martes, 16 de abril de 2019

YOVANY ALQUILA-TODO
Relato


El nombre de Yovany Esthiven (sic) delata su origen humilde; vive en uno de esos lejanos barrios de bajo estrato, donde los padres dan a los bebés nombres extranjeros que los seducen por su sonoridad y, además, siempre compuestos, en unas combinaciones bastante llamativas, y registrados con la más atrevida ortografía.

El muchacho tiene una bicicleta vieja y desalineada, pero le saca provecho
alquilándola a sus vecinitos, a quienes la vida les ha negado el gusto de poseer una. Ahorra el dinero para comprarse una bicicleta nueva, hasta que por fin lo logra. Entonces, se desplaza todos los días a otro barrio de la ciudad, donde la alquila a universitarios que deberían llegar caminando hasta su institución o a chicos, chicas, en disfrute de exquisito ocio, que quieren darse una vueltecita.

Un terrible día, la ciudad establece el sistema de bicicletas en préstamo, denominado Con-Cicla, que tiene amplia cobertura y nuestro querido amigo se queda sin clientela. Echando cabeza sobre algún otro objeto que sirva para el disfrute de la gente, se le ocurre hablar con un conocido suyo que trabaja con imagen y sonido para que le reproduzca copias de películas exitosas y hace negocio alquilándolas, pero le dura poco tiempo la dicha, pues se generaliza la
venta de copias piratas a muy bajo precio y además entra el negocio del streaming.

Dentro del nuevo ocio forzoso, se va un domingo a quemar tiempo en un parque
natural cercano, donde nota que muchas personas sufren con el castigo del sol por haber olvidado traerse una gorra. Monta entonces el lucrativo negocio de alquiler de gorras a los paseantes, en que no se dan pérdidas de inventario porque la generalidad de las personas hacen de buena gana la devolución y porque, además, el parque tiene una entrada y salida única, por teleférico, y al chico le es fácil quedarse allí esperando el retorno del público.

El negocio es lucrativo solo los fines de semana, pero en los días laborales tiene
Yovany Esthiven otra fuente de ingresos: en eventos masivos, en estadios y coliseos, que siempre hay dos o tres en la semana, alquila prácticos cojines para evitar el sufrimiento de las nobles partes traseras condenadas al pavimento. Aquí tiene que esmerarse más en la recuperación; tiene que recorrer las graderías cuando faltan pocos minutos para la terminación del espectáculo, pero
no se le pierden muchos cojincitos.

Nuevamente se le esfuma la clientela al muchacho cuando a la gran compañía
aseguradora se le ocurre la fabulosa idea de distribuir gratuitamente gorras, viseras y cojines en las entradas de sitios de afluencia pública, con el lema “Esto te asegura contra incomodidad y lesiones. Nosotros te aseguramos contra muchas otras amenazas”.

No se da por vencido; “estos tontos no piensan en riesgos más importantes; no
regalan bastones”; y se planta en un andén de la avenida más caótica de la ciudad con un tarro lleno de bastones. ¿Qué será su locura? Cuando llegan personas temerosas de cruzar, las convence de usar el bastón (“por una suma ridícula”) para que los conductores les den paso, y que le dejen el bordón tirado al otro lado, que ya él lo recogerá. Por supuesto que le sirve de perlas el caos del tráfico de la desorganizada ciudad, donde no hay semáforos peatonales y los
escasos pasos de cebra no son respetados por los alocados conductores; solo los minusválidos despiertan alguna mínima consideración.

Empiezan a proliferar los semáforos para peatones y para ciegos y los pasos de cebra y el muchacho ve menguar rápidamente sus ingresos. Por casualidad, se encuentra un vestido de hombre en un depósito de reciclaje y se lo lleva a casa; le pide a su mamá que lo limpie bien y se va a ofrecérselo a su amigo John Jairo, quien debe ir a una entrevista de trabajo. Este le dice que no se lo puede comprar, que se lo alquile; transan un precio, John Jairo sale bien librado en su
entrevista y Yovany Esthiven recupera el traje que, tras una fácil cepillada, queda en condicionesde servicio y al día siguiente se va a ofrecerlo por el barrio. 

Se lo toma Rigoberto después de un forcejeo, pues el muchacho teme que este maloso no le pague y, además, se le quede con él. Alguna promesa convincente le hizo Rigoberto para que se lo dejara llevar y, muy cumplidamente, se lo retornó al día siguiente. Al preguntarle para que necesitaba un “cachaco”
de noche, le respondió que de esta manera hacía más fácil su “trabajo”, porque bien vestido no inspiraba desconfianza; que lo iba a seguir necesitando todas las noches.

