sábado, 24 de junio de 2017

Siguen los relatos:


MATEO CON SUS LIBROS

Mateo pasa caminando muy temprano por la calle principal del barrio, con su andar lento y su mirada fija.  Lleva siempre un llamativo atuendo de colores vistosos: pantalón rojo con camisa verde vivo o pantalón azul rey con camisa anaranjada; todos brillosos por el uso, pero muy limpios; los negros zapatos viejos van, sin falta, muy bien lustrados.

Parece estar llegando a los sesenta años, tiene la tez trigueña, empezando a arrugar y los cabellos negros ya pintando canas, los pocos que todavía le quedan dispersos sobre un brillante cuero cabelludo.  No es fácil adivinar el color de sus ojos, pues va siempre mirando hacia adelante y para abajo, como persiguiendo un ratoncito que corriera delante de el en línea recta, y nunca los lleva bien abiertos, ni pone la mirada en ningún transeúnte.  También es un enigma la expresión de su rostro: siempre serio, inmóvil, invariable, no puede uno saber si muestra hondo aburrimiento, misteriosa santidad, trance meditativo o profunda desesperanza.

Mateo no camina ni erguido ni encorvado; eso sí, con el hombro izquierdo muy caído y la cabeza consecuentemente inclinada hacia el mismo lado, con pasos extremadamente cortos pero acompasados como el tic tac de un reloj, sin disminuir ni aumentar velocidad en ningún momento, ni siquiera al cruzar una vía.

Lleva siempre varios libros bajo el brazo izquierdo, firmemente agarrados y con el antebrazo al pecho, como temiendo que le sean arrebatados, o tal vez mostrándoles un tierno cariño.  Quizá su notoria inclinación a la siniestra sea consecuencia del peso de los libros que ha portado de ese lado desde quien sabe cuantos años ha.  Qué son esos libros?  Nunca se les alcanza a leer un título, pues su cubierta es de un solo color, sin leyenda o con ella ocultada por la mano firme que los lleva.

¿Serán tomos de obras religiosas?  Tal vez un Nuevo Testamento o una Biblia completa, las moradas de Santa Teresa, la Imitación de Cristo, Sermones a los Novicios Regulares, obras de San Juan de la Cruz, libros de oraciones…  Sí, quizá Mateo fue un seminarista que no terminó su formación para el sacerdocio, pero quedó con una acendrada religiosidad, visitando asiduamente los templos y leyéndose cuanta obra religiosa podía alcanzar a tener en sus manos, hasta que se volvió obsesivo con el tema y ahora carga las obritas a todas partes, las lee y las relee.  Su madre, aunque católica devota, vive asombrada con el santurrón solterón que habita con ella en un pequeño y húmedo primer piso, donde en ocasiones no tienen ni para comer, y le insiste mucho en que deje la “beatería” y busque algún trabajito con el que pueda ayudarle a conseguir los víveres.

Yo pienso que son, mas bien, textos de filosofía.  Mateo habrá estado, desde joven, dedicado a la lectura de opúsculos y tratados propios de la disciplina del pensamiento.  Empezó en su adolescencia con los escritos de los nadaístas, esto lo llevó a Fernando González, los amigos lo fueron encaminando hacia Sartre, pero luego dio un giro y regresó en busca de las fuentes del renacimiento y la Edad Moderna; Erasmo, Maquiavelo, Tomás Moro, Pico Della Mirandola, Hobbes, Spinoza, Kant, Rousseau.  De repente, se enloqueció con la idea de buscar los filósofos posmodernos y se encuentra leyendo a  Baudrillard, Vattimo, Derrida, Durkheim.  Si ha logrado una sólida formación personal con todos estos estudios o si poseía una mente débil desde niño y se ha turbado por completo con todas estas visiones tan diferentes, es algo que seguramente nos vamos a quedar sin saber.  El amigo con quien terminó compartiendo un estrecho apartamento tiene que aguantarle largas y enigmáticas peroratas.

¿Que tal si, mas bien, es pura pornografía?  Mateo tuvo una sexualidad frustrada en su época juvenil y después de años de abstinencia, años de ver pasar mujeres sin atreverse a acercarse, ha optado por buscar en las coloridas publicaciones aquello que no pudo alcanzar personalmente.  En su piececita alquilada en una casa familiar, se encierra largos ratos a contemplar ávidamente aquellas revistas, periódicos, panfletos que compra subrepticiamente (Playboy, Penthouse, Soho…) y nunca se atreve a dejarlos en la habitación, ni siquiera bajo el colchón, por temor a que le sean descubiertos por la señora que hace el aseo.  Los lleva entonces consigo, bien metidos bajo el brazo y bien disimulados, para que ni por casualidad se los noten al pasar.

