la llamó a voces y la hizo estremecer.  Le reclamó por las “confiancitas” que se estaba tomando con ese “desconocido” y lo insultó delante del corrillo que se había formado.

Armando reaccionó, se giró y enfrentó decidido al intruso; este le sostuvo la mirada y le mostró los puños; el otro se puso también en posición de pelea; iban y venían los duros golpes; el corrillo crecía y las voces de aliento al uno y al otro retumbaban en toda la cuadra.  Cayeron pronto a la escena dos agentes de policía que detuvieron la trifulca y retuvieron a los púgiles hasta que llegó la radiopatrulla.  Se los llevaron, y también a Estrella, que estaba interviniendo con mucho empeño a favor de los muchachos.

En la inspección de policía, la chica miente que Régulo es su compañero sentimental, para tratar de evitar que lo deporten; de todos modos, los hacen pasar la noche allí “guardados”, incluso a la chica, porque no tiene a la mano el Permiso Especial de Permanencia.  Por la mañana, los dejan salir, tras la firma de una conminación para no enfrentarse de nuevo con violencia.  Régulo hace las paces con Armando, les desea suerte a ambos y se despide.  El chico y la chica se van caminando pensativos.

Entre tanto, los noticieros muestran que el presidente usurpador se afianza con el respaldo de potencias orientales y que al presidente que reclama el poder no le sirve de nada el respaldo de la potencia occidental.  Los ciudadanos de aquel país siguen llegando por miles, a diario, al nuestro y no son mal recibidos, en general.  La más suertuda es Estrellita, que ya tiene propuesta de matrimonio de Armando.  Y este relato va a terminar como los cuentos de hadas, con un feliz matrimonio, con gran fiesta y muchos regalos.

viernes, 15 de noviembre de 2019

RENATO ES BLADE Y TAMBIÉN RUNNER
Relato


Despertó y se asombró de la profusión de aparatos a los que estaba conectado.  Sentía molestia por los cables y tubos que salían de todas las partes de su humanidad.  Miró alrededor en busca de alguien que lo socorriera y vio a un médico que revisaba datos en las pantallas de aquellos artilugios.  El doctor, al verlo moverse, se sorprendió y de inmediato le manipuló los párpados para revisar sus movimientos oculares.

–¡No soy un replicante!
–¿Replicante?  ¿Qué es…?  ¡Ah, ya caigo!  Olvídate de Blade Runner; ya regresaste al mundo real.
–¿Qué hora es?
–¿Hora?  ¡Je, je, je!  Estabas en coma desde 1983.

Intenta preguntar el año actual, pero el médico ya está hablando solo y tiene  una pequeña cajita apoyada en una oreja.  Por el diálogo, cae en cuenta de que se trata de un teléfono inalámbrico en miniatura.  Le está informando a algún especialista sobre su despertar y su estado y le promete unas fotos.  (“¡Qué curioso!  Una conversación tan seria y se desvían hacia unas fotos de algún paseo o quizás de una fiesta”).

El médico se gira con el teléfono puesto a la altura de sus ojos y parece oprimir alguna tecla; repite la operación varias veces y también lo hace frente a algunas de las pantallas.  (“Este se enloqueció.  Está confundiendo el teléfono con una cámara”).

–No pongas esa cara de asombro.  Mando estas fotos y paso a explicarte todo lo tuyo.
–¿Usted cree que tomó unas fotos y cree que las puede enviar por un teléfono?  Es más, ¿sin siquiera pasarlas por el proceso de revelado?  Todavía estoy algo zonzo, sí, pero no soy ningún tonto.
–Hay muchas cosas que ignoras.  Ya te voy a explicar.

Mientras los auxiliares y enfermeras van desconectando y conectando, tomando muestras, aseando, según órdenes del médico, este le relata a Renato sobre los intensos cuidados a los que ha sido sometido desde que quedó en coma profundo, por un accidente, y lo oportunos que han sido todos los avances tecnológicos “de todos estos años” para la misión de mantenerlo con vida y culmina describiéndole cómo los teléfonos celulares han permitido que los especialistas se enteren entre ellos de su evolución, reciban datos, envíen comandos a los dispositivos… gracias a que ese aparatico no solo transmite conversaciones, sino también datos, imágenes, señales; hace consultas en bases de datos, mantiene un minucioso control de tiempos, nos recuerda compromisos…

Él se asombra, mas no mucho, porque ya sabía de una tal internet y, sobre todo, había leído fantasías futuristas.  Por la tarde, lo pasan a una habitación, todavía bajo el control de algunos dispositivos, pero con relativa libertad de movimiento.  Por la ventana, observa una tarde oscura, fría y lluviosa.

–Asegúrenme que no es la lluvia ácida.  Dice, consternado, a las enfermeras.
–Es el clima de noviembre.
–De qué año?
–Estamos en 2019.
–El año de los desastres!  Estaba previsto.
–Olvídate de Blade Runner,  le dice el médico, que acaba de entrar.  Ya estamos en el 2019 real, muy diferente al de la película.

“¿Qué estoy haciendo en un siglo que no es el mío?  Se preguntaba.  “¿Por qué no llegué aquí tras un proceso de vida de muchos años?  ¿Por qué no fui testigo de cada cambio tecnológico?  No quiero ni pensarlo.  Mejor me distraigo con la televisión; tiene que haber comedias como las que veía”.