Pero al día siguiente realizaron una batida policial en la cuadra; parecía que venían por Rigoberto y este le rogó al chico que lo escondiera; tras unos segundos de reflexión, se lo llevó a un lote donde había unas ruinas de una vieja construcción y lo condujo a través de un túnel que los llevó a una gruta
recóndita, donde le aconsejó quedarse hasta que volviera por él.

Al cabo de un par de horas, los “tombos” tuvieron que desistir de la búsqueda y
Yovany Esthiven, después de este exitazo, montó la nueva “línea” de escondites para los muchachos en aprietos con la ley. Daba cobijo a los que eran perseguidos por distribuir marihuana, por raponazos, por entrarse a casas ajenas… Recaudaba buen dinero, pero también le fue creciendo la cartera morosa. Un día, uno de los morosos le trajo a su hermanita como prenda de garantía; “puedes pasar un buen rato con ella – yo ya le di instrucciones”. No fue capaz de respetar, Yovany; ya metido en la senda de lo indebido, se aprovechó de la chica; claro que empezó con suavidad, pero solo por conseguir acceso con más facilidad. El “programa” no le disgustó a ella; parecía que ya había hecho algunos pinitos en esas actividades.

Antes de dejar ir a la muchacha, le indagó por sus amiguitas; le preguntó si ellas también podían “colaborar” de la misma manera que ella y si eran “bien bonitas, como tú”. Se comprometió a presentarle algunas el día siguiente y Yovany se quedó frotándose las manos; ya estaba concibiendo los detalles de una nueva “empresa”.

Una vez conocidas las candidatas y habiéndolas convencido de su plan, consiguió un par de camastros y los llevó a dos de los escondites; los cubrió con unos buenos tendidos y dotó los sitios con otros elementos necesarios para el tipo de encuentros que propiciaría allí. Muy pronto empezó a conseguir la clientela entre todos los malandrines que componían su círculo de conocidos, a quienes les hacía el cobro por adelantado y así no perdía un solo peso, como sí había estado perdiendo en la ocupación original de los escondites.

El chico que empezó alquilando bicicletas terminó “alquilando compañías”, lo que veía como un negocio muy normal, dentro de la escala de valores que se fue autoconstruyendo, sin la orientación de unos padres que lo descuidaron, la guía de unos maestros que no lo trataron como ser humano, las pautas de una sociedad diluida en el facilismo y el afán de lucro.




Carlos Jaime Noreña
ocurr-cj.blogspot.com
cjnorena@gmail.com

lunes, 8 de abril de 2019


ADRIANA SABE CÓMO ES LA COSA
Relato


Adriana ha presentado dos renuncias:  Acaba de anunciar su retiro de la empresa donde lleva tres años como asesora profesional en auditoría; ha tomado esta decisión porque el gerente la tiene amenazada de revelar un secreto amoroso suyo, en retaliación porque ella le renunció al equipo profesional de basket ball que él también dirige.  Esta otra renuncia se motivó en que le descubrió al hombre sucios acosos pasionales a jugadoras compañeras suyas.

Con esto, la chica queda en la calle, en medio del actual marasmo económico nacional y el alto desempleo profesional; pero ella pone por delante su integridad personal y su sentido de la justicia y no se alarma, porque está segura de que, con sus capacidades y su arrojo, pronto encontrará buenas oportunidades. 

Es larga la historia de sus encontrones con la mediocridad, la falsedad, la imposición y la corrupción.  Durante la secundaria la preocupaba la mala calidad de muchos profesores.   Acusó a uno que los ponía a hacer tonterías toda la hora y a otro que inventaba datos cuando ignoraba algún tema y por poco la expulsan del colegio.  Además, en el equipo de basket ball, el entrenador, amigo de uno de los profesores de marras, se la puso difícil.  En la premiación final del décimo grado, no la tomaron en cuenta para el otorgamiento de reconocimientos, a pesar de que era una de las más destacadas de su grupo.

En el último grado, ingresó a jugar a la liga departamental.  Allí, pronto descubrió  que los pequeños auxilios concedidos para uniformes y balones se utilizaban para pagar comilonas de los directivos y se retiró decepcionada.  

Terminando bachillerato, eligió una universidad de la capital por el prestigio de los egresados de su carrera preferida.  Su padre se quiso oponer…

–No te me vas.  Esa ciudad es la perdición; allá te corrompen.
–Es que no tengo personalidad?
–Amparo Grajales tiene mucha personalidad y es una p…
–¡Qué descaro!  No califiques así a las personas que salen adelante con lo suyo.

