martes, 12 de junio de 2018



EL HOMBRE AFORTUNADO

Relato

Elaborado para participar en la actividad de junio de 2018 del grupo de escritura "Literautas".

Llevaba un hacha en la mano; la pequeña réplica del “hacha de los colonizadores”, simbólico reconocimiento que le acababan de entregar en un acto solemne, como personaje destacado de la región; bañada en oro y engastada en una base de ébano.  En la región, y especialmente en su capital, se sentían orgullosos de la gesta colonizadora del siglo XIX a través de los territorios del sur, se creían una raza superdotada y veían en el hacha descuajadora de bosques la pujanza y el progreso.  El hombre estaba radiante, sonreía para las fotografías mientras esperaba la oportunidad de fugarse al baño después de una espera angustiosa en una ceremonia tan prolongada, con tantos discursos vanos y prosopopéyicos.

Le habían anunciado un mes antes su afortunada selección entre múltiples candidatos; habían competido con él un obispo gordiflón, un condecorado general de la república, una matrona de esas que parecía que solo les faltaba acomodarse en un altar; un educador lleno de canas, arrugas y recuerdos de muchachitos y muchachitas que le habían gustado mucho; un melifluo poeta a quien tenían por un nuevo Darío y muchos otros extravagantes “personajes” de esta variopinta sociedad.

Su candidatura a tan eximio reconocimiento había sido propuesta por la junta directiva de la sociedad regional de empresarios, de la que él había sido presidente en el período anterior y donde prácticamente todos los miembros eran elegidos por guiños suyos.  A todos ellos, él les había sugerido, uno a uno, entre tragos de fiestas y cocteles, o tras concederles significativos favores, que pusieran su nombre en consideración “entre otros”, pero, muy reconocidos con el excelso personaje, habían tenido acuerdo unánime en el de don Jenaro Chavarriaga Chavarriaga.

Su esposa lo abrazó emocionada al bajar del escenario y sus dos amantes le hacían guiños desde asientos situados un poco más atrás, distantes, pues no se conocían entre sí porque el hombre siempre había tenido fortuna al intentar mantenerlas muy en secreto, de modo que “ninguna de las tres sabía” de las otras.  (La esposa sí estaba enterada por los chismes de sus comadres, pero sin los nombres ni mayores señas de esas dos mujeres de rechupete y decía aceptar resignadamente las escapadas, para “mantener la unidad familiar”).  Saliendo del evento, un hombre cuarentón se le aproximó; Jenaro se llevó instintivamente la mano a la región renal, donde mantenía enfundado su revólver (“llevo el hierro entre las manos, porque en el cuello me pesa”), pero sus guardaespaldas lo bloquearon con sus cuerpos y lo alejaron rápidamente; se trataba de Eutimio, hijo no reconocido, que lo mantenía asediado.

Don Jenaro, hombre afortunado, poseía mayoría de acciones en veintitrés de las empresas más prósperas de la ciudad y en otras cinco de la capital de la república; además, era dueño único de otra docena de pequeñas empresas que proveían de materias primas y otros suministros a las ya mencionadas; se daba el gusto de pasar cada fin de semana en una diferente hacienda de las de su propiedad; en una, montando sus finos caballos de paso; en otra, revisando sus soberbios toros sementales; en otra, recorriendo los extensos cultivos de café; en otras, los de caña de azúcar, los de cacao, los de aceite de palma, etc.  Lo único que lo atormentaba era ese hijo que él negaba y que tanto lo buscaba; “ni lo reconozco ni lo pongo en mi testamento; no va a oler mi herencia”.

Había escogido nacer en el hogar de don Filiberto Chavarriaga Restrepo, prohombre de la región, digno representante de la raza, casado con su prima doña María de los Milagros Chavarriaga del Valle, dechado de virtudes, defensora de la fe, pródiga matrona que arrojaba migajas a los pobres del pueblo, que la buscaban todos los viernes después del chocolate que ofrecía en su mansión a las distinguidas damas de la sociedad local.  De niño, doña Milagros no lo dejaba desprender de su falda, “no sea que me lo perviertan estos muchachos del pueblo”, y lo mandaba al colegio con la niñera, quien también lo volvía a recoger.  El papá lo llevaba a la finca, le enseñaba a montar a caballo y siempre le repetía “todo esto lo tienes que conocer muy bien y aprender a manejarlo, porque un día será tuyo”.

Para fortuna del muchacho, su padre murió joven y poco después su madre; obtuvo jugosas herencias de un lado y del otro y se quedó solo con ellas.  En verdad, no tan solo, porque tenía a Jacinta, una amante secreta y, ya amo y señor, se la llevó a vivir con él, no en la casa familiar, para no profanarla, sino en un palacete que se hizo construir en uno de los barrios residenciales de clase alta que comenzaban a crecer en la pujante ciudad.  Para no alargar, contaremos que al poco tiempo, cuando ella quedó imprudentemente embarazada (de quien se llamaría Eutimio), la repudió, la expulsó de casa y corrió a buscar una damisela de sociedad para casarse y volver a vivir en la casa paterna.

