jueves, 9 de julio de 2026


Juego de palabras

Anagramas de la prosaica sartén

TERNAS

El presidente quería designar como Fiscal General de la Nación a su íntima amiga Celina Moscoso, pero sus asesores le recordaron que según lo establecido en la constitución él debía enviar una terna a la Corte y de allí esta designaría al Fiscal, así que no tiene más remedio señor presidente que mandar tres nombres.

¡Ah!, otra vez las benditas ternas.  ¿Por qué debo proponer a tres si considero que la única apta para ese cargo es Celina?; señor presidente, porque así lo manda la constitución, entienda por favor; bueno, junto a Celina voy a proponer los nombres de mi nietecito Julio Andrés y mi sobrinita Valentina; señor, son unos niños, todavía no pueden ocupar cargos públicos; ustedes sí me ponen muchos obstáculos; entienda señor que hay límites legales para todo y nosotros estamos para colaborarle en la toma de decisiones acertadas.

Llamó el presidente al secretario privado y le encargó la elaboración del decreto de destitución de los asesores presidenciales.  Le costó mucho trabajo al acucioso secretario convencerlo de que la calentura no está en las sábanas, mostrarle por dónde va el agua al molino, hacerle ver que no se puede luchar contra molinos de viento.

Recordó entonces Gus que su dilecta amiga tenía por nombre completo María Celina Antonia Moscoso Calle y estaba casada con un señor de apellido De los Ríos y procedió a destituir a su secretario privado, remplazarlo con un abogadillo recién graduado de una universidad de mala calidad y obligarlo a escribir la postulación ante la corte de las señoras María Moscoso, Antonia de De los Ríos y Celina Moscoso   Calle como terna para el honroso cargo de Fiscal General de la Nación.


SENTAR

Esmaragdo quería sentar cátedra sobre arte y criticaba agriamente esos mamarrachos de los cubistas, dadaístas, surrealistas y demás sinvergüenzas que no sabían pintar.  Cierto día, extasiado en el museo frente a La persistencia de la memoria de Salvador Dalí, espiando de reojo que no lo pillaran en su arrobo, fue tocado en el hombro y al volverse vio que el reloj de la sala se ablandaba y colgaba desfigurado.  Caminó hacia allí, se quedó viéndolo andar hasta que dio las seis y la vigilante le ordenó salir por hora de cierre y le pidió ir con ella a la puerta; él la siguió dócil, pero al atravesar el marco se le abrió al frente un lago azul sereno y la mujer se transformó en una mosca que voló hacia el reloj de la mesa de atención que también se derretía.  La puerta se le cerró detrás y Esmaragdo quiso huir pero tuvo que enfrentar a una multitud de elefantes de larguísimas patas delgadas como alambres;  para salvarse debió caminar sobre las aguas sin reparar en los cisnes de cuyo reflejo surgían los elefantes.  Brotó de pronto el maestro y le vino al encuentro con sus delgados y largos bigotes y con una sonrisa sarcástica, diciéndole si tengo el poder de hacerte caminar sobre lo líquido también puedo cambiar la realidad a mi amaño, mejor vete a sentar en tu poltrona a mirar programas de concurso en televisión.


ENTRAS

Me fascina cuando entras le decía Lucía con entusiasmo a Santiago.  Y era que él lo hacía con un arrojo como pocos.  No desaprovechaba momento para acercarse con tacto pero con resolución.  Le ponía todo el empeño y nada le quitaba el impulso.  Iba de frente con la vista fija, con la respiración acezante y no paraba hasta que lo lograba.  Entonces lanzaba un grito jubiloso coreado por los espasmos de ella regados por lágrimas de emoción.

Después lo comentaban gozosos, él encendía un cigarrillo y ella se componía el alborotado cabello al tiempo que le reprochaba que fumara, vas a perder capacidad, te vas a enfermar, eso es muy dañino; no lo puedo dejar, me hace falta para aplacar las emociones fuertes; tú sabrás, pero yo preferiría que las energías restantes las acabes de apaciguar con besos y caricias.