No pensemos tan mal del pobre Mateo; digamos, en cambio, que es aficionado a la poesía.  Todo lo que carga bajo el brazo son cuadernos de poesía de aquellos que publicaban hace años con poemas de Silva, Julio Flórez, Barbajacob, Amado Nervo; también libros como Azul de Rubén Darío, Canto General de Neruda; recortes de los suplementos dominicales y libretas donde ha anotado sus propias creaciones.  Los lleva consigo para solazarse leyéndolos cuando se sienta a descansar en uno de los escaños del Primer Parque o del Segundo Parque, que esos son los originales (?!) nombres de los dos parquecitos del barrio.  También los comparte con la conserje del edificio donde vive, pero nunca en compañía, por su timidez; se los facilita para llevarlos a su cuartico y retornárselos al día siguiente.


Acaso el muy ladino de Mateo se las trae con alguien muy en secreto.  Los libritos que lleva bajo el brazo son unos catecismos, manuales de oración y libros de historia sagrada que utiliza en las clases que imparte en un pequeño colegio religioso situado unas cuadras más abajo de nuestro barrio.  Siempre llega cinco minutos antes y a la hora punto de las 8 ingresa al aula para su clase matinal, que termina exactamente faltando cinco para las 9 y a continuación se dirige al comedorcito donde lo esperan con un buen desayuno, pues tiene buenas migas con las monjas, gracias a que en su tiempo de seminarista conoció a la hermana Concepción, quien ahora trabaja en la cocina del colegio.  Ella misma lo invita siempre, después del desayuno, a examinar las maticas que cultiva con primor en un cobertizo trasero, mientras las demás se van a sus clases y a sus oraciones.  Allí permanecen solos durante media hora y finalmente se despide Mateo y sale a la calle con otro rostro que en ningún otro momento se le conoce y que lo acompañará por una o dos cuadras; una radiante cara de satisfacción.

viernes, 16 de junio de 2017

Segunda parte de citas selectas de

Spiridion

George Sand

Culmino mi selección con las críticas muy razonadas que se hacen en el libro a las religiones creadas por los hombres.

Il se dit qu’une religion faite pour un seul peuple à l’exclusion de tous les autres, qui ne donnait á l’intelligence ni satisfaction dans le présent, ni certitude dans l’avenir, méconnaissait les nobles besoins d’amour qui sont dans le coeur de l’homme, et n’offrait pour règle de conduite qu’une justice barbare; il se dit que cette religion ne pouvait être celle des belles âmes et des grands esprits, et que celui-là n’était pas le Dieu de vérité qui ne dictait qu’au bruit du tonnerre ses changeantes volontés, et n’appelait à l’exécution de ses étroites pensées que les esclaves d’une terreur grossière.

Se dice que una religión hecha para un único pueblo, con exclusión de todos los demás, que no le proporcionaba a la inteligencia ni satisfacción en el presente ni certeza para el futuro, desconocía las nobles necesidades de amor propias del corazón humano y no ofrecía como regla de conducta más que una justicia bárbara; se dice que esta religión no podía ser propia de las almas bellas y espíritus grandes y que no podía ser un Dios de verdad aquel que no promulgaba sino al son de los truenos sus cambiantes exigencias y no llamaba a ejecutar sus estrictos dictados sino a los esclavos de un burdo terror.

…votre Dieu est le fils agrandi de ce Johovah féroce qui ne parlait jamais à ses adorateurs que de colère et de vengeance!

…vuestro Dios es el hijo agrandado de ese Jehová feroz que no hablaba a sus adoradores sino de cólera y venganza!

Ce n’était pas cette terreur puérile que les hommes faibles ressentent à l’aspect d’une perturbation quelconque de faits ordinairement accessibles à leurs perceptions bornées.  Ces perturbations rares et exceptionelles, qu’on appelle à tort faits prodigieux et surnaturels, tout inexplicables qu’elles étaient pour mon ignorance, ne me causaient aucun effroi.

No era ese terror pueril que asalta a los hombres débiles a la vista de una perturbación cualquiera de hechos normalmente accesibles a su limitada percepción.  Estas perturbaciones raras y excepcionales que equivocadamente son llamadas hechos prodigiosos y sobrenaturales, así fueran inexplicables para mi ignorancia, no me causaban espanto alguno.

…en conservant la plus haute vénération et le plus pur enthousiasme pour le Crucifié, je ne voyais guère de raisons pour qu’il fût le fils de Dieu…

…conservando la más alta veneración y el más puro entusiasmo por el Crucificado, yo no encontraba ninguna razón para que él fuera el hijo de Dios…

Je gardai pour toute religion une croyance pleine de désir et d’espoir en la Divinité, le sentiment inébranlable du juste et de l’injuste, un grand respect pour toutes les religions et pour toutes les philosophies, l’amour du bien et le besoin du vrai.


Yo tenía por pura religión una creencia plena de eso y de esperanza en la Divinidad, el sentimiento inquebrantable de lo justo y lo injusto, un gran respeto por todas las religiones y por todas las filosofías, el amor al bien y la necesidad de la verdad.