Ganó el pulso la muchacha, pero el viejo la sometió a estrechez económica.  En la universidad, pudo volver a su deporte y no vio indicios de malos manejos.   Pero en algún momento volvió a tener motivos de inquietud con los profesores.  El de Estadística venía como cada dos semanas a clase;  les asignaba trabajos fáciles, para que todos ganaran y no lo acusaran.  El de Costos, un conquistador; unas le ganaban porque lo complacían; ella, muy buena estudiante, no tenía que prestarle atención al tipo ese.  En cambio, consiguió limpiamente una monitoría en otro curso, que le ayudaba a cubrir algunos gastos.

Comentando con los compañeros sobre aquellos docentes, fue invitada a unas reuniones donde supuestamente se trataría el asunto.  Allí, Eutimio y sus fieles seguidores empezaron a llenarle la cabeza con que los profesores burgueses contribuían a la reproducción del modelo dominante; la universidad como aparato ideológico; la necesaria unión de los explotados para derrumbar el sistema…

No tardó Eutimio en empezar a acosarla; ante sus rechazos…

–Tienes que despojarte de esa moral burguesa.
–Usted solo quiere despojarme de la ropa.  A mí no me vuelva a molestar.
–Todavía te falta mucha cartilla, hijita-de-papi.

En una ocasión  lo pilló robando de los fondos comunes del grupo; resolvió, entonces, no regresar al adoctrinamiento y el pelafustán no se atrevió a presionarla; por fin la dejó en paz.

Le tocó buscar trabajo por horas, pues su padre le reducía cada vez más los aportes.  En una entidad estatal le dieron un empleo, con el compromiso de pasar una cuota quincenal a un funcionario “para gastos del directorio”.  Soportó esto porque necesitaba dinero, pero estuvo haciendo denuncias soterradas.  Cuando finalmente fueron sancionados dos de los corruptos, juraron tomar desquite de la denunciante, cuyo nombre adivinaban a través de ciertos indicios.

Para su trabajo de grado, se buscó un director que tuviera excelente formación académica y una buena práctica empresarial.  El asesor del trabajo, doctor Peñaranda, se lo asignaron en la universidad y le gustó mucho por su experiencia.  Apenas comenzando, el director le hizo orientar su trabajo a la solución de cierto problema que parecía muy retador, pero descubrió, un tiempo después, que se trataba de uno específico de su empresa.  Por su parte, el asesor empezó con sus mañas; muy abrazador, muy tocador…  hasta que lo enfrentó y él descaradamente le propuso directamente que saliera con él, si no quería un mal informe.  Con un portazo lo dejó plantado; a la semana siguiente el bandido pidió cambio.

Recién graduada, la llamaron de un equipo profesional; buen dilema se le presentó: trabajar o jugar por un salario pírrico…  Un poco por desespero al no encontrar empleo, un mucho por su pasión por el deporte, decidió aceptar la propuesta del equipo y comenzó a disfrutarlo bastante.  Poco después, Gonzalo Vargas, el subdirector deportivo, le ofreció asesoría en auditoría por honorarios en una empresa que gerenciaba.  Le mejoró la vida, pudo alquilarse un pequeño apartamento y darse algunos gustos.  Poco a poco, el gerente le fue haciendo extrañas sugerencias…

–No pongas tantas objeciones a los movimientos de cartera; el jefe de ese departamento es un viejo muy experimentado y sabe cómo hace las cosas.
–OK.  (Se extraña mucho la chica, pero tiene que obedecer).
–No vigiles las cuentas por pagar de más de 90 días; yo sé por qué las dejo envejecer.
–Como diga, señor.  (Entra en estado de alerta).

Unas semanas después, estalló un escándalo en el equipo, de acoso sexual del director a uno de los auxiliares, un muchacho bonito y débil; después de la destitución, fue ascendido el subdirector Vargas y Adriana lo felicitó efusivamente.  Pero no había pasado un mes cuando ella se enteró de que él estaba enamorando a dos de las jugadoras y dándoles ciertas preferencias a cambio de sus “favores”.  Lo confrontó entonces; el hombre la amenazó con no incluirla en la titular del campeonato por iniciarse; ella le presentó renuncia.

En la empresa, el lunes siguiente, fue llamada a gerencia.  El Vargas fue al grano de inmediato.

–El doctor Peñaranda, miembro de nuestra junta directiva me ha hablado de tí.  No le gustas.
–¿Él qué puede tener conmigo?  (Palideciendo).
–Lo ignoro.  Quiere que te reemplacemos, pero te propongo un negocio: cállate algo que sabes del equipo y yo te protejo de Peñaranda.
–No le temo a usted ni a ese acosador.  Creo que ya me decidí a formular cierta denuncia que me tenía vacilante.
—Oye linda, yo puedo hacer saber de tu novio y tu familia detalles interesantes de  aquella situación en que te encontré hace poco en la oficina con uno de los de sistemas.