Sus compañeros le celebraban esos inspirados, contundentes, mágicos goles que mantenían al equipo en lo más alto, él era el alma de la agrupación.  Lo sacaban en hombros después de cada partido, todavía acezante y Lucía lucía como una reina al lado del ídolo de la afición, todavía emocionada hasta las lágrimas.


RENTAS, RESTAN

Le dio a Orlando por vender un ganado que tenía en la finca de un amigo y poner el dinero en un fondo de inversión nuevo que estaba muy atractivo.  Eso de lidiar con ganado en terreno ajeno es muy complicado, la res que se mata por un barranco siempre es la mía, las vacunas que se vencen son las de mis animales y los precios en feria siempre bajan cuando llevamos mis novillitos.

El nuevo fondo de inversión, del Banco Ganadero, ¡qué ironía!, ofrecía tasas variables, con ventajas: al inicio eran muy buenas y después no fluctuaban con los caprichos del mercado, sino en una forma muy novedosa: según la variación mensual de la temperatura.  Esto lo animó mucho porque contaba con que el calentamiento global garantizaría que las tasas subieran permanentemente y sus rentas crecerían.

El primer mes le llegó un extracto con crecimiento, y el siguiente también y el siguiente, lo que le hacía repetir con euforia mis rentas suman y suman.

Se dejó venir una temporada de lluvias y frío y las tasas empezaron a bajar. Después de tres meses el hombre lloraba: ¡restan y restan!, pero se consolaba pensando en que los aumentos se reanudarían en uno o dos meses, pero pasaba el tiempo y las tasas seguían bajando.  Al final del año los meteorólogos confirmaron un prolongado fenómeno de la Niña.

Orlando iba perdiendo ya mucho dinero cuando los expertos en clima anunciaron la inminente llegada de una nueva era de glaciación global. Bajo el frío permanente, Orlando retiró del fondo el poco dinero que le quedaba y se emborrachó con él: mejor ahogarme en alcohol que dejar que mi platica se ahogue en ese fondo.

 

TENSAR

El ingeniero Parada trabaja en una compañía que tiene los contratos de varias vías importantes de la gran ciudad.  A diario sale de casa por la mañana y regresa al comienzo de la noche a donde su mujer.

Una noche recibe una llamada urgente y dice a su esposa que lo necesitan en la obra por un problema en un puente.  Al regresar le explica que uno de los cables no tenía suficiente tensión y la labor de tensado exigía su permanente supervisión in situ como ingeniero.  En las noches siguientes lo llaman con frecuencia y tiene que salir de afán a supervisar el cable; ella intenta protestar, él solo contesta hay que tensar el cable.  Y la pobre mujer se queda sola hasta la mañana, cuando él llega y pide desayuno… y no pide nada más.

La esposa admira la dedicación del hombre a su trabajo, pero lamenta el cambio de su conducta amorosa, ignorando la existencia de la sensual tecnóloga de obras civiles que se encarga de tensarle el cable siguiendo sus precisas instrucciones.


TRENZA Y TRANCE

La trenza de Pili era el encanto de Caliche.  La conoció cuando ese apéndice tenía veinticinco centímetros y ahora ya pasaba de los cincuenta.  El color castaño dorado del cabello de Pili le daba un atractivo brillo a la trenza y el minucioso trabado que ella le hacía más los coquetas cuentas diminutas que le insertaba la hacía lucir conquistadora.  Caliche se le arrimaba cara con cara y se pasaba la fragante trenza por su rostro en arrebato de amor.  De allí seguían los besos, caricias y palabras tiernas.

Un feliz día adoptó la costumbre de llevarle bellas y brillantes cintas de color, ella las entrelazaba primorosamente en la trenza y él se enloquecía frotándola sobre sus labios y gustándola dentro de la boca, antes de pasar a los actos más amorosos.

