TRABANDO NOMBRES

Es común la  deformación de nombres por el vulgo, como bien lo muestra Eduardo Caballero Calderón en sus obritas sobre su pueblo natal, Tipacoque, donde nos pone muchos ejemplos del habla de sus campesinos, como el caso de don Efraín (o Efraím), a quien decían don Frenaín y hasta don Jrenaín.

Pero el señor periodista José Alendrajo (perdón, Alejandro) Pérez, de “El Colombiano” no pertenece al vulgo mal educado; es de suponer que se trata de un graduado de universidad y, si es del área de la Comunicación Social, con mayor razón debe tratar bien el idioma.

En la edición de hoy, sábado 5 de diciembre, José Alejandro hace una interesante y bien ilustrada reseña sobre el primer carro que circuló en calles de Colombia, en Medellín, importado por don “CoROLIAno Amador”. Este señor Carlos CoRIOLAno Amador Fernández fue un acaudalado antioqueño, creador de empresas e impulsor de obras públicas y, entre sus “extravagancias” estuvo la importación de un vehículo despiezado para armarlo en Medellín y usarlo en sus calles.

Aunque muchos lo nombran como Coroliano, su nombre correcto era Coriolano si damos fe a fuentes serias como el Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República en su nro. 13 de 1987 y la publicación web “My Heritage”, especializada en árboles genealógicos, en sendas descripciones del personaje.


Ese nombre seguramente les es dado, a los que así se llaman, por referencia al general romano Cayo Marcio Coriolano, sobre quien Shakespeare escribió su tragedia “Coriolano” y después Beethoven su obertura del mismo nombre.

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