Le enseñan a manejar el control de la TV y escucha que comentan, en un noticiero, sobre la clonación de gatos y perros en China y Corea.  Ellas le cuentan que todo había empezado con la oveja Dolly en los 90 y que ya se han clonado algunas mascotas desde los dos mil.  Él se acuerda de un libro previo a Blade Runner “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” que se desarrolla en un mundo lleno de polvo radiactivo después de una guerra nuclear que terminó matando a la mayoría de los animales, lo que llevó a que la gente tuviera mascotas eléctricas.

Quiere buscar un programa diferente y, manipulando el control, se le aparece la posibilidad de pasar a correo.  (“¿Es que se puede llamar al cartero?”).  Activa la opción, incrédulo, y se le solicita cuenta y contraseña; averigua con las enfermeras y le dicen que sí puede mandar mensajes a través de la red, pero primero debe tener una cuenta.

–¿Por qué debo tener cuenta bancaria para poder enviar correo?
–No es una cuenta bancaria.  (Y, entre risas, le explican todo).
–A propósito, ¿Cómo informo a mi familia para que vengan a verme?
–De eso se está encargando la administración.  Ya pronto vendrán.

Veinticuatro horas después, llega un hombre de casi su misma edad, acompañado por un señor de cara muy seria.
–Hola, Renato.  Soy tu primo Luis Miguel.  ¿No me reconoces?
–De momento, no.  Pero, ¿dónde están mis papás y Consuelo?
–No están cerca, le contesta el otro señor.  ¿Quisieras irte a casa de tu primo, mientras tanto?
–¿Cuánto tiempo?  ¿Dónde están ellos?

Y da comienzo la estrategia del sicólogo, apoyado por el primo, para hacerle saber que sus padres y hermana murieron en el mismo accidente en el que quedó en estado de coma hace treinta y seis años.  El primo le agrega que no tiene más familia cercana, porque los tíos (padres del primo) murieron pocos años más tarde, de sus achaques.

Después del natural desconcierto del hombre, el sicólogo y el médico autorizan el traslado de Renato a casa de su primo, para reconstruir desde allí su vida.  Llegado allá, conoce a Mariana, la esposa, y los dos hijos, que nacieron por fecundación in vitro, según le cuentan los primos, y se maravilla de que esa técnica, que era casi ciencia-ficción, se haya desarrollado exitosamente.  También se intriga con la atracción que se le despierta hacia la mujer de su primo e intenta evitarla todo lo posible, para no traicionar la hospitalidad recibida.

Vuelven a asaltarlo las inquietudes.  “¿Por qué tuve que caer a una casa extraña y no pude seguir mi vida con mis padres?  ¿Por qué me atrae una mujer tan mayor y no una joven como a todos mis amigos?  Pero, ¿Cuáles amigos?  ¿Dónde están ahora?  ¿Cómo voy a empalmar en una vida normal?  ¿Cuánto tiempo voy a estar como prisionero en esta casa?”.

Pasando los días, las pantallas que encuentra por toda la vivienda le siembran inquietud y les indaga mucho a Luis Miguel y Mariana sobre su utilidad.  Empezando por las de los televisores (¡uno en cada recinto de la casa!), que aunque estén apagados muestran lucecitas de colores (le explican lo de los LED) y exhiben unos letreros (anuncios de pre-programación, estado del tiempo, etc.); además, son unos aparatos asombrosamente planos, colgados de la pared como cuadros.  Los niños juegan con unas especies de libretas que son, básicamente, pantallas, tienen todo el colorido y sonido de los televisores y además permiten traer información desde cualquier lugar del mundo, escuchar música, ver películas, divertirse con unos juegos multicolores.  Un martes, poco le faltó para desmayarse al ir a la nevera por algún vaso de agua y encontrarse con una pantalla que no solo exhibía la temperatura interna, sino también la lista de víveres que se debían reabastecer.  Se dirigió preocupado a Mariana:

–¿Es posible que los aparatos de casa me estén grabando, analizando y trasmitiendo información sobre mí?
–No te preocupes, no tenemos cámaras instaladas.  Las de los celulares y demás te las tienen que poner de frente y accionarlas y te darías cuenta de inmediato.
–La nevera, lavadora, citófono… ¿No nos registran?
–¡Ja, ja, ja!  Podríamos darnos un beso apasionado al frente de ellas y Luis Miguel no se enteraría.  Esos dispositivos no tienen cámaras.
–¿Por qué nos besaríamos?  Dice él con voz trémula, tocado en su fibra.
–Bueno, por cualquier causa que lo merezca.  Responde ella maliciosa.
–¿Serías capaz de…?

Ella le interrumpe dando un paso hacia él y en ese momento suena la cerradura.  Es Luis Miguel que regresa de una gestión que hacía en un banco cercano.  Se separan rápidamente, él se dirige tembloroso a su habitación y ella recibe al esposo muy melosa.   Renato se queda el resto del día encerrado y no baja a comer.  Se excusa diciendo que está un poco indispuesto.