Un amargo día llegó a visitarla el chico y la encontró de cabello corto.  ¡Sorpresa, querido!; ¿cómo se te ha ocurrido?; quería presentarte una nueva imagen de mí; ¡no!, con tu antigua imagen se ha ido mi amor; cuánto lo siento, ¿cómo puedo recuperarlo?; dame tu trenza, espero que la hayas guardado.  Ella sacó una cajita donde tenía la trenza muy bien puestecita y perfumada, se la entregó y él salió huyendo sin darle siquiera un beso.

Caliche entró en trance.  No volvió a salir, no volvió visitar a su Pili.  Se quedaba horas en su cuarto contemplando la trenza, pasándola por su cara, besándola, destrabando y volviendo a trabarla y escuchando repetidamente aquel bambuco que hacía referencia a las trenzas, que él le había dedicado a la chica alguna vez.

 

El jibarito


Los viajes en bus tienen un hechizo especial sobre uno, no obstante las incomodidades, los malos olores, el calor, el frío, el maltrato, los riesgos, los olvidos, la basura y el desespero por llegar.  Es que estar sintiéndose llevado sin mover los pies, sin tener unas alas para volar, sin el poder de la teleportación, ya es una sensación muy positiva a pesar de que no seamos conscientes y la despreciemos.

Puedo ir cómodamente sentado sobre una silla acojinada o con el trasero soportando las talladuras de una superficie dura y con una forma que no respeta la de esa parte sagrada de mi anatomía; puedo estar amplio o, como sucede en los vehículos recién acondicionados de las empresas transportadoras de mi ciudad, que redistribuyeron silletería reduciendo espacios, comprimido entre la ventana y la señora gorda del lado o bien entre el obrero sudoroso que disfruta (es un decir) de la ventanilla y la muchacha que va de pie en el pasillo apretada entre un viejo verde por delante y un muchacho confianzudo por detrás y apretándose ella contra mí para esquivarlos, yo sufriendo por que sus jóvenes y apetitosas carnes no me despierten la libido y no me produzcan movimientos involuntarios que ella tome por mal intencionados y me haga un escándalo para no hacérselo a los que sí la aprietan con deseo.   Puedo ser, muchas veces, uno de los pasajeros sostenidos en los pies y colgados de una barra, balanceado hacia delante, hacia atrás y hacia los lados en cada frenazo, arrancada o curva, y en cada uno de estos casos quedar empujado por las tetas de la que está detrás; puedo tener que soportar que alguno me sobe el pecho o los muslos con el voluminoso paquete de compras que lleva mientras se abre paso para llegar a la puerta de salida.

Por encima de todas las incomodidades, el sentirse llevado, repito, por la ciudad, mirando como perrito de rico a través de la ventanilla, admirando la vegetación de las avenidas, descubriendo el inicio de nuevas obras, viendo pasar chicas bonitas de semblante alegre y piernas bien forradas en jean o bien destapadas por la tentadora minifalda, presenciando desde la protección del espacio cerrado reyertas callejeras, recibiendo el sol que se cuela por las ventanillas, es algo gratificante y educativo.

Incomodidad destacable es la del ruido: frenos mal mantenidos que chirrían agudo, cercanía de obras con martillos neumáticos, tráfico congestionado, radio que el chofer pone a todo volumen en alguna emisora chabacana e irrespetuosa.  Otras veces me atormentaban cantantes de esos que abordan de improviso y nos acompañan por el resto del camino.  Pero un día me hizo cambiar de opinión un hombre humilde, menudo, de unos cincuenta a sesenta años, de canoso bigotito bien recortado, ojos claros, camisa barata muy limpia, sombrero ajado pero impecable y guitarra que a pesar de estar muy afectada por el uso se encontraba juiciosamente afinada.  El hombre pidió el consabido permiso para presentarnos sus canciones y espero no molestarlos y que comprendan que por mi difícil situación económica debo dedicarme al arte ambulatorio, pues el grupo al que pertenecía se disolvió y en ningún lado me reciben.  Enseguida nos deleitó o atormentó con tú quieres que te cante mujer idolatrada y luego sale loco de contento con su cargamento para la ciudad y después si es verdad lo que me dices que tu amor tan solo es mío no comprendo por qué tardas en unirte junto a mí y más de esas tonadas populares.  A mí no me molestó, voz bien timbrada, guitarra bien afinada y sobre todo ese espíritu bonachón, campechano y tristón. 