El hecho es que a la chica le fascinaba uno de los analistas, quien parecía no prestarle atención; pero un día él se le presentó en su oficina, muy sugerente; ella le aceptó conversación, piropos, insinuaciones; no fue capaz de evitar que el asunto pasara a unas acciones algo calientes y los sorprendió Vargas, que había llegado a buscarla en su puesto de trabajo para algo urgente.

–Cuente lo que quiera y tenga ya mi renuncia.  No tengo miedo.

Carlos Jaime Noreña
ocurr-cj.blogspot.com
cjnorena@gmail.com

jueves, 21 de marzo de 2019


APROVECHO LA EVENTUALIDAD

Leyendo en español un cuento traducido de un autor norteamericano, en el momento de llegarle a un hombre una hamburguesa que pidió, dice:
“Eventualmente llegó su comida y comió”.

Es muy frecuente el uso de la palabra “eventualmente”, no solo en traducciones, con el sentido de que se llega el momento de algo, lo que no es correcto.

En español, eventual significa, según el DLE, “sujeto a cualquier evento o contingencia” y eventualmente significa “incierta o casualmente”.
La hamburguesa no le va a llegar el señor casualmente o con incertidumbre, porque la pidió y la están preparando para él.

La confusión viene de que, en lengua inglesa, “eventual” significa “ocurring or resulting in due course of time”, es decir que sucede en el momento adecuado.

La traducción correcta sería algo como “Por fin llegó su comida y comió”.

Y al comienzo de esta nota pude haber dicho, de forma completamente correcta, "Leyendo eventualmente un cuento..."




miércoles, 6 de marzo de 2019

ARMANDO, BUEN MUCHACHO, DESPUÉS DE TODO
Relato


Son las diez de la noche.  Armando viene de fumarse un “cacho” con sus amigos del barrio.  Está envuelto en una sensación de placidez y piensa que ahora sí, relajado, puede estudiar.  Al entrar a casa, lo mira su mamá con desconsuelo, pero él le da un beso y sube a su cuarto; la quiere mucho.  Ahora viene el deber; se siente en buena disposición para estudiar, porque nunca se excede en las fumadas; nunca se embota, no pierde el sentido de las proporciones, sólo se alegra un poco.   Él desea estudiar, pero es que no le gusta la química; la deja a un lado, acabándola de tomar; piensa que tal vez sí tiene cabeza esta noche para la filosofía; se encuentra con los mismos discursos farragosos.  Mejor será ver la TV mientras llega el sueño.

Su grupito en el colegio es variado: solo dos la fuman, otro es un conquistador, otro más juega muy bien el fútbol y por último está el juicioso; no se le conocen vicios, deportes, novias, no va al cine, no sale a bailar; le dicen el “pilo”; pero cuando los matones lo molestan, el combito lo defiende.  Claro que se deleitan molestándolo por la falta de novia, porque no fuma ni toma, porque no sale con ellos; también se gozan entre ellos: se ríen de la nariz de la amiguita de Orlando, de las trabas de Armando, de la pésima puntería de Luis Emilio en el fútbol.  Un día, sus compañeros del curso les piden acompañarlos en un paseo que han programado para el fin semana.  Aceptado irrevocablemente.

Por la noche, va Armando camino a su esquina y se cruza con Anabel.  Le pica un ojo, ella sonríe pero trata de esquivarlo; la sigue, ella se deja alcanzar y se sientan en un muro a conversar.  Sin fumar, porque ella es sana y él respetuoso, hablan todo lo mal que se quiera de sus profesores y profesoras; este es un tirano en clase pero lo domina la esposa; aquella no sabe nada de Física; la de Música es muy coqueta, se rumora que persigue a Juan y a Felipe; el de Cálculo se emborracha todas las tardes en la tienda de la esquina y lanza dinero al aire…  También comentan sobre sus grupos musicales favoritos y descubren que ambos están ahorrando para comprar entradas al gran concierto que habrá dos meses después.  Le pregunta si va a ir con el novio; ella le dice “yo no tengo de eso; estorban, nada más”.  Acuerdan asistir juntos.  Él llega a casa animado esa noche.

Los viernes, Armando ayuda en el bar de un amigo.  Tiene que hacer de todo: lavar vajilla, barrer, limpiar el polvo y atender las mesas.  Las propinas dan lástima; él asegura que la clientela del negocio son los más pobres de la ciudad.  Y como es tan “pinta”, no le faltan propuestas de mujeres, al descuido de sus novios, que sabe rechazar muy diplomáticamente…  Y también uno que otro viejo lo mira morbosamente y le pide el WhatsApp “para que charlemos”; él les da números equivocados.