Le catholique ne se rattache à rien dans l’histoire du genre humain et ne sait rien rattacher au christianisme. Il s’imagine être le commencement et la fin de la race humaine. C’est pour lui seul que la terre a été créée; c’est pour lui que d’innombrables générations ont passé sur la face du globe comme des ombres vaines, et sont retombées dans l’éternelle nuit à fin que leur damnation lui servit d’exemple et d’enseignement; c’est pour lui que Dieu est descendu sur la terre sous une forme humaine. C’est pour la gloire et le salut du catholique que les abîmes de l’enfer se remplissent incessamment de victimes, afin que le juge suprême voie et compare, et que le catholique, élevé dans les splendeurs du Très-Haut, jouisse et triomphe dans le ciel du pleur éternel de ceux qu’il n’a pu soumettre et diriger sur la terre: aussi le catholique croit-il n’avoir ni père ni frères dans l’histoire de la race humaine. Il s’isole et se tient dans une haine et dans un mépris superbe de tout ce qui n’est pas avec lui. Hors ceux de la lignée juive, il n’a le respect filial de sainte gratitude pour aucun des grands hommes qui l’ont précédé. Les siècles où il n’a pas vécu ne comptent pas; ceux qui ont lutté contre lui sont maudits; ceux qui l’extermineront verront aussi la fin du monde, et l’univers se dissoudra le jour apocalyptique où l’église romaine tombera en ruines sous les coups de ses ennemis.

El católico no se vincula a nada en la historia del género humano y no sabe relacionar nada con el cristianismo.  El se imagina que es el comienzo y el final de la raza humana.  Solo por el ha sido creada la tierra; por el, innumerables generaciones han pasado sobre la faz del globo como sombras fatuas y han ido a dar a la noche eterna, a fin de que su condenación les sirva de ejemplo y de enseñanza; por el, Dios bajó a la tierra en forma humana.  Por la gloria y la salvación del católico los abismos del infierno se llenan incesantemente de víctimas, para que el juez supremo vea y compare y que el católico, elevado a los esplendores del Altísimo, goce y triunfe en el cielo del llanto eterno de aquellos que el no pudo someter y dirigir en la tierra:  así el católico se cree no haber tenido ni padre ni hermanos en la historia de la raza humana.  Se aísla y se mantiene en un odio y un desprecio soberbio de todo lo que no va con el.  Por fuera del linaje judío, no tiene respeto filial de santa gratitud a ninguno de los grandes hombres que lo han precedido.  No cuentan los siglos en que no vivió; son malditos todos los que han luchado contra el; los que lo exterminen verán también el fin del mundo y el universo se disolverá el día apocalíptico en que la iglesia romana caiga en ruinas bajo los golpes de sus enemigos.

Il a consideré le monde comme une conquête réservée à ses missionnaires, les hommes étrangères à sa foi comme des brutes qu’à lui seul il été réservé de civiliser. À quelle terre ira-t-il demander les secrets de l’origine céleste, a quel peuple les enseignements de la sagesse humaine? Il ira ôter tous les rivages, mais il ne comprendra point le sens des traces qu’il y trouvera.  La science des peuples est écrite en caractères inintelligibles pour lui: l’histoire de la création est pour lui un mythe inintelligible. Hors de l’église point de salut, hors de la Genèse point de science. Il n’y a donc pas de milieu pour le catholique: il faut qu’il reste catholique ou qu’il devienne incrédule. Il faut que sa religion soit la seule vraie, ou que toutes les religions soient fausses.

Ha considerado al mundo como un campo de conquista reservado a sus misioneros, a los hombres extraños a su fe como bestias reservadas a el solo para civilizarlas.  ¿A que tierras irá a averiguar los secretos del origen celeste, a que pueblo las enseñanzas de la sabiduría humana?   Oteará todas las playas, pero no comprenderá el sentido de las huellas que encontrará en ellas.  La ciencia de los pueblos está escrita en caracteres ininteligibles para el:  la historia de la creación es para el un mito ininteligible.  Fuera de la iglesia no hay salvación, fuera del génesis no hay ciencia.  Entonces no hay punto medio para el católico:  o se queda católico o se vuelve incrédulo.  Que su religión sea la única verdadera o que todas las religiones sean falsas.

…ceux qui ont fait un mérite aux hommes de subir l’insolence et la despotisme d’autres hommes; ceux-la, dis-je, ont péché; ce sont des faux prophètes, et ils ont égaré la race humaine dans des voies de malédictions!

…los que han convertido en mérito para los hombres el sufrir la insolencia y el despotismo de otros, esos, digo yo, han pecado; esos son unos falsos profetas que han extraviado a la raza humana por caminos malditos!

Mais l’église romaine s’est porté le dernier coup; elle a consommé son suicide le jour où elle a fait Dieu implacable et la damnation éternelle.

Pero la iglesia romana se ha dado a sí misma el golpe de gracia; ha consumado su suicidio el día que ha hecho a Dios implacable y a la condenación, eterna.