Además, me trajo a la memoria la noche que terminé con mi primera novia sentados en un barcito, que pusieron a sonar como adrede ...si es que alguna duda tienes o quizá ya no me quieres, puede ser que otros quereres te hagan proceder así...

Mientras él canta yo veo pasar las paradas y pienso con László "Simplemente observo pasar las estaciones, y siento que he pensado en todo, y he dicho todo sobre lo que pienso acerca de la rebelión, la dignidad humana, los ángeles, y sí, tal vez sobre todo, incluso la esperanza".

Los viajantes se apeaban en una parada y en otra sin darle nada o le lanzaban una moneda que tenía que agacharse a recoger.  Antes de llegar a mi lejano destino, el juglar dio por terminado su recital espero que haya sido de su agrado y les encarezco me lo hagan saber con su pequeño "óvulo" no importa si es de escaso valor, Dios nuestro señor se lo multiplicará.  Le extendí un billete de cinco mil, me miró con esos ojos tristes e inocentes y preguntó ¿todo esto?, ¿está seguro?, ¿cuánto le tengo que devolver?  Con mi respuesta se deshizo en agradecimientos y me dio todas las bendiciones que Dios no alcanza a procesar en un día.  Yo me apeé un poco después nimbado de la gracia simple y buena del hombre que me hizo mirar distinto hacia los parias del sistema que tienen que fastidiarnos o violentarnos para sobrevivir.

lunes, 6 de julio de 2026

 

A-Marte

Relato

Se encendieron los motores del cohete portador, después de haber aplazado el lanzamiento la antevíspera por causa de una tormenta, y todo el conjunto comenzó a elevarse en medio de un intenso rugido y de toneladas de gases contaminadores del entorno.  En su cumbre la nave tripulada destinada a la conquista de Marte.  Dentro de ella los cuatro osados jóvenes que pasaron todas las pruebas de cinco años de entrenamiento y nunca habían dudado de emprender este viaje.  Con ellos las mascotas de peluche que sus allegados les regalaron convencidos de que les traerían suerte y los objetos personales que con autorización o en forma subrepticia trajeron para sentir que no abandonaban solos el planeta.

Enfundados en los voluminosos trajes espaciales, acostados en sus respectivos asientos, muy bien sujetados con correas y pasmados por la consciencia de estar realmente empezando la atrevida expedición, sufrieron el fuerte empuje hacia abajo que les hacía sentir que pesaban más que un elefante.  Cynthia sintió su corazón latiendo precipitadamente, Marcus sintió cosquillas en el ano, Norah creía que su cabeza reventaba y Jimmy se juraba que su estomago iba a evacuarlo todo.

Fueron unos pocos minutos hasta que todo volvió a la normalidad si es que aceptamos como normal el encontrarnos a varios kilómetros sobre el suelo al que nos mantenemos cariñosamente ligados.  Ahora, con evidentes señales de nerviosismo, los antes serenos, valientes y seguros astronautas se hicieron mutuos y atropellados comentarios sobre la experiencia acabada de vivir; no fue tan fuerte como las de las simulaciones (mintiendo); me sentí viajando al cielo (porque temió morir); ese elefante me aplastaba; solo pensé en mi madre, padre y hermanitos (por temor a no volver a verlos); nunca creí que la madre tierra me reclamaría de ese modo; te vi pálida, Norah (no la miró un solo segundo).  A continuación debieron retomar la conversación con el centro de control para pasar el debido reporte después del breve black out de la comunicación.