Se llega el día del paseo, a un sereno río que se abre en un amplio charco, al pie de un bosquecillo.  En un momento de quietud, después de muchos juegos y correteos, aprovecha el muchacho para fumarse un porrito con una chica que ya ha aspirado antes con él, cómodamente recostados en una pequeña pendiente y amenizados por el canto de los pájaros; están para terminar y casi se les pasa el embeleso al percibir que los ha visto un agente de policía, de ronda  allí cerca, quien amaga a venir hacia ellos.   Huyen ágilmente, cruzan por un vado y se internan en lo boscoso, donde buscan un sitio para estar bien camuflados.  En el escondite, aprovecha para tomarse sus confiancitas con la muchacha.  Ella lo deja llegar hasta cierto punto y lo frena.  Se oyen los pitos del conductor, hora de salida, y no puede avanzar Armando en el difícil terreno que conquistaba. 

Llega a las seis y media de la tarde y se va directo, en medio del naranja púrpura de esa hora, a buscar a Anabel, quien se deja invitar al parque del barrio.  Le cuenta del paseo (solo lo que se puede confesar); intercambian miedos respecto a los exámenes que se aproximan y se ríen nerviosamente de las caras que harán sus padres cuando les lleven las calificaciones.  El chico se decide por fin a mentirle que estuvo todo el día ansioso por verla, para no revelarle que quiere concluir con ella lo que no le dejó hacer la otra.  Ella le pone, a la luz de la luna llena, una de esas caritas que significan “no te lo creo de a mucho, pero aquí estoy, a ver qué pasa”.  Él se desinhibe, pero después de unos besos y manipulaciones lo detiene y le huye para casa.  Armando llega al baño de su hogar a aliviar esos impulsos con la mano.

Se llega el lunes y, con él, la terrorífica semana de exámenes.  En los descansos, a diario, se ven caras largas, escenas de desconsuelo.  Cerca del final de la semana, se empiezan a escuchar, entremezclados, llanto y gritos de júbilo.  Armando está satisfecho, no perdió un solo examen; pero las notas no fueron como para mostrar con orgullo.  De repente hay alboroto en el patio de descanso; el “pilo” ha cometido el error de humillar con sus excelentes resultados a un ogro matón y este, junto con sus compinches, lo están “castigando” por engreído.  Armando se les enfrenta para defender al chico, quien logra escapar cojeando y con un ojo morado. Armando sale en iguales condiciones.  Los malandrines le dicen que ya las pagará por su obra de caridad.

Empieza la época de inscripciones a universidades; nuestro chico se presenta a las dos más prestigiosas de la ciudad.  Anabel, que es muy buena estudiante, le dedica buenos ratos para prepararlo, pero nunca le da “entrada”.  Él no se preocupa mucho porque ya está progresando con Alexia.  Los compañeros le quieren meter miedo; con la universidad y con el supuesto novio de Alexia.  A una, no va a entrar nada fácil, porque hay miles de aspirantes y él no es nada destacado en el estudio; a la otra, no le va a “entrar" nada fácil porque no tiene aspirante sino novio “oficial” que es muy teso y él no se destaca en nada que la convenza de hacer el cambio.

Durante las vacaciones, el muchacho se emplea en un almacén.  Trabajo duro le toca, moviendo objetos pesados, limpiando los anaqueles y las mercancías, una por una, y haciendo algunas entregas.  Sale bastante cansado por la noche y tiene que caminar varias cuadras desde donde lo deja el bus, absorto en los reflejos de las luces vehiculares en el pavimento, como hipnotizado.  En una de esas, lo paran cuatro muchachos armados de navajas en una esquina y le piden entregar su dinero.  ¿Qué hacer?  Tiene su pago de quincena en el bolsillo.  Por suerte, alcanza a distinguir entre ellos a un vago de su barrio; se vale de la amistad superficial que tiene con él para transarlos por unas cuotas semanales y llega ileso y “caleto” a casa.

El día de la publicación de resultados, sale saltando alegre por la casa y por todo el vecindario;  “¡fui admitido a la U!”  Es la locura entre sus amigos y amigas; es el descanso para su mamacita, que no ha parado de rezar todos esos días; “tengo que rezar el doble –decía– porque este muchacho es un descreído”.  Al día siguiente, ¡qué sorpresa! el dueño del almacén lo llama aparte para premiarlo con unos cuantos billetes y por la tarde Alexia le regala un fugaz beso.

Para el fin de semana, organiza una celebración con sus amigos.  Tal vez por estar ocupado en los preparativos o tal vez por reservar para los gastos, no les pasa la cuota a los del combo.  En todo caso, la fiesta es retumbante, la alegría es general, todos “se alzan la bata”.  Saliendo de la rumba, a las cuatro de la mañana, lo están esperando los pillos, para cobrarle.  En el grupo, alcanza a distinguir a uno de los matones del colegio.  Lo insultan y empiezan a pegarle, él resiste y pelea, pero le puede la fuerza de cuatro.  Una puñalada entra certera y  queda tendido en el pavimento; los malandrines huyen mientras él se desangra; sus dos conocidos recriminan al autor del delito, porque “hasta ahí” no querían llegar; “qué importa; a lo hecho, pecho”.  Mucho rato después, Armando es descubierto sin vida por un transeúnte.