…étant homme, tu te fais Dieu.  Jésus leur répondit: n’est-il pas écrit dans votre loi “J’ai dit: vous êtes tous des Dieux”.  Si elle a appelé Dieux ceux à qui la parole de Dieu était adressée, et si l’écriture ne peut être rejetée, dites-vous que je blasphème, moi que le père a sanctifié, et qu’il a envoyé dans le monde, parce que j’ai dit: je suis le fils de Dieu?

…siendo hombre, te haces Dios.  Jesús les respondió: ¿no está escrito en vuestra ley “Lo he dicho: todos vosotros sois Dioses”?  Si ella ha llamado Dioses a aquellos a quienes iba dirigida la palabra de Dios, y si la escritura no se puede contradecir, ¿decís que yo blasfemo, yo a quien el Padre ha santificado y enviado al mundo, porque digo que soy el hijo de Dios?

…comment ce passage n’a-t-il pas frappé les chrétiens lorsqu’ils ont conçu l’idée idolâtrique de faire de Jésus-Christ un Dieu Tout-Puissant, un membre de la Trinité divine? Ne s’est-il pas expliqué lui-même sur cette prétendue divinité?
…como es que este pasaje no ha contradicho a los cristianos cuando ellos han concebido la idea idólatra de hacer de Jesucristo un Dios Todopoderoso, un miembro de la Divina Trinidad?  ¿No dio el su propia explicación sobre esta pretendida divinidad?



Traducción libre, con base en mi percepción de lo leído. Se aceptan observaciones.

lunes, 12 de junio de 2017

UN RELATO MAS:  ILUSIÓN FRUTAL


En la callecita del barrio, siempre jugábamos los muchachos y muchachas los mas imaginativos juegos, hasta quedar rendidos del cansancio o salir llamados desde nuestras casas porque era hora de comer o porque debíamos dar cuentas de nuestras tareas escolares.  O quizá se nos antojaba ver televisión y nos íbamos todos a la casa del Doctor Londoño, única donde había el maravilloso aparato en todo el entorno.

Recuerdo que yo siempre era el papá y Marta Lucía, la mamá; pues éramos los mayorcitos del grupo; les tocaba a Luz Elena, Carlos Enrique, Silvio, José Fernando, Julio César y no recuerdo quienes mas, hacer el papel de hijos o a veces uno de ellos era el médico que venía a ver a un niño enfermo o era el hombre malo que quería robarse a uno de nuestros hijos.  Eso cuando no jugábamos a policías y ladrones.

Un día estábamos solos mi amiguito Jorge y yo (teníamos unos siete años), tal vez discutiendo que podíamos jugar juntos o pensando a quienes llamar para un juego mas sustancioso y apareció, subiendo por la calle que cruzaba la nuestra, una señora que nos hizo señas y cuando nos acercamos nos pidió acompañarla a llegar hasta una casa, pues le daba temor seguir sola; vacilábamos y entonces nos prometió traernos unas “fruticas” la próxima vez que pasara por allí.  Le inquirimos que tan lejos deberíamos ir y respondió que eran pocas cuadras; argüimos que nuestros padres no nos permitían salir del entorno, pero nos dijo que nada nos podía suceder por allí cerca.  Al fin fue tan insistente que nos fuimos con ella calle arriba.

Al llegar al “Carretero”, la avenida principal que cruzaba al final de esa cuadra, giró por esa vía y debimos seguirla, con temor por el flujo vehicular, pero ella nos animaba; ya no recuerdo de que nos conversaba, pero se mostraba, de todos modos, amable y fuimos entrando en confianza hasta que, varias cuadras más allá, tocó a la puerta de una casa y nos despidió, deshaciéndose en agradecimientos y renovando su promesa de las frutas.

Regresar a nuestro territorio no fue ninguna proeza; habíamos memorizado bien la ruta y además en esa pequeña ciudad la avenida principal corría por el lomo de una colina y le desembocaban en pendiente todas las calles accesorias, entonces solo se trataba de subir al Carretero, regresar hasta la “Panadería Nueva” y de allí descender hasta nuestra calle.

Estuvimos un buen rato ilusionados pensando en la inmensa canasta de frutas que esta señora nos traería uno de los días siguientes; que si zapotes, que si bananos, piñas, granadillas, mangos, guayabas, mamoncillos, nísperos, mandarinas, uvas, pitahayas, peras, granadas, manzanas, cañafístulas, guamas, cocos, algarrobas, ciruelas, uchuvas, grosellas, papayas, brevas, guanábanas, corozos, fresas, cerezas, tomates de árbol, lulos, moras…

Guardábamos el secreto frente a nuestros amiguitos porque queríamos darles una sorpresa de frutas el día menos pensado y, entre tanto, participábamos animadamente en los juegos y a cada rato nos mirábamos maliciosamente cuando recordábamos lo de las “fruticas”.  Éramos un grupito sui generis: no jugábamos fútbol, lo que jugaban todos los niños del barrio, de la ciudad, del país.  Sí teníamos el juego de pelota, entre muchos otros, pero pocas veces con los pies y con una portería donde hacerla entrar.  Y no nos sentíamos extraños por eso, no nos veíamos diferentes a los demás niños.