A punta de golpes de fortuna, hizo crecer la heredad.  La primera ocasión fue una creciente del río que atravesaba la finca; a Jenaro le tocó rehacer una cerca, nada más; los vecinos, en cambio, sufrieron la destrucción de casas, la pérdida de animales y de cultivos; no eran gente adinerada y Jenaro fácilmente les compró, por hacerles el favor, decía, a los damnificados, a las viudas, por precios irrisorios y así duplicó el tamaño de su propiedad.  Después le compró a uno de ellos su pequeña industria en el pueblo cercano, por palos de tabaco, porque lo acosaba la deuda que adquirió para el cultivo cuya cosecha nunca pudo recoger.  La industria era del mismo ramo de una que había heredado de su padre y con esto se animó a comprar otras de la misma línea, en pos de un monopolio.

No nos detengamos en la cadena de afortunadas adquisiciones, siempre aprovechándose de circunstancias más o menos insalvables, que lo llevaron en pocos años a ser tan rico y poderoso.  Parejo con ella estuvo también la cadena de accesos a círculos sociales, nada difícil, por su alcurnia y su dinero, el que además, hacía parecer mucho más abundante y le abría todas las puertas.  Y ni qué decir de la cadena de afortunadas conquistas amorosas, pues las mujeres se le rendían, más por su dinero que por su aspecto físico, sin que desmereciera por este último, que era la envidia de muchos amigos.

El día se llegó en que ni su suerte con las mujeres, ni su magnetismo personal, ni su habilidad para los negocios, ni siquiera su herradura de la buena suerte, lo libraron de la adversidad de un secuestro.  Fue noticia nacional, se movilizaron el ejército, la policía y los organismos secretos, pero pasaron muchos días, semanas, meses sin novedad alguna.  Por fin, un oscuro día muy lluvioso, en medio de rayos y truenos, llegaron los organismos de seguridad a la covacha donde se encontraba amarrado nuestro personaje y se desencadenó un tiroteo en el que fueron dados de baja todos los malhechores; pero también cayó don Jenaro…

Sobra describir los homenajes póstumos, el fastuoso cortejo, el acompañamiento a su viuda.  No sobra contar que bautizaron con el nombre de Jenaro Chavarriaga Chavarriaga una clínica a la que había dado algunos aportes (muy rogados y bien calculados para exenciones tributarias), también un intercambio vial que se inauguró por esos días en la ciudad, varias escuelas y colegios del departamento y muchos muchachitos pobres que nacieron en los meses siguientes; estos últimos sin la suerte de llevar los dos pomposos apellidos.

La investigación del delito no demoró mucho en arrojar resultados; Eutimio fue acusado como autor intelectual, se le condenó a muchos años de prisión y, además, se le desheredó por haber propiciado la comisión de delitos contra su propio padre.  ¡Afortunado aún después de su muerte don Jenaro!  No quería que su hijo lo heredara y la justicia se encargó de hacer cumplir su deseo.

Carlos Jaime Noreña

Ocurr-cj.blogspot.com
cjnorena@gmail.com

10 comentarios:

  1. Buenos días, Carlos.
    Acabo de leer tu relato y voy a darte mi humilde opinión, porque creo que esto nos puede ayudar a todos a mejorar.
    La idea me gusta mucho, todo lo que sea denunciar injusticias ya tiene mi aplauso, pero a mi entender cuentas demasiado para ser un relato. Con esta trama, si te animas, podrías escribir una novela. Por otro lado hay párrafos muy bien contados y otros no tanto. Exceso de datos y, en algunos casos, de oraciones subordinadas.
    Deseo que leas mi comentario, como una crítica constructiva, pues esa es mi intención.
    Lo mismo espero de ti, cuando leas el mío.
    Nos seguiremos leyendo.
    Saludos.

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  2. Un relato atractivo. Me gusta el tono que le diste. Me gusta la historia del hijo y me gusta la situación de lugar y tiempo.
    Me parece que hay cosas muy detalladas y otras escritas a grandes trazos. Tampoco veo mucha conexión en la secuencia en que se relatan los hechos.
    Para mí, con un poco más de trabajo y agregándole algunos elementos da para un cuento más completo. Todo esto dicho con todo afecto y con la idea de ayudar si cabe.
    El desafío esta bien superado,
    Felicitaciones y abrazo.

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    1. Gracias por tu comentario. Recordá que es solo el análisis de un lector. Lo reviso como si lo hubiera escrito yo, que de esto de escribir no sé nada.