Despedidos de la órbita terrestre al cabo de seis circunvalaciones, se quedaron extasiados mirando por los ventanales de la nave hacia el globo que se empequeñecía y no dejaba de mostrarles el hechizo de su colorido.  Ya estaban en una nueva órbita alrededor del Sol que duraría varias semanas y no meses como las misiones sin tripulación anteriores porque se encendió el propulsor iónico, un nuevo desarrollo que se usaba por primera vez, con la esperanza de evitarles fatiga y depresión a los viajeros y de llegar más pronto al cumplimiento de los verdaderos objetivos de la expedición.  Cynthia recostó su cabecita en el hombro de Marcus, lo que podía lograr gracias a que ambos estaban sujetos por los pies al piso del habitáculo para evitar que flotaran libremente por la falta de gravedad.  Marcus le correspondió con caricias en su cabellera y los otros dos les hicieron amigables reclamos por humillarlos con su amor, que había nacido desde la época de los entrenamientos selectivos; porque aprovechaban todo descanso del intenso programa para irse juntos a disiparse en la ciudad.  Norah y Jimmy eran buenos amigos, pero sus sentimientos no vibraban al unísono, sus feromonas no tenían química común.  Quizá los cuatro habían sido escogidos para agregar una nueva investigación a las muchas previstas, los efectos de las condiciones del viaje en una pareja enamorada y en otra pareja neutral.

Una novedad introducida fue la transmisión de noticias del planeta a determinadas horas del día, escogidas de modo de no interferir con la bien calculada rutina de ejercicios físicos, para mantener a tono musculatura, esqueleto, metabolismo, siquismo y libido; sesiones de conversación general y discusión de angustias y temores, para mantener el equilibrio emocional; juegos y competencias, para no dejar adormecer las capacidades de análisis y decisión; revisión y mantenimiento de los experimentos biológicos portados a bordo: cultivo de microorganismos, cultivo de plantas, crianza de ratones y experimentos con cristales y soldaduras.  Las sesiones de noticias se convirtieron en la mejor catarsis pues los hacían sentir que no eran unos desterrados, sino plenos ciudadanos de la Tierra, entusiasmados por los logros deportivos, la farándula, la actividad cultural y el desarrollo tecnológico y también preocupados por los conflictos, tragedias, pobreza.  Esto, lo ideal, pero no faltaron rencillas, discrepancias y disgustos entre ellos.  Un día, Marcus y Jimmy discutieron agriamente sobre política del Medio Oriente y las chicas tuvieron que empeñarse a fondo para calmar la tempestad.

Pasando los días, el grupito ansiaba más su llegada al planeta rojo e imaginaban interesantes aventuras, no todas locas sino basadas en la cantidad de conocimientos recogidos sobre las características del terreno marciano, estos compendiados de la inmensa cantidad de informes e imágenes transmitidos desde el suelo del planeta y desde su órbita cercana por los Mariner, los Viking, los Mars, Pathfinder y Sojourner, Spirit y Opportunity, Curiosity, Phoenix, Insight, MRO, Odyssey, ExoMars, Tianwen-1, Zhurong, Mars Express, Hope y Perseverance con su helicóptero Ingenuity.  Ya soñaban caminando tras el rastro de Opportunity, dirigiendo el nuevo helicóptero que llevaban consigo, programando el robot y levantando el campamento….  Cynthia pedía que su lecho quedara al lado de un ventanal orientado al levante marciano para ver salir el sol todas las mañanas, mientras Norah reclamaba oscuridad para dormir a sus anchas.