Empezaron a pasar los días y seguimos en nuestra “rutina” de ir a las clases, hacer las tareas y salir a jugar.  Jorge y yo nos preguntábamos por las frutas, pero nos integrábamos con los demás y lo olvidábamos.  Un día estábamos todos correteando por uno de los muchos terrenos sin construir en nuestro barrio nuevo, que se conservaban con pastizal y donde en ocasiones eran llevadas algunas vacas a alimentarse; el terreno era pendiente y en la parte de abajo había unas casas cuyos patios estaban en un nivel inferior al pastizal.  Una de las niñas pequeñas perdió el equilibrio, tal vez asustada por una vaca cercana, tal vez por un paso mal dado, y cayó al patio de una casa.  Gran susto, pero mucha risa cuando vimos que nada le pasó.  En el mismo patio correteaba un perrito blanco lanudo, llamado “Niño”, que le empezó a ladrar, quizá también asustado, y la niña consternada comenzó a llorar y a suplicarnos que la sacáramos de aquella casa ajena; tratábamos de idear maneras de sacarla de allí, hasta que alguien tuvo la brillante idea de dar la vuelta y tocar la puerta de la casa para que dejaran salir a la chica.

Las frutas todavía no llegaban.

Una tarde estaba solo con Jorge, no encontrábamos más amigos y nos sobrepasaba el aburrimiento; subíamos por la calle empinada y nos topamos con una piedra que estorbaba por allí, redonda y algo más grande que un balón, y nos dio por investigar como rodaba esta piedra falda abajo; con un esfuerzo no muy grande la empujamos, comenzó a bajar y nos sentíamos gozosos; de repente se desvió hacia un lado y por poco choca contra la puerta de una casa, mas providencialmente enderezó su rumbo y siguió cuesta abajo, pero ganando cada vez más velocidad y dando botes; el estómago se nos empezó a enfriar; unos señores salieron de una tienda a observar el fenómeno y nos lanzaron terribles miradas y denuestos.  Al llegar la piedra a la siguiente calle, plana, perdió impulso pero pasó a centímetros de un automóvil que por allí circulaba (nuevo susto para nosotros) y finalmente se detuvo al subir al andén y entrar a un terrenito plano cubierto de prado.  Qué alivio sentimos.

Y las frutas sin aparecer.

Una mañana de vacaciones, andaba por aquel terrenito plano con José Fernando y Silvio y encontramos que habían descargado allí un tanque viejo que perteneció a un carrotanque… ¡Gran reto! trepar a lo alto de esa mole; no sin esfuerzo lo logramos, empujándonos uno al otro por los traseros y, una vez arriba, hallamos que tenía los accesos superiores sin tapas; José F. vio entonces un nuevo reto: introducirse a uno de los depósitos; entró primero los pies, siguió con las piernas para adentro, apoyado firmemente en el borde con sus dos brazos, pero al poco comenzó a sentirse agotado y no lograba hacer flexión de sus brazos hacia arriba para sacar el cuerpo; la angustia empezó a pintarse en su rostro; tratamos de ayudarle, pero el orificio era estrecho y no lográbamos entrar las manos para halarlo hacia arriba; tratamos de darle alientos para que acopiara fuerzas para levantarse; tenía pánico de caer dentro del hueco y nos lo contagió; comenzamos a gritar, hasta que llegó un hombrazo fuerte, trepó ágilmente y, de alguna manera izó al muchacho.  Nos volvió el alma al cuerpo y juramos no volver a meternos en huecos…

¡Y nada de las frutas!

Otra tarde, estábamos todos jugando en la escalinata de la calle empinada y mi hermanito Julio César recogía tierra, la echaba dentro de un tarro de lata para preparar “chocolate” y revolvía y revolvía con un palito mientras nosotros nos entreteníamos con algo diferente.  De repente, perdió el equilibrio, rodó por las escalas, vino a dar con el mentón contra el borde del tarro y se abrió una fea herida que sangraba mucho.  Aterrorizados, corrimos a llevarlo a casa en medio de una gritería y unos hermanos mayores se apuraron a llevarlo al “hospitalito” (el hospital infantil) donde le suturaron la herida.  Nosotros nos ganamos unos buenos regaños por no haber cuidado al niño.

¡Y nada de las frutas!