En las honras fúnebres, dos de los pillos, el medio amigo de Armando y su compañero matón del colegio, se aparecen con cara afligida, fingiendo sorpresa por el suceso, pero, en el fondo, dolor por su amigo.  Otro conocido de Armando, que sabe que ellos saben que él sabe más de lo necesario, les comenta lo lamentable de sucederle al chico esa desgracia en la noche en que estaba de fiesta por su admisión a la universidad.  Cínica, y al tiempo compungidamente, le dicen “de haberlo sabido, no lo habríamos esperado esa noche; además, eso no era lo que queríamos con él, pero se puso duro”.

Carlos Jaime Noreña

ocurr-cj.blogspot.com
cjnorena@gmail.com


jueves, 28 de febrero de 2019


CON ELLA SÍ ME ENTIENDO
Relato


Me presenté en una ventanilla de atención de aquella compañía para un reclamo y el funcionario me atendió descortesmente.

–¡Siempre traen esto incompleto!  ¿Dónde están los soportes?
–Vienen anexos.
–¡Así no se presenta una reclamación!  Cada soporte debe venir tras la hoja correspondiente.  Y estas copias están muy poco claras.  Vaya saque copias buenas y organice correctamente los documentos.  ¡¿Todo se los tiene que arreglar uno?!

Decidí salir del edificio para calmar mi enojo y entré a un cafecito.  Después de mí,  llegó una mujer muy bonita, le dijeron que no tenían cambio y ella iba a desistir del pedido.  Me dije que era la oportunidad para hacer contacto con una mujer tan agradable y le formulé invitación. Ella, agradecida, se sentó a mi mesa y conversamos animadamente.  Para evitar enfrentar al funcionario gruñón, resolví irme a hacer otra diligencia y me fui saboreando el recuerdo de la encantadora chica.  Al regresar, vi con disgusto que ya habían cerrado; tenían jornada continua.

Al día siguiente, me propuse llegar a primera hora; caminando hacia la oficina, me crucé con la muchacha, que me saludó con una radiante sonrisa y siguió hacia los servicios sanitarios femeninos.  Entré a tomar la ficha de atención y me senté a reanudar la lectura que siempre llevo conmigo para aprovechar los tiempos de espera.  Cuando llamaron mi número a la ventanilla 3 donde estaba el hosco funcionario de la víspera, vi que en la 4 atendía ni más ni menos que el encanto de mujer del café.  En un instante se me ocurrió una brillante solución; le dije al de la 3 que llamara al siguiente, que yo esperaría para pasar a la ventanilla 4.

–Con ella sí me entiendo –dije.
–No se puede alterar el orden de atención.
–Yo lo puedo atender, no hay inconveniente –intercedió ella, salvadora.

No solo de asuntos oficiales se habló en el tête à tête; algunas cosillas personales le pregunté, algunas picardías le dije.  Al terminar la gestión, ella me recomendó tomar nota de su número de móvil, por si se me presentaba alguna dificultad con el comprobante (guiñando un ojo).  Se llamaba Natalia.

Salí fascinado y ya planeando hacer una cita con la muchacha, cuando en el pasillo me saludó mi amigo Pascual, quien me dijo, señalándola, “es linda la novia de Camilo”.  Alicaído continué con mis vueltas del día y prácticamente la olvidé.  Pero llegó el anochecer, que es muy mal consejero, y me abrió una puertecita de esperanza: ¿Si no es verdad lo que me dijo Pascual?  O ¿si siendo verdad, va mal esa relación y están a punto de romper?  No voy a dejar de intentar un acercamiento.  Veinticuatro horas después me animé y la llamé.

–Ya se me presentó una dificultad, que tienes novio.
–Estás investigando mucho, ¿por qué no nos encontramos y lo averiguas en la fuente?

Para el encuentro del café, me puse perfume hasta en las rodillas.  Ella me gozó.  “¿Vienes a casarte?”  Me sonrojé, pero una vez roto el hielo conversamos sobre nuestras respectivas vidas y milagros.  Al hablar de compromisos sentimentales, aceptó que había un muchacho que la invitaba mucho pero no estaba en ningún plan con él; “de esos que nos salvan cuando estamos desprogramadas”. 

Salí animado a medias y resolví buscar a Pascual para indagarle más sobre ese supuesto noviazgo.

–Se ven mucho. Ella lo invita a todas partes.  Si estás en algún plan, ahí no tienes chance de nada.

