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Mostrando entradas de junio, 2017
Siguen los relatos:


MATEO CON SUS LIBROS
Mateo pasa caminando muy temprano por la calle principal del barrio, con su andar lento y su mirada fija.  Lleva siempre un llamativo atuendo de colores vistosos: pantalón rojo con camisa verde vivo o pantalón azul rey con camisa anaranjada; todos brillosos por el uso, pero muy limpios; los negros zapatos viejos van, sin falta, muy bien lustrados.
Parece estar llegando a los sesenta años, tiene la tez trigueña, empezando a arrugar y los cabellos negros ya pintando canas, los pocos que todavía le quedan dispersos sobre un brillante cuero cabelludo.  No es fácil adivinar el color de sus ojos, pues va siempre mirando hacia adelante y para abajo, como persiguiendo un ratoncito que corriera delante de el en línea recta, y nunca los lleva bien abiertos, ni pone la mirada en ningún transeúnte.  También es un enigma la expresión de su rostro: siempre serio, inmóvil, invariable, no puede uno saber si muestra hondo aburrimiento, misteriosa santidad, trance …
Segunda parte de citas selectas deSpiridionGeorge SandCulmino mi selección con las críticas muy razonadas que se hacen en el libro a las religiones creadas por los hombres.
Il se dit qu’une religion faite pour un seul peuple à l’exclusion de tous les autres, qui ne donnait á l’intelligence ni satisfaction dans le présent, ni certitude dans l’avenir, méconnaissait les nobles besoins d’amour qui sont dans le coeur de l’homme, et n’offrait pour règle de conduite qu’une justice barbare; il se dit que cette religion ne pouvait être celle des belles âmes et des grands esprits, et que celui-là n’était pas le Dieu de vérité qui ne dictait qu’au bruit du tonnerre ses changeantes volontés, et n’appelait à l’exécution de ses étroites pensées que les esclaves d’une terreur grossière.
Se dice que una religión hecha para un único pueblo, con exclusión de todos los demás, que no le proporcionaba a la inteligencia ni satisfacción en el presente ni certeza para el futuro, desconocía las nobles necesidad…
UN RELATO MAS:  ILUSIÓN FRUTAL
En la callecita del barrio, siempre jugábamos los muchachos y muchachas los mas imaginativos juegos, hasta quedar rendidos del cansancio o salir llamados desde nuestras casas porque era hora de comer o porque debíamos dar cuentas de nuestras tareas escolares.O quizá se nos antojaba ver televisión y nos íbamos todos a la casa del Doctor Londoño, única donde había el maravilloso aparato en todo el entorno.
Recuerdo que yo siempre era el papá y Marta Lucía, la mamá; pues éramos los mayorcitos del grupo; les tocaba a Luz Elena, Carlos Enrique, Silvio, José Fernando, Julio César y no recuerdo quienes mas, hacer el papel de hijos o a veces uno de ellos era el médico que venía a ver a un niño enfermo o era el hombre malo que quería robarse a uno de nuestros hijos.Eso cuando no jugábamos a policías y ladrones.
Un día estábamos solos mi amiguito Jorge y yo (teníamos unos siete años), tal vez discutiendo que podíamos jugar juntos o pensando a quienes llamar para un j…
Citas selectas deSpiridionGeorge SandEn el siglo XIX, en un convento europeo, el joven novicio Angel sufre las crueldades de sus superiores monásticos hasta que encuentra al viejo monje Alexis, quien comienza a aleccionarlo sobre Spiridion, fundador de la comunidad, quien supuestamente desde ultratumba visita con frecuencia al viejo que está encargado de velar por la perpetuación de sus enseñanzas.   Spiridion fue primero un judío en permanente búsqueda espiritual. Al ver los defectos de su religión se convirtió al protestantismo, también lo encontró imperfecto y se pasó al  catolicismo y fundó un convento.  Al observar como sus inteligentes y virtuosos monjes degeneraron en una comunidad cruel e inocua, se defraudó también del catolicismo y consignó sus profundas reflexiones sobre una pura creencia en Dios en un manuscrito que hizo enterrar consigo al morir.
Angel termina desenterrando el manuscrito donde se propone un nuevo evangelio libre de todas las taras introducidas por las igles…
UN PEQUEÑO CUENTO.

DON RAFA Y SUS RELOJES
De camino hacia una zonita comercial que visito con frecuencia, suelo pasar frente a la puerta de un taller de relojería y siempre está allí sentado, o a veces de pie, su dueño, a quien llamaré don Rafael Montoya; un hombre entrado en años, de cara adusta y mirada perdida, que siempre parece masticando frustraciones o rencores.
Una de las primeras veces que por allí pasé, le pedí remplazarme la batería de mi reloj de pulsera y, sin amabilidad alguna, me respondió que no les trabajaba a esos relojes de pilas.  En el siglo 21, prácticamente todos los relojes son electrónicos y este señor ¡se quedó con su vieja relojería de artefactos de cuerda!
En las ocasiones siguientes, de tanto verlo, intentaba saludarlo y por poco no me gruñía.  Me parece bastante extraño que un individuo que no tiene que hacer (pues ¿cuántas veces al año le llevarán relojes de cuerda para reparar?) no trate de establecer relación con sus vecinos; que un personaje que se muestr…