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  3. Carlos, no soy quien para decirte qué fragmentos están bien o menos bien. Ya en el comienzo sacaría bastantes palabras, pero has de ser tú quien lo vea. Te doy una idea: intenta volverlo a escribir en una hoja con aquellas frases que realmente son necesarias y saca las palabras innecesarias, las que aunque las suprimas, el relato no pierde sentido.
    A ver qué te dicen otros compañeros con más recorrido, yo acabo de empezar.
    Ánimo, poco a poco, con la ayuda de todos, nos iremos puliendo.
    Un abrazo

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    1. Muchas gracias, Ana. Tú y otra persona que me hace un comentario aquí abajo, más otra muy cercana a mí, me ponen la tremenda tarea de descubrir en qué me excedo. Voy a intentarlo.

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  4. Hola, Carlos.
    He leído detenidamente tu relato, pues me ha gustado el tono que le has dado para hablar de un personaje "afortunado" de verdad, y que hace honor al título que nos exigieron. Muchas veces parece que la providencia acompaña a gente de este tipo, y unido a la falta de escrúpulos para aprovecharse de las ocasiones idóneas, crean imperios difíciles de derrocar.
    No lo has situado en el espacio ni en el tiempo, lo que viene a resaltar lo que he dicho anteriormente, la historia ha plagado el mundo de esta clase de tipos a lo largo del vasto mundo.
    En cuanto a la parte formal, he de darle la razón a Ana Palacios en algunos aspectos. Leo que ella te ha contestado en un segundo comentario a algo que le has preguntado. Supongo que tu comentario estará en su relato, intentaré buscarlo.
    Como ella, mi opinión es tan buena o mala como la de cualquier otro, pero espero ayudarte con mi modesta aportación.
    * Pareces haberte olvidado que existe el punto para separar frases. Por ejemplo: el segundo párrafo tiene cuatro líneas, y no has usado ni un solo punto. Has separado frases con punto y coma, pero hubiese quedado mejor con punto y seguido. Lo mismo ocurre en el quinto, y este tiene siete líneas, donde solo has usado un punto y seguido. Yo, personalmente, para corregir estas cosas, leo el texto en voz alta; te aseguro que ayuda mucho.
    * También le doy la razón en cuanto a la abundancia de frases subordinadas, que se solucionan de igual manera, intentando separar ideas y conceptos.

    En cuanto al estilo no te diré nada. Cada cual tiene el suyo, y a cada cual le gusta leer un tipo de texto. Por eso no te diré si sobran o faltan palabras, o si tenías que haber pulido un poco toda la información que nos das para que conozcamos a fondo a tu personaje. Es tu historia y cada uno la cuenta a su manera.

    Espero haberte ayudado con mi aportación.
    Me alegro de haber pasado por aquí y disfrutar de tu trabajo.
    Nos leemos.

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  5. Hola Carlos, un saludo.
    debo decir la historia es muy buena, lo admito; pero a mi parecer das mucha información en el inicio (que digo esta muy bien) para que al final se instantáneo, pero de igual manera esta muy bien narrado todo, esta mi opinión yo a penas inicio en esto y bueno no soy nadie para dar una máxima critica. felicidades por que como dicen los demás, con algunos ajustes puede llegar a ser un gran relato.

    por otra parte mi parecer o mi entendimiento, fue curioso como el hombre de ser afortunado, se va a la tumba sin nada, por un instante parece ser desafortunado, pero como el cumplir su deseo despues de muerto, le devuelve esa fortuna; bueno asi lo interprete yo.
    Saludos amigo.
    PD: vengo de literautas.

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  6. Muchas gracias Dainyyel por tus elogiosos comentarios. Tu interpretación del final es muy acertada: esa ironía fue lo que yo quise mostrar.

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  7. Hola, Carlos. Soy Luna Paniagua. Yo pienso que a cada idea le corresponde una longitud determinada, y que acortar o alargar le quita naturalidad y eso se nota. Yo no creo que a tu historia le sobren palabras, al contrario, en mi opinión le faltan, y a los primeros párrafos le irían bien a una trama más desarrollada. Se te ve cómodo con las descripciones. Sí coincido con otros comentarios en que acortaría frases para darle más ritmo.

    En cuanto a tu protagonista y su vida, da que pensar... ¿Realmente era tan afortunado? A mí se me antoja complicado mantener ese ritmo de vida así, tener que andar preocupado de si una amante se entera de la otra, tener una mujer que no puede ser feliz sabiendo de tus infidelidades, esos "tropiezos" con hijos ilegítimos... buf, quita, quita. Quítame dinero y dame tranquilidad y estabilidad. Por no hablar de ese final, vale que consiguió que ese hijo no heredara, pero Jenaro se fue sin saberlo, así que...

    Un saludo,

    Luna Paniagua

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    1. Querida Luna, me vas precisando algo que varios me han criticado, no solo en Literautas, sino también en mi propio ambiente; ya estoy muy cerca de entender qué es lo que tengo que mejorar. Te agradezco mucho.
      Respecto a lo "afortunado" del personaje, se trata de una ironía; mi relato es irónico; el hombre adquiere fortuna material, pero no es afortunado, aunque se lo crea.

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