lunes, 23 de mayo de 2016

DOS ACIERTOS IDIOMÁTICOS.

Héctor Abad F. es un escritor e intelectual que leo con agrado por la amenidad y riqueza de su prosa, la claridad de sus opiniones y su cuidadoso manejo del idioma. En su columna de ayer 22 de mayo en El Espectador “Las llamas del fin del mundo” encuentro dos términos que vale la pena resaltar por su esencia castiza y por la defensa, consciente o no, de palabras que han sido suplantadas por otras, no propiamente incorrectas, pero derivadas del facilismo que ostentan los malos traductores y que luego se vuelven usuales, aun en textos originalmente escritos en español.

Habla Héctor allí del “incendio incontrolable que consume bosques, pueblos, ciudades, campos petroleros… en el estado de Alberta en Canadá”. Utiliza muy apropiadamente el término “incendio” para referirse a un “fuego grande que abrasa lo que no está destinado a arder” (DRAE); el fuego es “calórico y luz producidos por la combustión” (DRAE) y cuando ese fuego se agranda y empieza a consumir naturaleza o bienes se hace un incendio. No es, pues, lo más apropiado decir diez fuegos han causado estragos en Australia en este verano, aunque en inglés lo veamos escrito como “ten fires…”


Más adelante nos dice que “las solas compañías aseguradoras tendrán que desembolsar entre tres y nueve millardos de dólares….” Muy acertado uso de una palabra que gusta muy poco pero que es la correcta para referirse a los mil millones o el “billion” inglés, horrendamente traducido como billón (y, repito, no solo traducido sino también apropiado por muchos). Es desconcertante leer con frecuencia que en la Tierra vivimos siete billones de personas o que la deuda externa del país pasó de los 90 billones de dólares.

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