Nuevo desinfle para mí, pero mis ganas de seguir con la chica me hicieron averiguar con otro amigo sobre la novia de Camilo.

–¿Valentina? No es bien bonita, pero muy simpática y buena deportista; se quieren mucho ese par de pichoncitos.

Volví a tomar impulso:  Si Camilo tiene dos novias, no le hago daño quitándole una.

Reanudé, pues, la conquista; fui muy bien recibido por la chica y comenzamos a salir juntos.  Después nos tomamos más confianza, los besos eran abundantes, las caricias excitantes. Un día que la recogí en el trabajo alcancé a escuchar que las compañeras decían “ahí va la conquistadora con su nuevo pretendiente”.  Me sentí un poco molesto, pero en poco rato me pasó, al calor de los mimos de Natalia.  Entramos a comer helado y apareció una amiga de ella, que desde la puerta la saludó efusivamente.

–Natalia Valentina, como estás de bonita, hace tiempo que no te veía.

En la charla entre los tres se reveló que las dos muchachas fueron compañeras en el equipo de basket ball  y estaban ahora, la una en natación y la otra en tenis.  Más tarde salí con mi chica para cine.  Acercándonos a la taquilla, ella pareció ver algo de repente; palideció, se echó hacia atrás y me propuso no entrar a esa película, irnos más bien a jugar bolos.  Yo, sospechoso, miré disimuladamente hacia las filas y reconocí a Camilo.  La llevé a bolos, pero no disfruté tanto del juego como las veces anteriores, porque me quedó un gusanillo en el cerebro, que no me dejaba en paz.

Después de dejarla en su casa, me fui a la mía muy perturbado con lo que estaba descubriendo, pues encajaban todas las piezas del rompecabezas: de nombre Natalia pero también Valentina y deportista; huyó para que Camilo no la viera en otra compañía; lo de “no es bien bonita” era, finalmente, una apreciación muy subjetiva del amigo aquel.

Me quedaba entonces por decidir si dejar de buscarla o dar la batalla.  Dormí muy mal esa noche.  A la mañana siguiente resolví desistir de todas mis intenciones con la picaflor.  Me dolió, pero lo logré y hoy estoy liberado.


Carlos Jaime Noreña
ocurr-cj.blogspot.com

cjnorena@gmail.com

miércoles, 13 de febrero de 2019

LA OFENSA
Relato
Presentado al taller Literautas en febrero de 2019


Cuando conoció a Ofelia, Ernesto quedó encantado.  Era una mujer 10; tenía un cuerpo perfecto, con las curvas más sensuales, bello rostro de diva, en el que resaltaban unos inmensos ojos verdes con largas pestañas y su caminado parecía una melodía puesta en movimiento.  No esperó para decirle unos románticos piropos al sacarla a bailar en aquella fiesta en que los presentaron.  Después se ofreció a llevarla a casa y en el trayecto hizo derroche de las atenciones más obsequiosas.

“Eres todo un galán”, le dijo ella con picardía al despedirse, y salió Ernesto pensativo hacia su apartamento.  Mas su preocupación no era porque le quedara duda alguna sobre el efecto de sus requiebros en el ánimo de la dama, sino que su mente matemática y verbal no le quiso dar descanso, buscando una correspondencia entre las letras de la afirmación de la chica y las de su propio nombre.  ¡Sí!  Un perfecto anagrama:  Si se permutaban los caracteres que componían su nombre completo, Ernesto Udo Galán, se formaba la oración “Eres todo un galán”.  Esto lo acabó de enamorar de la muchacha.

Nunca le contó a ella de este descubrimiento, pero sí del amor a primera vista que había nacido en él; logró convencerla de sus rectas intenciones y sostuvieron un cálido romance que no parecía tener fin.  Eran la envidia de todos, porque él no era ningún pintado en la pared; también tenía excelentes atributos físicos, a más de su inteligencia y buenos sentimientos.

Un día llegó Ricardo; un funcionario de la empresa en que trabajaba Ofelia, que fue trasladado a la ciudad.  Al conocer a su compañera de oficina, se prendó de la misma manera que Ernesto en su momento y la cortejaba, sin que la muchacha le prestara ninguna atención por lo pronto.  Antes bien, le comentó disgustada a su enamorado sobre ese “aparecido” que se daba mucha ínfulas.  Él le sugirió, como era de suponer, que no le prestara ninguna atención y que pidiera algún cambio que los alejara un poco.

El cambio se dio pronto, porque Nora Ofelia estaba aspirando a un ascenso y con este pasó a otro piso y a funciones que no tenían casi nada de relación con el “acosador”.  Mas el tipo se las ingeniaba para encontrarla en el ascensor y también se sentaba a su lado en las reuniones generales, pero cambió la táctica del asedio directo por la de simplemente dejarse ver, respirar su mismo aire; con esto le bastaba, mientras tanto.