Una novedad más en esta expedición fue la eliminación de las normas que impedían la actividad sexual entre los tripulantes. Aprendieron por fin los mandacallar de la agencia espacial que una de las características esenciales del ser humano es el sexo; que los astronautas asexuados son una fantasía; que el bello comportamiento de las tripulaciones mixtas fue solamente una fábula escrita, y actuada, por ellos en sus informes oficiales. Aun en los grupos de sexo único.  Este grupo de muchachos  y muchachas que apenas rondaban los treinta tuvo pues toda la libertad de expresión y de acción e incluso pudieron ingresar solos o acompañados a espacios no vigilados por cámaras ni micrófonos.  También tuvieron muchas más horas libres que los de cualquier misión anterior y las estaban aprovechando a su gusto para animadas tertulias, juegos ingeniados por ellos mismos, observaciones no oficiales por las escotillas, en las que vieron los famosos puntos brillantes ya informados por astronautas de otras misiones.  Construyeron sobre estas lucecitas imaginativas hipótesis, desde espíritus de pecadores que no lograron llegar al paraíso y fueron sentenciados a vagar por el universo hasta naves de otras galaxias en misiones de conquista de la Vía Láctea y explicaban su diminuto tamaño en que viajarían por otra dimensión y solo un pequeño rastro sería detectable en la nuestra.  Cynthia le dijo a Marcus esas lucecitas son manifestaciones previas de algo que tengo que comunicarte; dime qué es; ten paciencia, ya lo sabrás.

Se llegó el maravilloso momento del ingreso en órbita marciana.  La trayectoria de la nave había sido perfecta, no ocurrió ningún desvío y pudieron aproximarse a la órbita de Marte cuando el planeta pasaba por allí; solo tuvieron que disparar uno de los cohetes incorporados que frenara el artefacto lo suficiente para evitar colisión con el planeta, quedar dentro de su campo gravitacional y girando en derredor.  Estallaron en júbilo cuando lo lograron, se abrazaron y besaron mutuamente, se cambiaban unos por otros y seguían besándose muy apretados hasta que Jimmy, el más serio de todos los llamó al orden.  Desde la órbita se tenía visión sobre el rojizo panorama y comenzaron a distinguir las diferentes manchas que correspondían a los valles, colinas, volcanes y serpenteantes hondonadas por donde millones de años antes corrían los ríos; Marcus fue sacudido por un escalofrío de duda sobre la existencia de agua en los lugares que les habían indicado, de la que dependería su subsistencia.  Poco después presenciaron la fiesta que hacían allá abajo los diablitos, unos remolinos que se han observado recientemente, que confirman la existencia de una atmósfera por si quedan dudas sobre lo detectado por instrumentos.

Tras realizar varias órbitas, desde donde observaban los lugares de aterrizaje previstos y hacían mediciones y tomaban fotos, fueron autorizados para el descenso.  Hicieron el disparo de cohete necesario para abandonar órbita y comenzaron a caer,  en la forma lenta de curva parabólica propia de estos viajes, abrieron los paracaídas en el momento correcto, pues al igual que en la Tierra la caída se desacelera aprovechando la resistencia del aire atmosférico, y festejaron con dicha el suave descenso, Marcus abrazado a Cynthia y también Norah con Jimmy, olvidando con la emoción obedecer la instrucción de amarrarse a sus sillas con la misma posición corporal del lanzamiento.  Cuando les faltaban apenas segundos cayeron en la cuenta y lo único que pudieron hacer fue apretarse fuertemente entre los cuatro para que la fuerza del impacto se disolviera en su masa conjunta y así, riendo nerviosamente, soportaron el golpe de la caída, que fue suave, tan bien calculado estuvo el tamaño de los paracaídas y el momento preciso para accionarlos.  Se encontraban ahora en la Amazonis Planitia y contemplaban extasiados por la escotilla el amplio llano rojizo que se extendía por uno de sus costados hasta el Monte Olimpo allá lejos, el más alto entre todos los planetas del sistema solar y se sentían apabullados frente a ese coloso.

Se apresuraron a ajustarse muy bien los trajes que los protegerían de las extremas condiciones del lugar y se conectaron cuidadosamente el oxígeno para salir a explorar el lugar, cuya atmósfera está compuesta principalmente por dióxido de carbono, irrespirable para los humanos.  Organizaron los dos grupos de dos que les fueron recomendados, para poder auxiliarse unos a otros en eventuales peligros, y no nos va a dar trabajo adivinar como fueron conformados; activaron la cámara que los seguiría desde la cápsula y salieron de esta a su primera exploración, primero una pareja y algunos minutos después los otros dos, llevando todos ellos también sus cámaras pues había que hacer registro detallado permanente de sus recorridos.  Uno de esos remolinos apareció cerca y dio un rodeo en torno de ellos como en son de saludo y le hicieron algunos gestos amistosos.  Terminada esta primera caminata, ya cayendo la noche marciana, volvieron a la nave para tener su primer sueño o pesadilla.