El miércoles, Mariana le lleva el desayuno a su cuarto, lo saluda muy cariñosamente, y cuando él baja a la cocina a llevar la vajilla, lo asalta con un abrazo y un beso que lo hacen enrojecer y la mujer le manifiesta todo lo que le ha gustado desde el primer momento.  El hombre disfruta del beso y prolonga un poco más el momento con algunas caricias excitantes, pero luego huye a su pieza y se encierra, más desorientado que antes.  “¿Por qué se me propone esta mujer?  Tiene que ser por mis miradas; no he sido prudente y, aunque no le he expresado una palabra sobre lo que me gusta, se lo he dejado saber con la mirada; no la he buscado, pero la he invitado a buscarme”.

Por la tarde, cuando toda la familia sale junta para alguna diligencia, Renato aprovecha para escaparse, llevando algunas prendas y objetos personales que sus primos le han procurado, dentro de un morralito que ha tomado “prestado” del ropero de Luis Miguel y se va caminando por un sendero peatonal, calculando que ellos no le pasarán cerca en el vehículo; logra adentrarse en un parque boscoso, donde lo primero que se le ocurre es echar un sueño sobre el césped.  Despierta todavía abrumado, ya anocheciendo, y consume unas provisiones que extrajo de la despensa.  Sigue pensando cómo escapar de los riesgos de traición amorosa al primo y dónde buscar medios para sobrevivir y decide, por ahora, pasar la noche allí escondido.

Por la mañana, andando por el parque, dándoles vueltas a sus interrogantes, tiene la suerte de toparse con un hombre que está leyendo en un escaño y tomando café con emparedado, quien le ofrece compartir su desayuno; le parte un trozo, le sirve del termo y le indaga por su aspecto deteriorado y su palidez.  Le inventa que vino de otra ciudad a un encuentro académico y fue asaltado en la calle.

–Me robaron todo el dinero, pero afortunadamente me dejaron mi morral con la ropita.
–Hay muchos malandrines por aquí.  Ya no se puede andar con tranquilidad por estos parques como en los ochenta.
–Sí, recuerdo muy bien como eran las cosas en los ochenta.  (El hombre lo mira extrañado).
–Y ¿cuál es el tema del encuentro académico?
–Ehhh…  (Hace un esfuerzo para recordar algo de la profesión de su papá).  Las técnicas de grabación de cintas magnetofónicas con alta calidad de sonido.
–¿Cintas magnetofónicas?  ¿Eso todavía se usa?

Renato no sabe qué responder, pero en ese momento los distrae un pequeño zumbido arriba de sus cabezas.  Es un dron que se acerca tomando fotos y el extraño exclama algo contra las intromisiones en la vida privada, lo que asombra a su contertulio, quien le pide explicaciones.

–¿Todavía no le ha tocado?  Está uno tranquilo con su familia o amigos y le toman fotos con celular o con estos drones, sin pedir ningún permiso.
–¿Son helicóptero en miniatura?  ¿Para qué sirven?

Cae en cuenta de que ha cometido una torpeza y, al mismo tiempo, el acompañante entra en sospechas sobre este hombre tan extraño y se despide.  Se queda con la mirada hacia el vacío, sin saber qué rumbo tomar, qué hacer, cómo va a vivir y para quién; lo sacan del marasmo unas palomas que llegan a buscar migajas y a cortejarse, luego unos niños que pasan corriendo y haciendo creer que juegan a la pelota, quienes se detienen un momento a mirarlo como cosa rara y prosiguen diciéndose algo y lanzando risotadas.  Ahora su mirada se concentra en los pequeños que se alejan y le hacen evocar su niñez cercana; sí, cercana, porque el paréntesis de treinta y seis años no cuenta…

De repente se percata de dos agentes de policía que se le han plantado al frente.  Estos le inquieren si su nombre es Renato Valderrama.

–Sí, yo soy ese sujeto.
–Señor Valderrama, lo hemos hallado con la ayuda del dron y queremos que nos acompañe.
–¡No soy un antisocial!  ¿De qué me acusan?
–No se preocupe.  Solo ha sido reportado como desaparecido y lo llevamos al inspector para levantar un acta y que usted exprese si es su voluntad volver con ellos.
–¡Cómo les hago de falta! Dice, pensando en la tentadora Mariana.  Voy con ustedes.  Supongo que no me van a esposar.  (Risotadas).

El sicólogo encuentra que, aunque su edad física está alrededor de los treinta años (se desarrolló un poco mientras estuvo en coma), la mental no pasa de los dieciséis que tenía al momento del accidente y propone a los primos hacer un trabajo cuidadoso, para que no se sienta mal.  Entre todos, lo convencen de hacer validación del bachillerato, pues ya está muy revaluado lo que aprendió en sus pocos años de estudio; también propician que tome un trabajo en la empresa de un amigo, para que se relacione con personas de alrededor de treinta años.  Mariana piensa distinto y cree que, en lugar de mujeres muy jóvenes, lo que necesita es que una veterana como ella lo ponga pronto al día porque el muchacho antes de los dieciséis solo habrá tenido experiencias consigo mismo.