Una circunstancia sirvió de catalizador para los ansiosos propósitos de Ricardo:  por orden superior, les tocó viajar juntos a la capital a unas gestiones que tendrían que realizar en compañía.  En el vuelo, sentados lado a lado, porque así lo buscó Ricardo, se produjeron fuertes turbulencias y Ofelia, que le tenía pánico a volar, se aferró a su compañero; él la acariciaba “inocentemente”, dizque para inducirle calma y terminaron tomados de la mano.

Los hechos se precipitaron; en el hotel pidieron una habitación para ambos, solo “por acompañarnos”; salieron muy juntitos en los ratos libres a conocer la ciudad; después del viaje se reunieron en el apartamento de ella a redactar el informe de la misión y él obtuvo su permiso para seguir visitándola en los días en que Ernesto tenía salidas de la ciudad.

Claro que este último se tenía que enterar.  Primero, por detalles que captó en el apartamento de ella; después, por informes de amigos insidiosos.  Le causó profunda tristeza, pero acopió fuerzas para reclamarle.  Ella, sorprendida, pero adolorida, se deshizo en promesas, pero la intensa pena de Ernesto le impidió aceptar nada y se fue a su casa.  Nora Ofelia lo estuvo llamando los días siguientes a proponerle un nuevo encuentro.  Él finalmente lo aceptó en terreno neutral, un barcito cercano.  En medio de estériles discusiones, ella le soltó que había encontrado en Ricardo el hombre que no halló en él.

Ernesto se levantó de inmediato a pagar la cuenta y se despidió con esta sentencia:

–La vil ofensa que no esperaba.
(Anagrama de Nora Ofelia Velásquez Pebán).

Carlos Jaime Noreña

ocurr-cj.blogspot.com
cjnorena@gmail.com

viernes, 8 de febrero de 2019


CITAS DE PROUST: POR EL LADO DE GUERMANTES


Retomo las selecciones de obras de la literatura universal.  Ahora vuelvo a Marcel Proust, esta vez en su obra “Por el lado de Guermantes” (Du côté de Guermantes), de “À la recherche du temps perdu”.

Ces années de la première enfance ne sont plus en moi, elles me sont extérieures, je n’en peu rien apprendre que, comme pour ce qui a eu lieu avant notre naissance, par les récits des autres.
Ya no están conmigo esos años de la infancia temprana, son externos a mí; ya no tengo noción de ellos sino, como lo que pasó antes de nacer, por lo que otros me cuentan.

…les plus cruels de nos adversaires ne sont pas ceux qui nous contredisent et essayent de nous persuader, mais ceux qui grossissent ou inventent les nouvelles qui peuvent nous désoler, en se gardant bien de leur donner une apparence de justification…
…nuestros adversarios más crueles no son los que nos contradicen y tratan de persuadirnos, sino los que exageran o inventan noticias que nos pueden angustiar, esmerándose en darles una justificación aparente…

…ces visages des morts que les efforts passionnés de notre mémoire poursuivent sans les retrouver, et qui, quand nous ne pensons plus à eux, sont là devant nos yeux, avec la ressemblance de la vie…
…esos rostros de los difuntos que los esfuerzos apasionados de nuestra memoria persiguen sin encontrarlos y que, cuando ya no pensamos en ellos, se presentan a nuestros ojos, con apariencia de vida…

…la terre me paraissait plus agréable à habiter, la vie plus intéressante à parcourir depuis que je voyais que les rues de Paris comme les routes de Balbec étaient fleuris de ces beautés inconnues que j’avais si souvent cherché à faire surgir des bois de Méséglise, et dont chacune excitait un désir voluptueux qu’elle seule semblait capable d’assouvir.
…la tierra me parecía más agradable de habitar, la vida más interesante de vivir desde que vi que las calles de París, como las vías de Balbec, florecían con esas bellezas desconocidas que yo tanto había intentado hacer surgir de los bosques de Méséglise, cada una de las cuales suscitaba un deseo voluptuoso que ella misma parecía capaz de satisfacer.

…que la vérité n’a pas besoin d’être dite pour être manifestée, et qu’on peut peut-être la recueillir plus sûrement sans attendre les paroles et sans tenir même aucun compte d’elles…
…que la verdad no requiere ser dicha para manifestarse y que quizá se le puede captar con más claridad sin prestar atención a las palabras y sin tomarlas en cuenta para nada…

Traducción libre, con base en mi propia percepción de lo leído.
Se aceptan correcciones y discusiones.


YOVANY ALQUILA-TODO Relato El nombre de Yovany Esthiven (sic) delata su origen humilde; vive en uno de esos  lejanos barrios ...