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Mostrando entradas de julio, 2015
Algunos pasajes llamativos del cautivante relato “Tristán” de Thomas Mann, que se desarrolla en un sanatorio de los Alpes que él llamó “Einfried”, donde se hospedan Spinell, un excéntrico aspirante a escritor, y Frau Klöterjahn, una mujer aquejada de algún mal de las vías respiratorias, y entre quienes surge una especie de extraña relación, que es romance y no lo es.
Sobre los enfermos del sanatorio dice Mann: ...alle diese Individuen, die, zu schwach, sich selbst Gesetze zu geben und sie zu halten, ihm ihr Vermögen ausliefern, um sich von seiner Strenge stützen lassen zu dürfen....aquellos individuos que, incapaces de darse leyes y atenerse a ellas, le entregan sus haberes (al médico propietario) para conseguir su segura protección.
Una curiosa contradicción de Spinell, cuando le comentan sobre sus tempranas caminatas: Da gibt es nun kleine Linderungsmittel, ohne die man es einfach nicht aushielte. Eine gewisse Artigkeit und hygienische Strenge der Lebesführung zum Beispiel ist manchen v…
SOBRE LA HUMILLACIÓN DE GRECIA.
En "El País" de España salió una entrevista al exministro Varoufakis, en la que su última respuesta deja motivo para serias reflexiones (subrayados míos):


P. ¿Le sorprendería que dimitiera Tsipras?R.Ya no me sorprende nada, nuestra eurozona es un lugar incómodo para las personas decentes. Tampoco me sorprendería que se quede y acepte un pésimo acuerdo. Comprendo que se siente obligado con los que nos han apoyado y no quiere que nuestro país se convierta en un Estado fallido. Pero no voy a cambiar mi opinión, la misma desde 2010, de que Grecia debe dejar de aplazar y fingir, debemos dejar de pedir nuevos préstamos y fingir que hemos resuelto el problema, cuando no es verdad; cuando nuestra deuda es todavía menos sostenible con nuevas medidas de austeridad que hunden aún más la economía y el peso recae cada vez más sobre los que no tienen nada, con la inevitable crisis humanitaria. No estoy dispuesto a aceptarlo. Que no cuenten conmigo.
LAS DOS ÚLTIMAS CITAS DE SANDOR MÁRAI.
Esta, que adivino corresponde a la época de los años treintas, preludio de la segunda gran guerra, muestra esa misma desesperanza que recurrentemente nos dejan ver los escritores sobre sus propios tiempos.
Actualmente vivo en un mundo lleno de pánico y suspicacia en el cual los jefes de Estado conceden prórrogas temporales a la humanidad, animándola de forma oficial a sembrar el trigo por última vez, a escribir un último libro o a construir un último puente; y la vida y el trabajo transcurren bajo un sentimiento constante de peligro. La clase en la cual yo nací se mezcla con otras en ascenso, su nivel cultural ha disminuido en los últimos veinte años de manera considerable, están agonizando las inquietudes espirituales del hombre civilizado. Los ideales en los que yo había aprendido a creer terminan en el basurero como deshechos y trastos inútiles, y el terror instintivo del rebaño planea por encima de los vastos terrenos de la civilización. La soc…
Y sigo con estas sentidas reflexiones de Márai acerca de la muerte de su padre.

Un día de otoño, a las dos y media de la tarde, murió mi padre. Murió en plenas facultades mentales, con dignidad, de forma ejemplar, como si quisiera enseñarnos cómo se debe morir.   ...
Murió como un gran señor que no puede retirarse de la vida dejando deudas, lo organizó todo escrupulosamente para dar a cada uno lo que le correspondía...
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En ese preciso instante comprendí el aristocratismo de mi padre. Su vida había transcurrido en la elegancia de la bondad y la cortesía....

Sólo ante la muerte somos capaces de comprender del todo a las personas con las que tenemos algo que ver, con las que tenemos algo en común.