Los compañeros de trabajo, después de conocer su historia, comienzan a inquietarlo con su herencia, el seguro de vida de sus padres, el del automóvil y lo motivan a hacerle averiguaciones a su primo.  Este le dice que solo sabe que sus padres adquirieron su primer auto gracias al seguro del que quedó en pérdida total, pero que nunca se enteró de herencias y seguros de vida porque solo tenía doce años.  Entre tanto, Mariana, desinteresada en esos “asuntos terrenales”, sigue trabajándole el “ánimo” a Renato, con la coartada de que está colaborando con la terapia.

Los apurados progresos de Mariana inducen los correspondientes progresos en su “protegido”, pero este deja de interesarse en ella cuando se entusiasma con una compañera de trabajo que ha estado haciéndole ojitos.  Es bonita, sensual, tiene unos veintidós años, es inteligente y de mucha solvencia en sus funciones y ha sido bastante amable con él, le colabora mucho y le va concediendo toda la confianza que él se ha querido tomar.  Pasan las semanas y se consolida un idilio que parece contribuir a su maduración; pero súbitamente la muchacha le trae la noticia de un embarazo.

Entre tanto, los compañeros de trabajo han comenzado a intrigarlo con que el patrón (el amigo de su primo) le está pagando menos del salario mínimo, escudado en que “le está haciendo el favor”; que note que cuando hubo aumento de salarios no le subió a él; que siempre le asigna los trabajos difíciles; le sugieren demandarlo, pero va a consultárselo a Luis Miguel.  Este le dice que no se le vaya a ocurrir poner una demanda contra su amigo, quien solo lo ha favorecido; que trate de imaginar en dónde lo hubieran empleado en sus condiciones

Decide hablar directamente con el patrón, para evitar líos, pero él se disgusta notoriamente y le recomienda buscar dónde le paguen mejor.  “Yo le conservo su empleo, mientras tanto”.  Sale aburrido de allí; lo está esperando un compañero que ha sido amable y colaborador y le dice que la muchacha lleva mucho tiempo saliendo con Sergio Andrés y también les coquetea a otros; que no se deje “acomodar” tan fácilmente ese bebé; le sugiere la prueba de ADN; ante su ignorancia, se lo explica muy bien y Renato queda ahora con nuevas tareas que se le hacen difíciles.

En fin, Renato madurará “a los golpes” con los cuatro objetivos en que se concentrará con mucha dedicación: conseguir que la chica acepte la prueba de ADN (tal vez con ruptura incluida); encontrar trabajo, sin pedir ayuda de los primos, que lo tienen hastiado; investigar sobre su posible herencia, y buscar a donde irse a vivir, para no seguir de miembro de familia, con la dicotomía de sentirse tratado como un niño y simultáneamente asediado por la prima.

Este mes de noviembre de 2019 fue el escogido en 1982 por Ridley Scott
para  el  escenario  de  su  película  de  ciencia  ficción  "Blade Runner".

jueves, 24 de octubre de 2019

Seguimos con "Light in August"
William Faulkner

Presento algunos pasajes de la obra, sin intención de hacer un resumen o una crítica.  Solo son, así como en otras obras que he tocado en este blog, trozos que me llamaron la atención, por su belleza o por algún significado que muy subjetivamente les atribuyo.


They say that it is the practiced liar who can deceive.  But so often the practiced and chronic liar deceives only himself; it is the man who all his life has been selfconvicted of veracity whose lies find quickest credence.

Dicen que el ladrón experimentado es el que sabe engañar.  Pero con frecuencia ese ladrón consuetudinario se engaña solo a sí mismo; del hombre convencido toda la vida de su veracidad es de quien se creen fácilmente las mentiras.



And even a liar can be scared into telling the truth, same as a honest man can be tortured into telling a lie.

Y hasta a un ladrón se le puede amenazar para que diga la verdad, así como a un hombre honesto se le puede torturar para que mienta.

Byron listened quietly, thinking to himself how people everywhere are about the same, but that it did seem that in a small town, where evil is harder to accomplish, where opportunities for privacy are scarcer, that people can invent more of it in other people’s names.
Byron escuchaba en silencio, pensando cómo las gentes son iguales en todas partes, pero le parecía que en un pueblito, donde es más difícil hacer el mal, donde hay menos opciones de intimidad, es donde la gente puede inventar más sobre otras personas.



Faulkner lo supo mucho antes de que, en el siglo 21, los científicos descubrieran que la memoria reelabora y hace aportes a los recuerdos:



Memory believes before knowing remembers.  Believes longer than recollects, longer than knowing even wonders.

La memoria se convence antes de que el saber recuerde.  Cree más de lo que recoge, más allá de lo que el saber indaga.


Ahora, algunos de los atrevidos y ricos juegos de palabras del autor…
They seemed to enclose him like bodiless voices murmuring talking laughing in a language not his.
Parecían rodearlo como incorpóreas voces que murmuraban, hablaban y se reían en un lenguaje que no era el suyo.
(Suprime las comas para potenciar la mezcla de las tres acciones).

Womanpinksmelling
Algo así como “femenina fragancia rosa”.

He believed that that was what was happening to him now.
Una deliciosa cacofonía.
Él creía que eso era lo que le estaba pasando ahora.
…out there somewhere where that house is burning.

Otra sonora cacofonía.
Por allá en alguna parte donde está ardiendo esa casa. 