Al día siguiente, después de la pesada comunicación con el centro de control, en la que se debía esperar varios minutos cada respuesta por razón de la demora de las ondas de radio para recorrer esa distancia astronómica, y en la que les confirmaron que deberían comenzar por construir el refugio que los albergaría por mucho tiempo, hicieron las perforaciones para extraer agua, pues en esa región marciana se había detectado hielo un metro debajo de la superficie y por eso había sido escogida para el aterrizaje y empezaron la labor de levantar esa moderna cabaña con la técnica de impresión 3D, todo seguido por cámara y sin la oportunidad de cariñosos acercamientos.  En dos días marcianos concluyeron el trabajo y fueron felicitados desde Tierra por la impecable obra.  El éxito de la tarea fue celebrado con un brindis con un vino traído desde su remoto lugar de origen.  Después del trago, Cynthia se llevó a Marcus aparte, ¿recuerdas que tenía algo para decirte? que te quiero mucho, como de aquí a la Tierra y que quiero que sigamos juntos toda la vida.  A Marcus se le encharcaron los ojos y le dio un beso como de Marte al Sol.

En los días sucesivos, que duraban apenas un poco más que un día en la Tierra, ya viviendo en el refugio y satisfechos por retomar toda su intimidad personal,  incluso con un nuevo idilio entre Jimmy y Norah, hicieron todos los trabajos previstos, empezando por el de conducir el agua por tuberías. 

Los denominados dust devils o diablitos marcianos volvieron a dejarse ver muy cerca del sitio y los amigos se cuidaron de acercarse esta vez, pues comprobaron que tenían fuerza suficiente para levantar algunas piedras.  Continuaron durante varias jornadas con las exigentes labores de exploración, fotografía, recolección de muestras, exposición de los diminutos seres vivos bajo condiciones controladas y registro detallado de todos los resultados y descubrimientos; cuidando al mismo tiempo las provisiones de alimentos que tendrían que durarles varios meses mientras se comenzaban a producir en los viveros que estaban instalando.  Los diablitos fueron creciendo, ya hacían temblar el refugio cuando lo rozaban y adoptaron la precaución de salir siempre en pareja bien abrazados para resistir el empuje.  En cierto momento el viento fue tan fuerte que levantó a Norah y Jimmy y los lanzó con fuerza contra unas rocas.  No se atrevieron a sepultarlos en el mismo terreno por temor a contaminar el agua; tuvieron que llevarlos hasta un sitio que según el mapa era completamente seco y los cubrieron muy bien ante la duda de si se descomponían o se momificaban y cualquiera de ambas cosas sería terrible.

¿Por qué nos tenía que pasar esto? ¿Será que esos remolinos son de verdad unos demonios que están empeñados en no permitir que profanemos su siniestro planeta con nuestro espíritu juvenil?; no creas en esas cosas Cin, son meros fenómenos naturales; no me convences, yo creo que el bello amor de Norah y Jimmy no les gustó nada, fueron por ellos y pronto vendrán por nosotros; ¿qué te hace pensar en eso, linda?; ellos dos hicieron una ceremonia de sanación después de nuestro brindis, salieron a derramar sobre el terreno restos de vino que habían dejado en sus copas y pronunciaron al regresar unas palabras de invocación a los buenos hados para protegernos contra los diablitos, tú sabes que ella desciende de indígenas y ha conservado algunas de sus creencias, entre ellas el respetuoso terror a los espíritus malignos; mira queridita, no son ningunos seres con vida, ese nombre fue asignado juguetonamente por los astrónomos por la similitud con los pequeños remolinos de verano en las cercanías de las casas que son llamados también diablitos; no me acabo de convencer…; verás que no van a venir por nosotros.