Otra caída memorable fue la de Luz Elena, en medio de otro de nuestros juegos: una de las exploraciones que hacíamos dentro de las casas en construcción en nuestro barrio nuevo, cuando los trabajadores se iban a casa; en esa época era tanta la seguridad que no dejaban vigilantes en las construcciones y los chicos aprovechábamos para osadas exploraciones.  En algún paseo de equilibrio por algún muro a medio levantar, la chica tropezó y cayó, en medio de nuestra algarabía.  Se levantó tan adolorida que sus padres la llevaron a revisar y regresó con el brazo enyesado y completamente inmovilizado por medio de un curioso soporte metálico, de tal manera que parecía con un ala abierta; nos reíamos mucho de ella y la llamábamos “la avioneta”.  Al final de una tarde, nos encontrábamos jugando y llegó su papá del trabajo; ella corrió gozosa a saludarlo, pero él la recibió con tremendo repelo y unas palmadas en las posaderas por andar corriendo por la calle, no sin antes levantarle la batica para que le doliera más la azotaina; “¡te vuelves a caer, muchacha y te acabas de fracturar por todas partes!”  En la pandillita nos debatíamos entre el susto por la reacción del señor y las risitas de burla por la pela en las nalgas.

¡Y todavía nada de las frutas!

Seguíamos ilusionados mi amiguito y yo imaginando los dulces y postres que elaborarían nuestras madres con las frutas aquellas: el dulce de mora con espeso almíbar; el de tomate de árbol, de una acidez exquisita; el queso de coco, dulcecito; las brevas cristalizadas, más dulces aún; el cernido de guayaba, para chuparse los dedos… Un día la familia de Jorge se mudó a un barrio lejano, no nos volvimos a ver y…


¡La señora de las frutas nunca más apareció!

sábado, 10 de junio de 2017

Citas selectas de

Spiridion

George Sand

En el siglo XIX, en un convento europeo, el joven novicio Angel sufre las crueldades de sus superiores monásticos hasta que encuentra al viejo monje Alexis, quien comienza a aleccionarlo sobre Spiridion, fundador de la comunidad, quien supuestamente desde ultratumba visita con frecuencia al viejo que está encargado de velar por la perpetuación de sus enseñanzas.  
Spiridion fue primero un judío en permanente búsqueda espiritual. Al ver los defectos de su religión se convirtió al protestantismo, también lo encontró imperfecto y se pasó al  catolicismo y fundó un convento.  Al observar como sus inteligentes y virtuosos monjes degeneraron en una comunidad cruel e inocua, se defraudó también del catolicismo y consignó sus profundas reflexiones sobre una pura creencia en Dios en un manuscrito que hizo enterrar consigo al morir.

Angel termina desenterrando el manuscrito donde se propone un nuevo evangelio libre de todas las taras introducidas por las iglesias.

He subrayado, en mi lectura, algunos pasajes que corresponden a consejos y reflexiones y otros relacionados con críticas muy razonadas a las religiones creadas por los hombres.

Empiezo con una serie de citas del primer tipo, el reflexivo.

Vous ne savez pas vivre seul, souffrir seul, aimer seul.
No sabes vivir en soledad, ni sufrir solo, ni amar solo.

Vis avec les hommes qui sont autour de toi. Garde-toi de leur malice. Cherche ta solitude au milieu d’eux. Détourne les yeux de leur iniquité, regarde en toi-même, et garde-toi de les haïr autant que de les imiter. Fais-leur du bien dans le temps présent en ne leur fermant ni ton coeur ni ta main. 
Vive entre los hombres que te rodean.  Cuídate de su malicia.  Busca tu soledad en medio de ellos. Aparta los ojos de su iniquidad, mira en ti mismo, y cuídate de odiarlos, tanto como de imitarlos. Hazles el bien ahora no cerrándoles ni tu corazón ni tu mano.

Si tu écoutes le sens des paroles humaines, tu oublieras l’Esprit, et tu ne pourras plus le comprendre. Mais si tu ne laisses venir à toi les sons de la voix humaine, tu oublieras les hommes, et tu ne pourras plus les enseigner.
Si atiendes al sentido de la palabra humana olvidarás el espíritu y no podrás volver a comprenderlo.  Pero si impides que te lleguen los sonidos de la voz humana te olvidarás de los hombres y ya no podrás enseñarles.

La musique me sembla devoir être la véritable langue poétique de l’homme.
Me pareció que la música debía ser el verdadero lenguaje poético del hombre.

...si l’homme qui s’endort dans l’indifférence de la vérité est vil, si celui qui s’enorgueillit  dans une négation cynique est insensé ou pervers, l’homme qui pleure sur son ignorance est respectable, et celui qui travaille ardemment à en sortir est déjà grand, même lorsqu’il n’a encore rien recueilli de son travail.
…si el hombre que se adormece en la indiferencia de la verdad es vil, si el que se enorgullece de una negación cínica es insensible o perverso, el hombre que se lamenta de su ignorancia es respetable y el que trabajo con tesón para salir de ella, ese sí que es grande, aun si no ha recogido todavía nada de su trabajo.