…strangers come here and hear about it…

Más cacofonía musical.
…llegan los extraños y oyen de ello…
…hills and trees and cows and such…
…colinas y árboles y vacas y tal...
Repetición de “and” que no repugna.

Traducción libre, con base en mi percepción de lo leído.
Se aceptan observaciones y correcciones.



A propósito, su obra “Requiem para una Mujer” está llena de fabulosas repeticiones.  Aquí una muestra de repeticiones de la conjunción “y”, en español, pues solo tuve acceso a una traducción.

…la ordenada y lenta rotación de las estaciones, lluvia y nieve y escarcha y deshielo y sol y sequía…
…empujando cada año más y más el erial y sus pobladores: el oso salvaje y el venado y el pavo y el hombre salvaje… 
…reconstruyeron el muro de la cárcel y cortaron nuevos troncos y abrieron atronaduras en las tablas y levantaron sobre ellas el pequeño cobertizo sin piso y trasladaron el cofre de hierro… 
“Volved las mulas hacia el oeste”, dijo ella, y alguien lo hizo, y ella tomó la pluma del agente y trazó su cruz sobre el papel y devolvió la pluma, y la carreta se puso en marcha… 
…levantándose hacia el sol y hacia el aire por sobre las marismas y las ciénagas, embistiendo y arrasando ellos mismos la maleza y la manigua, riachuelo y cauce y bosque… 
…estrella polar y polo guiando al pueblo: los hombres y mujeres y niños, las doncellas, las muchachas casaderas y los mozos, manando, fluyendo allí con sus herramientas y mercaderías y ganados y esclavos y monedas de oro… 
…en un bosque de encinas y fresnos y nogales y sicomoros y florecientes catalpas y cornejos e higueras y nísperos y ciruelos silvestres, teniendo a un lado la vieja taberna de Alec Houston y la parada de postas y un poco más allá el correo-almacén de Ratcliffe y la herrería y diagonal a ellas, en face y solitaria…

lunes, 21 de octubre de 2019

RICARDO Y SU QUINTA AVENTURA
Relato


Mi primo Ricardo es de una inteligencia privilegiada.  Estudioso de la física y la topología, entre otras, pasó muy pronto de las especulaciones sobre posibles inventos y los fracasos con embelecos armados con utensilios de cocina y elementos de papelería, a la construcción de dispositivos asombrosos.  Primero fue el aparatejo que partía una manzana en dos trozos de peso exactamente igual, siguiendo el reto de un concurso de televisión; no pudo participar en el concurso, por alguna falla de coordinación, pero logró construir un dispositivo más preciso y de mejor aspecto que el que salió ganador.

Después nos asombró con una “oreja electrónica” que elaboró siguiendo el principio de la antena parabólica, con un micrófono en el foco y conexión a un amplificador; nos hizo varias demostraciones de malicioso espionaje al vecindario, pero se abstuvo de patentar o publicar su invento, por temor a demandas de algunos vecinos que dieron muestras de malestar al verse enfocados con “la cosa esa”.

Los cohetes lo enloquecieron por un tiempo; varias explosiones le “chamuscaron los bigotes” en el patio de su casa, donde montó la plataforma de lanzamiento.  Él aseguraba que dominaba todos los principios de la balística y que podría llegar a igualar las hazañas de Estados Unidos y Rusia.  Por cierto que logró levantar algunos de ellos a alturas estratosféricas y poco le faltó para poner uno en órbita.

Cierto día, le propuse que, en lugar de derrochar esfuerzos por conseguir movimientos asombrosos en las tres dimensiones (cuatro, contando el tiempo), cosa en la que nos llevaban mucha ventaja los países desarrollados, se enfocara en explorar la quinta dimensión.  Me respondió con una risa burlona.  No me amilané y le invoqué las once dimensiones planteadas por algunos físicos teóricos:

–Te reto a saltar las tres dimensiones espaciales para introducir un objeto en un recinto cerrado. 
–Mira, primo, según teorías, la quinta dimensión se tuerce sobre sí misma; en ella, cada punto del espacio-tiempo convencional es un pequeño círculo de dimensiones inferiores a las atómicas.  ¿Cómo se podría manipular esa dimensión en un experimento casero?
–Esa respuesta la tienes que dar tú, que eres el genio, le dije y me despedí dejándolo perplejo.

De todos modos, quedó muy pensativo y una noche me llamó a contarme que ya tenía una hipótesis para buscar la “destorcida”: se debería inducir momento angular (o sea un giro) independiente a cada uno de los múltiples componentes del objeto; pero, ¿cómo llegar hasta el nivel atómico para imprimir ese giro a cada una de innumerables partículas que lo componen?  No encontraba una solución práctica.

Otro día me llamó emocionado: ¡lo voy encontrando!  Y me hizo ir de inmediato a su casa.  Lo sorprendí jugando con un trompo.

