UNA CONVERSACIÓN CON MILAN
–Hola, Milan, ¿cómo te sientes?
–Un poco aturdido, desubicado, porque con cierta parte de nuestro ser vivimos todos fuera del tiempo.
–Pero el reloj y el almanaque te pueden ubicar muy bien.
–No me vengas con eso. Puede que solo en circunstancias excepcionales seamos conscientes de nuestra edad, pero la mayor parte del tiempo carecemos de edad.
–¿Crees, pues, en la inmortalidad?
– La pequeña inmortalidad es el recuerdo del hombre en la mente de quienes lo conocieron, pero la gran inmortalidad es el recuerdo del hombre en la mente de aquellos a quienes no conoció personalmente.
–Bueno, para ser recordado por muchos tendré que cambiar de vida; construir una nueva que esté regida por principios públicamente aceptados, que sea reconocida como algo ejemplar.
–Es una pura ilusión pretender empezar en medio de la vida “una nueva vida”. Tu vida estará siempre construida de un mismo material … lo que en un primer momento te parece “una nueva vida” resultará muy pronto ser una simple variación de la anterior.
–Pero con tan diversos aconteceres que tiene la existencia, no te entiendo lo de las variaciones.
–Pues te digo que la vida no se parece a una novela picaresca en la que el protagonista se ve sorprendido, de capítulo en capítulo, por acontecimientos siempre novedosos que no tienen denominador común alguno. Se parece a la composición que los músicos llaman variaciones sobre un mismo tema.
–Supongo que hay una excepción y es el amor.
–Algo de razón tienes …el amor, para demostrar que es verdadero, quiere ir más allá de lo razonable, quiere no tener medida, quiere ser improbable, ansía convertirse en “delirios activos de la pasión”.
–Entonces la humanidad ha progresado, porque anteriormente no se le quería reconocer esta naturaleza al amor.
–Nuestro siglo, que se jacta de haber liberado las costumbres y desearía reírse de los sentimientos románticos, no ha sido capaz de darle al concepto de amor ningún contenido nuevo.
–Lamento contradecirte, porque hoy se han roto todas las ataduras y se puede vivir el amor en todas las formas.
–Nuestro único deseo profundo en la vida: ¡que todos nos consideren grandes pecadores!
–¿Tú eres defensor del pudor?
–El pudor significa que tratamos de evitar lo que queremos y nos sentimos avergonzados de querer lo que tratamos de evitar.
–Entonces ¿hay que esforzarse por salir de esa ambigüedad?
–Me permitiré afirmar que sin el arte de la ambigüedad no hay verdadero erotismo y que cuanto más fuerte es la ambigüedad más poderosa es la excitación.
–Veo que vas reconociendo que en este siglo sí son viables nuevas formas de amor.
–Es posible que nuestra sexualidad esté tan automatizada que al fin y al cabo haga posible el amor físico incluso con mujeres extraterrestres.
–Cambiemos de tema, hablemos de literatura. ¿Qué opinión te merece la de este siglo?
–La época actual se lanza encima de todo lo que alguna vez fue escrito, para convertirlo en películas, programas de TV o historietas … si un loco que todavía sigue escribiéndolas quiere hoy salvar sus novelas, tiene que escribirlas de tal modo que no se puedan adaptar o, dicho de otro modo, que no se puedan contar.
–Entonces ¿cómo se debería escribir?
–Una novela no debe parecerse a una carrera de bicicletas sino a un banquete con muchos platos.
–Banquetes me he dado yo con Proust, con Garcia Márquez, con Faulkner, Con Hemingway…
–Hemingway estaba orgulloso de que sus libros estuvieran tan abajo, junto a la tierra misma y al mismo tiempo tan alto, en el cielo del arte.
–Y fue un innovador de la literatura en el siglo XX. Antes de él, los autores se preocupaban por hacer descripciones detalladas del entorno y retratos minuciosos de los personajes; Hemingway llegó con su prosa seca, directa y sin adornos; adiós al estilo florido.
–Más importante que ello fue, históricamente, el descubrimiento de la sonrisa: los grandes pintores y escultores, desde la antigüedad hasta Rafael, y quizás hasta Ingres, evitaron dar forma a la risa e incluso a la sonrisa. Los rostros perdían su inmovilidad, las bocas se abrían, solo cuando el pintor quería captar el mal.
–Bueno, la seguimos otro día; me está llamando mi mujer.
–La mujer es el futuro del hombre. Eso significa que el mundo, que una vez fue hecho a imagen del hombre, se adaptará ahora a la imagen de la mujer. Cuanto más técnico y mecanizado, cuanto más metálico y frío sea, más necesitará ese calor que solo la mujer puede darle.
–Por eso acudo al llamado de mi compañera.
–La mujer … nos incita: ven, sígueme, y uno no sabe a dónde lo invita y ella tampoco lo sabe, pero nos invita convencida de que vale la pena ir al sitio al que nos invita.
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