…qu’est-ce que le souvenir lui-même?  N’est-ce pas une résurrection sublime des hommes et des événements qui ont mérité d’échapper à la mort de l’oubli?
…que es en sí el recuerdo?  ¿No es una resurrección sublime de hombres y acontecimientos que han merecido escapar a esa muerte que es el olvido?

…un homme, en reproduisant la stature, les traits et les penchants de ses ancêtres, les fait revivre dans sa personne, tout en ayant une existence propre à lui-même qui modifie l’existence transmise par eux…   …il est pour nous deux immortalités, toutes deux matérielles et immatérielles: l’une, qui est de ce monde et qui transmet nos idées et nos sentiments à l’humanité par nos oeuvres et nos travaux; l’autre qui s’enregistre dans un monde meilleur par nos mérites et nos souffrances, et qui conserve une puissance providentielle sur les hommes et les choses de ce monde.
…un hombre, al reproducir la estatura, los rasgos y las inclinaciones de sus ancestros, los hace revivir en su persona, mas con una existencia propia de él que modifica la transmitida por ellos… Tenemos dos inmortalidades, ambas materiales e inmateriales: una que es de este mundo y que transmite nuestras ideas y sentimientos a la humanidad por medio de nuestras obras y nuestros trabajos; la otra, que se plasma en un mejor mundo, por nuestros méritos y sufrimientos y que conserva un poder providencial sobre los hombres y las cosas de este mundo.

Hélas!  Chaque guerrier qui tombe sur le champ de bataille tourne ses yeux vers le ciel, et se demande pourquoi il a combattu, pourquoi il est un martyr, si tout est fini pour lui à cette heure amère de l’agonie.
¡Ay!  Todo guerrero que cae en el campo de batalla vuelve sus ojos al cielo y se pregunta para que ha combatido, por qué el es un mártir, si todo ha acabado para el en esta amarga hora de la agonía.

Aquí vale la pena traer este trozo del final de “La Muerte del Estratega” de Álvaro Mutis:
…Y ante el vacío que avanzaba hacia el a medida que su sangre se escapaba, buscó una razón para haber vivido, algo que le hiciera valedera la serena aceptación de su nada, y de pronto, como un golpe de sangre más que le subiera, el recuerdo de Ana la Cretense le fue llenando de sentido toda la historia de su vida sobre la tierra.  El delicado tejido azul de las venas en sus blancos pechos, un abrirse de las pupilas con asombro y ternura, un suave ceñirse a su piel para velar su sueño, las dos respiraciones jadeando entre tantas noches,  como un mar palpitando eternamente; sus manos seguras, blancas, sus dedos firmes y sus uñas en forma de almendra, su manera de escucharle, su andar, el recuerdo de cada palabra suya se alzaron, para decirle al Estratega que su vida no había sido en vano, que nada podemos pedir, a no ser la secreta armonía que nos une pasajeramente con ese gran misterio de los otros seres y nos permite andar acompañados una parte del camino.

Criticando la vida que el considera estéril de los monjes:
Ô vieillard, qui chaque soir allumes ta lampe comme un voyageur pressé de partir avant l’aurore, qui donc as-tu éclairé durant la nuit, qui donc as-tu guidé durant le jour?  À qui donc ton long et laborieux pèlerinage sur la terre a-t-il été secourable?  Tu n’as rien donné de tu à la terre, ni la substance de la reproduction animale, ni le fruit d’une intelligence productive, ni le service grossiere d’un bras robuste, ni la sympathie d’un coeur tendre.  Tu crois que Dieu a creé la terre pour te servir de cuve purificatoire, et tu crois avoir assez fait pour elle en lui léguant tes os!
Oh anciano que todas las noches enciendes tu lámpara como un viajero con prisa de partir antes de la aurora, ¿a quien has iluminado de noche, a quien has guiado de día?  ¿A quien le ha sido útil tu prolongado y laborioso peregrinaje por la tierra?  No has dado nada tuyo a la tierra, ni la esencia de la reproducción animal, ni los frutos de una inteligencia productiva, ni el burdo servicio de un fuerte brazo, ni la simpatía de un corazón tierno.  Crees que Dios creó la tierra para servirte de crisol purificador y ¡crees que haces mucho por ella legándole tus huesos!

…pire de tous les crimes, celui de n’avoir rien aimé hors de toi!
…el peor de todos los delitos es el no haber amado nada externo a ti!
Nous croyons en la divinité, c’est dire que nous la connaissons et la voulons; nous espérons en elle, c’est dire que nous la désirons y travaillons pour la posséder; nous l’aimons, c’est dire que nous la sentons et la possédons virtuellement…
Creemos en la divinidad, es decir la conocemos y queremos; tenemos esperanza en ella, es decir la deseamos y trabajamos para poseerla; la amamos, es decir la sentimos y la poseemos virtualmente…

Dieu veut que nous marchions; et s’il fait lever des prophètes au milieu du cours des âges, c’est pour pousser les générations devant eux, comme il convient à des hommes, et non pour les enchaîner à leur suite, comme il appartient à de vils troupeaux.
Dios quiere que avancemos; y si hace surgir profetas a lo largo de los tiempos es para impulsar a las generaciones ante ellos, como conviene a los hombres y no para obligarlos a seguirlos como hacen los viles ejércitos.