–¿Qué haces con ese juguete?
–Esto es un giróscopo.
–Ya lo veo.  ¿Y cómo se liga a la necesidad de imprimir giro a todas las partículas?
–En este momento están girando todas las partículas del trompo.
–Pero no lo veo desaparecer…
–¡Paciencia!  Solo se trata de encontrar el momentum natural, así como el caso de la frecuencia natural en el famoso caso del puente de Tacoma.  Ahora mismo, muchas de las partículas están haciendo un esfuerzo por mover este objeto en la quinta dimensión.  Ese es el secreto (acabo de descubrirlo) por el que los giróscopos son estables; se explica como conservación del momento angular; pero no nos explican por qué se conserva este: es porque el objeto no solo se mueve en las tres dimensiones espaciales, sino que también se fija en la quinta; por eso resiste que lo movamos de su eje, porque lo tiene bien anclado en la quinta.
–Y ¿entonces?
–¿No caes?  ¿Se te está oxidando la mente?  Hay que hallar el momento angular “natural” dominante, para poder mover la mayoría de las partículas en la quinta dimensión a través de las otras cuatro; que arrastren consigo a las partículas restantes y así hacer “desaparecer”  el objeto de un lugar y “aparecer” en otro.

Albricia tras albricia: a las tres semanas me llamó emocionado a invitarme a tomar un café en su casa; yo sospeché que me expondría a una nueva elaboración extensa de su teoría, pero me pasmó con una demostración en real: 

–Mira esta alcancía; está vacía, examínala muy bien.  Ahora la pongo sobre la mesa. 
–¿Estás aprendiendo truquitos de magia?
–Ponle seriedad.  Es mi primer experimento con la quinta dimensión.
–Bien, me concentraré.
–Ahora, coloco esta moneda, sobre este soporte y lo hago girar.

Accionó una manivela ligada a un juego de ruedas que hacía girar el soporte, hasta que adquirió determinada velocidad marcada por un tacómetro; de repente, la moneda desapareció ante mis ojos.  Entonces, mi primo agitó la alcancía, antes vacía, y se escuchó el tintineo metálico.  ¡La moneda había entrado sin pasar por la ranura!

–¡Eso parece de fantasía!  ¿Cómo lo lograste?
–Tuve que hacer muchos ensayos para encontrar la velocidad de giro “natural” de la mayoría de las partículas de la moneda; a esta velocidad, las partículas se escaparían a la quinta dimensión y arrastrarían consigo a las pocas que no respondían al momentum mayoritario, y así ocurrió.
–Y por fin lograste que la monedita se “volara” hacia la quinta.  Pero ¿cómo sabe ella a dónde se tiene que dirigir?
–Elemental.  Para dirigir la moneda hacia el lugar escogido, se le da un pequeño golpe que la impulse en esa dirección, cuidando que sea en el instante exacto en que el objeto alcance su momentum propio; para eso, puse una pequeña palanca que se acciona automáticamente cuando el tacómetro llega al valor predeterminado.
–Has realizado una proeza, primo.  ¿Cuándo vas a hacer público tu descubrimiento?
–Cuando logre transportar objetos más complejos, quizá seres vivos.

No pude convencerlo de que debería hacer la publicación científica y patentar el método antes de que alguien se le adelantara; le dije que recordara que muchos inventos importantes fueron realizados en forma simultánea en lugares distantes.  Insistió en dar un paso más.  Se quería enfrentar al reto de lograr que un cuerpo tan complejo como el de un ser vivo viajara por la quinta dimensión.

Me planteó que identificando en tal cuerpo una multitud de porciones homogéneas y aplicándoles en forma individual, pero simultánea, las fuerzas que fueron exitosas con la moneda se lograría la hazaña.  Me horrorizaba pensar en animalitos despedazados, por los muy probables desajustes en los manejos parciales, pero por fin su grupo de confidentes a quienes nos había revelado la investigación lo convencimos de hacerlo primero con un pequeño insecto, a la manera de la famosa película La Mosca o, mejor aun, con una plantica.

Cuando, después de dos años, logró transportar una plantica de frijol recién brotada, pasó a ensayar con moscas; durante meses lo que lograba era trasladar dos patas y un ala, o cabeza y patas, pero cuando tuvo éxito con la primera mosca completa que quedó con vida…

–Ahora Peluchín pasará a la historia.  (Peluchín era su perrito).
–¡Ni te atrevas!
–El experimento ya es completamente seguro.  No hay nada qué temer.
–Te han ensorbecido tus éxitos.  Falta mucho para lograrlo con seres tan complejos.  Publica tu investigación, que ya nadie te quitará tus méritos; antes bien, hallarás colaboradores en la comunidad científica, para llegar un día a transportarte hasta tú mismo.

Se empeñó en experimentar con el perrito.  Por fortuna, no se destrozó el animal, que no se transportó a ninguna parte; tampoco pereció; solo fue muy difícil recuperarlo del terrible mareo inducido.  Ricardo no quiso continuar sus ensayos y también se negó a publicar; quedó más encariñado que antes con su mascota y se dedicó a otros experimentos.


lunes, 14 de octubre de 2019

TRIÁNGULO DE CUATRO LADOS
Relato


Claudio José y Miryam Brigitte esperan a Carlos Enrique, primo de aquel, que viene de la costa y no conoce nada del interior.  Los esposos, entusiasmados con la visita, arriendan un vehículo para tener buena facilidad de movimiento en los paseos que harán con el primo.  Han vendido su carro días antes y todavía no han concretado nueva compra.  De venida del aeropuerto, este muestra admiración por el paisaje agreste y montañoso, novedoso para él.

La primera salida del programa es a la región lechera, montañosa; no tan agreste, pero de paisajes de encanto.  Los verdes y tersos pastos y el hermoso ganado fascinan a Carlos Enrique y, para las fotos, siempre prefiere estar con ella, abrazándola, disculpándose en el frío propio de la zona.  Cuando ingresan a un pequeño negocio a tomar leche caliente con dulces autóctonos, también se le pega a Miryam Brigitte tiritando (simulando tiritar) de frío.

La segunda salida es a una ciudad histórica, la más antigua de la región, situada en un cañón caluroso.  Las horas de sol más fuerte las pasan en una piscina; el primo se deshace en expresiones de admiración por Miryam Brigitte cuando la ve salir con su sensual bikini y no pierde oportunidad para estar muy pegadito a ella.  Se “disculpa” con el primo alegando que es cariño “familiar”.

El día siguiente se celebra una fiesta importante y ellos se van a gozarla  en un club de la ciudad.  A Claudio lo embriagan muy pronto los tragos y Carlos Enrique aprovecha para bailar a su gusto con la “prima”. Claudio amanece con fortísima resaca y el dolor de cabeza no lo deja mover.  Ellos le dan una droga fuerte, lo dejan al oscuro con una bolsa de hielo y salen a “dar una vuelta, para que descanse con plena paz”.  Él se compone al medio día; los espera, pero al fin tiene que almorzar solo; llegan a las 5 de la tarde muy alegres; dicen que lo están al verlo recuperado y tan animado.  Él está realmente desanimado, por el comportamiento de su mujer.  Carlos Enrique está gozoso del triángulo que ha logrado formar.

Ahora el programa es pasar tres días en un hotel vacacional reservado con anticipación.  La primera noche allí, Carlos Enrique encuentra a una antigua amiga, Carolina, está muy efusivo con ella y le dedica un largo rato.  Miryam Brigitte se comporta extrañamente al día siguiente y Carlos Enrique no sabe qué hacer para contentarla.  En fin, para la tarde hay una propuesta de excursión organizada por el hotel, pero Claudio José quiere quedarse descansando, porque nadaron intensamente por la mañana en la piscina del lugar, y les sugiere que se vayan ellos dos.  Miryam Brigitte no disimula su satisfacción; Carlos Enrique sí disimula, pero se le nota que está disimulando.  Regresan muy animados a la hora de la comida y ahora ella se manifiesta muy amorosa con su esposo.

El día del regreso a la ciudad, los tres van silenciosos, digamos que cansados.  En casa, se van a la cama temprano.  Miryam Brigitte sigue con sus retozos para ganarse a Claudio José y este cae.  El día después, de recorrido por la ciudad, el primo está muy a gusto con los sitios interesantes que le muestran; con la comida típica en el restaurante; compra recordatorios para llevar; Miryam Brigitte se perturba con un bello juego de collar y pulsera que él adquiere para su novia.  Saliendo de estas compras, se encuentran (¿casualmente?) con la amiga de Carlos Enrique, quien se pone muy melosa con él, durante la andanza de todos juntos.  En un disimulo, esta mujer alerta a Claudio sobre la cercanía entre los otros dos.  Andan el resto del día con ella y Miryam Brigitte se muestra sombría.

Por la noche, esta se pone nuevamente muy amorosa con su esposo y a él se le disipan las dudas sembradas por la otra.  Entre tanto, Carlos Enrique sale a encontrarse con Carolina, andan un buen rato por lugares de esparcimiento y la trae a media noche a su habitación, sin que sus primos se enteren.  Apenas saliendo el sol, se apura a acompañarla hasta su hospedaje, antes de que los primos despierten.

El último día viajan a un pueblo turístico.  Volteando allí, se presenta una falla en el automóvil.  Claudio debe quedarse en el taller esperando autorización de la agencia y supervisando el trabajo.  Los otros dos no disimulan el aburrimiento y él los manda a recorrer el pueblo, muy contra su propia voluntad.  Al rato, sale a tomar un refresco y se sorprende al encontrar allí a Carolina, la amiga de Carlos Enrique.  Manda al carajo la supervisión del vehículo y se van a un  bar.  Se enteran de que el segundo piso está en servicio para encuentros amorosos, la muchacha se lo insinúa con insistencia y terminan yéndose allí.  Pasan un rato muy exquisito, en el que Claudio siente un gusto morboso por la venganza que está tomando; salen abrazados pero, nada más salir, entran Miryam Brigitte y Carlos Enrique; por poco, no se vieron ambas parejas.  Claudio lleva a Carolina a un “encuentro que tiene con amigos” y va a esperar a la otra parejita en el taller.

El regreso es tensionante.  Claudio José no le habla a Miryam Brigitte, que va adelante con él; Carlos Enrique va más silencioso que una tumba; ella igual, pero intenta disimular acariciándole a Claudio el brazo derecho; este no se deja.  Toda la noche, él tiene sentimientos encontrados: se refocila en el dulce encuentro de la tarde y considera que ha sido sido buena compensación por las jugadas de Miryam Brigitte; pero también piensa en los buenos años que ha pasado con esta y alberga la esperanza de que, ausentado el intruso, todo vuelva a su curso normal.