Traducción libre, con base en mi percepción de lo leído. Se aceptan observaciones.

martes, 6 de junio de 2017

UN PEQUEÑO CUENTO.

DON RAFA Y SUS RELOJES


De camino hacia una zonita comercial que visito con frecuencia, suelo pasar frente a la puerta de un taller de relojería y siempre está allí sentado, o a veces de pie, su dueño, a quien llamaré don Rafael Montoya; un hombre entrado en años, de cara adusta y mirada perdida, que siempre parece masticando frustraciones o rencores.

Una de las primeras veces que por allí pasé, le pedí remplazarme la batería de mi reloj de pulsera y, sin amabilidad alguna, me respondió que no les trabajaba a esos relojes de pilas.  En el siglo 21, prácticamente todos los relojes son electrónicos y este señor ¡se quedó con su vieja relojería de artefactos de cuerda!

En las ocasiones siguientes, de tanto verlo, intentaba saludarlo y por poco no me gruñía.  Me parece bastante extraño que un individuo que no tiene que hacer (pues ¿cuántas veces al año le llevarán relojes de cuerda para reparar?) no trate de establecer relación con sus vecinos; que un personaje que se muestra permanentemente a la puerta no quiera que le hablen, que lo saluden.

Don Rafa está siempre muy bien puesto, de traje de paño, camisa convencional y zapatos bien lustrados, cara bien afeitada y peinado impecable; hasta me hace acordar de mi padre, que siempre se mantenía así de bien, pero el era sumamente amable con conocidos y extraños.

A ratos me asaltan preguntas sobre don Rafa, como qué fantasmas lo persiguen; qué problemas domésticos puede tener; qué frustraciones, como dije arriba, lo superan; qué amenazas penden sobre el o qué esperanza desteñida e improbable acaricia cotidianamente.

Especulando, digamos que este señor tiene una amante secreta, veinte años menor, muy libidinosa, pero solo la puede ver una vez al mes, cuando su esposa se va un fin de semana a visitar a una hija en otra ciudad.  Corre él afanoso a la casita de la muchacha, pero en ocasiones ella lo devuelve porque está “indispuesta” (tal vez ha estado retozando con un novio y don Rafa, que no ignora su existencia, se muerde los labios). Toda la semana, todo el mes, está el viejo pensando en la voluble dama y ansiando un nuevo encuentro.

O quizá se trata de un hijo descarrilado que ya va a llegar a pedirle más dinero, dizque para reparaciones del taxi, un viejo cachivache que le tuvo que comprar con sus últimos ahorros para que trabajara en algo y dejara de andar las calles buscando quien lo invitara a un trago o a un “vareto”, pero que se lo deja a un amigo para que lo trabaje y este le trae apenas unos pocos pesos de vez en cuando, al son de que el trabajo está duro, la gasolina está cara, al carrito hubo que cambiarle los cables de alta, los soportes del motor…

Tal vez está abatido con la noticia del médico sobre el resultado positivo de unos exámenes y se niega a las evidencias, dice tener una salud muy fuerte; no quiere empezar tratamiento; hace callar a su esposa y parientes cuando le hablan de ello, pero sufre todos los días y vive buscando la forma de “meterse mentirillas” a sí mismo.

¿Lo persiguen los cobradores?  Cuando el negocio estaba boyante comenzó a hacer malos negocios y tuvo que iniciar una racha de préstamos para ir cubriendo los crecientes faltantes, hasta que cayó en manos de agiotistas que primero le quitaron el automóvil, después se llevaron la mejor dotación de la relojería, luego le descubrieron la pequeña finca en tierra caliente y se la embargaron y finalmente se quedaron con la entrañable casona de dos pisos y amplios jardines; por eso se tuvo que venir a este pequeño y oscuro piso alquilado, en una callecita modesta, donde instaló la relojería en el reducido salón de entrada con la única ventana a la calle y donde su mujer le refunfuña constantemente.


Puede estar simplemente esperando el fabuloso golpe de suerte que le permita acertar los seis esquivos números y llevarse el premio con muchos ceros a la derecha.  Se le ha vuelto una obsesión; lo juega todos los días y comienza a construir nuevas fantasías que lo elevan a muchos metros sobre el piso y no lo dejan ver a quienes pasan ni contestar a sus conocidos ni atender su negocio adecuadamente.  Difícilmente baja de esos palacios en el aire, no desciende de los aviones que lo llevan en vuelos trasatlánticos, no sale de las ruletas de lujosos casinos extranjeros, no se despega de la lujuriosa mujer que ha conquistado en París, en Hamburgo, en Amsterdam.  No desfrunce el ceño por la tristeza que le da el no adivinar, una vez más, los seis numeritos.

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