En el acompañamiento a Carlos Enrique al aeropuerto, les toca una larga espera, mas el primo les pide que se queden hasta que lo llamen a sala.  Claudio José entra al baño al tiempo que Miryam Brigitte entra al suyo.  Esta encuentra allí a Carolina; donde coinciden dos mujeres hay conversación; Carolina, morbosamente, vuelve a sembrar dudas en la pareja, insinuándole a Miryam que si se hubiera encontrado a Claudio la tarde del taller, se habría llevado directo al hotel a ese “papazote”, dicho en unos términos que le darían a entender que ese encuentro sí se realizó.  Para sacarse la espina, Miryam Brigitte le relata todas las que ha hecho con el Carlos Enrique y sale aliviada del lugar; lo que no sabe es que, por razones arquitectónicas más el alto tono de voz de ambas, Claudio escuchó todo el diálogo desde el otro lado de la pared de separación de los baños.

Y así se cierra el triángulo de cuatro lados.

martes, 8 de octubre de 2019

Más de "Light in August"
William Faulkner

Presento algunos pasajes de la obra, sin intención de hacer un resumen o una crítica.  Solo son, así como en otras obras que he tocado en este blog, trozos que me llamaron la atención, por su belleza o por algún significado que muy subjetivamente les atribuyo.



En Jefferson.


El conductor de la diligencia le señala desde lejos la ciudad y dos columnas de humo que salen de ella.

Following his pointing whip, she sees two columns of smoke: the one the heavy density of burning coal above a tall stack, the other a tall yellow column standing apparently from among a clump of trees some distance beyond the town.  “That’s a house burning,” the driver says.  “See?”
But she in turn again does not seem to be listening, to hear.  “My, my,” she says; “here I aint been on the road but four weeks, and now I am in Jefferson already…”

Mirando a donde apunta el látigo, ella ve dos columnas de humo:  una, el espeso de la combustión de carbón que sale de una chimenea; la otra, una alta columna amarilla que parece erguirse desde entre unos árboles algo más allá del pueblo.  “Es una casa ardiendo”, dice el cochero.  “La ve?”.  Pero ella, una vez más, no parece estar oyendo, no escucha.  “No puedo creerlo”, dice; “no puede ser que después de cuatro semanas viajando ya me encuentre en Jefferson…”



Conversación con Byron.

Después de mucho averiguarle por Lucas, este cargador del aserrío se interesa en su caso y entablan conversación.
He shows her the yellow pillar of smoke standing tall and windless above the trees.“We could see it from the wagon before we got to town,” she says.  “It’s a right big fire."   “It’s a right big old house.  It’s been there a long time.  Dont nobody live in it but one lady, by herself.  I reckon there are folks in this town will call it a judgment on her, even now."
Él le muestra la columna amarilla de humo, alta y recta, sobre los árboles.
“La vimos desde el coche, antes de llegar”, dice ella.  “Es un incendio verdaderamente grande”.
“Es una casa verdaderamente vieja.  Ha estado allí mucho tiempo.  Allí no vive sino una dama sola.  Supongo que muchos en este pueblo van a decir que es un castigo, aún hoy en día".

Le dice que solo dos hombres pueden estar ayudándole a la dama, despreciada por todos.

“Two fellows named Joe that live out that way somewhere.  Joe Christmas and Joe Brown.”… “Is his partner named Joe too?” “Yes ma’am.  Joe Brown.  But I reckon that may be his right name.”She is watching him.  Her face is still serene, but now it is quite grave, her eyes quite grave and quite intent.…“And he says his name is Brown.”…“Oh.  Brown.  Yes.  Tall, young.  Dark complected; womenfolks calls him handsome, a right smart do, I hear tell.  A big hand for laughing and frolicking and playing jokes on folks.  But I…”. His voice ceases.  He cannot look at her, feeling her steady, sober gaze upon his face. “Joe Brown,” she says.  “Has he got a little white scar right here by his mouth?” And he cannot look at her, and he sits there on the stacked lumber when it is too late, and he could had bitten his tongue in two.
Dos camaradas llamados Joe que viven en algún lugar por aquel lado.  Joe Christmas y Joe Brown”.
… “¿Se llama también Joe su amigo?”
“Sí, ‘ñora.  Joe Brown.  Pero se me hace que sí es su verdadero nombre”.
Ella lo está observando.  Todavía con mirada tranquila, pero ahora muy seria, con ojos muy severos e intensos.
…”Y él dice que su apellido es Brown”.
…”Oh, Brown.  Sí.  Alto, joven.  De tez oscura; las mujeres dicen que es apuesto, con razón; lo oigo decir.  Siempre listo a reír y bromear y hacerle chistes a la gente.  Pero yo…”.  Deja de hablar.  No es capaz de mirarla, porque siente su firme y severa mirada sobre su cara.
“Joe Brown”, dice ella.  “¿Tiene una pequeña cicatriz blanca aquí junto a la boca?”
Y él no es capaz de mirarla, y sigue sentado ahí sobre la pila de troncos aunque es tarde, porque debería haberse mordido la lengua.

Traducción libre, con base en mi percepción de lo leído.

Se aceptan observaciones y discusiones.



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