El día siguiente trabajaban ambos en silencio, con las mejillas húmedas, con la mente embotada, con sombrías miradas mutuas y también frecuentes miradas al horizonte, ella por si aparecían los demonios, él para convencerse de que el aire estaba en calma.  De repente un diablo muy fuerte, como salido de la nada, vino a saludarlos.  Corrieron hacia el refugio y el remolino se les adelantó; lograron lanzarse por una ventana que dejaron abierta y se quedaron escondidos hasta el amanecer.  Se levantaron a inventar algún desayuno, pues se habían olvidado de alimentarse.  El día estaba bastante sombrío pero con un beso y estrecho abrazo se dieron ánimos y salieron a cumplir con sus tareas.

Hacia el medio día los acosó un tornado, ¡tenía que ser el mismo espíritu maligno de la víspera, estaba segura Cynthia!  Se situó entre ellos y la cabaña y extendía ráfagas laterales que no les daban opción de dar un rodeo; se lanzaron entonces al suelo muy bien abrazados; el viento los rozaba con fiereza, juntos saldremos o juntos nos hundiremos, no olvides Marcus que mi amor es profundo, más fuerte que estos vientos, más amplio que el sistema solar, más bello que el cielo estrellado; yo te adoro mujer, serás mi eterna compañera de vida y más allá de la vida.

Una gruesa capa de arena los cubrió completamente y quedaron para siempre unidos allí, a dos kilómetros de la caseta y de la nave, que sí resistieron los embates de la marciana tempestad.

lunes, 2 de febrero de 2026

 

El jibarito


Los viajes en bus tienen un hechizo especial sobre uno, no importando las incomodidades, los malos olores, el calor, el frío, el maltrato, los riesgos, los olvidos, la basura y el desespero por llegar.  Es que estar sintiéndose llevado sin mover los pies, sin tener unas alas para volar, sin el poder de la teleportación, ya es una sensación muy positiva a pesar de que no seamos conscientes y la despreciemos.

Puedo ir cómodamente sentado sobre una silla acojinada o con el trasero soportando las talladuras de una superficie dura y con una forma que no respeta la de esa parte sagrada de mi anatomía; puedo estar amplio o, como sucede en los buses urbanos recién acondicionados de las empresas transportadoras de mi ciudad, que redistribuyeron silletería reduciendo espacios, comprimido entre la ventana y la señora gorda del lado o bien entre el obrero sudoroso que disfruta (es un decir) de la ventanilla y la muchacha que va de pie en el pasillo apretada entre un viejo verde por delante y un muchacho confianzudo por detrás y apretándose ella contra mí para esquivarlos, yo sufriendo por que sus jóvenes y apetitosas carnes no me despierten la libido y no me produzcan movimientos involuntarios que ella tome por mal intencionados y me haga un escándalo para no hacérselo a los que sí la aprietan con deseo.   Puedo ser, muchas veces, uno de los pasajeros sostenidos en los pies y colgados de una barra, balanceado hacia delante, hacia atrás y hacia los lados en cada frenazo, arrancada o curva, y en cada uno de estos casos quedar empujado por las tetas de la que está detrás; puedo tener que soportar que alguno me sobe el pecho o los muslos con el voluminoso paquete de compras que lleva mientras se abre paso para llegar a la puerta de salida.

Por encima de todas las incomodidades, el sentirse llevado, repito, por la ciudad, mirando como perrito de rico a través de la ventanilla, admirando la vegetación de las avenidas, descubriendo el inicio de nuevas obras, viendo pasar chicas bonitas de semblante alegre y piernas bien forradas en jean o bien destapadas por la tentadora minifalda, presenciando desde la protección del espacio cerrado reyertas callejeras, recibiendo el sol que se cuela por las ventanillas, es algo gratificante y educativo.

Incomodidad destacable es la del ruido: frenos mal mantenidos que chirrían agudo, cercanía de obras con martillos neumáticos, tráfico congestionado, radio que el chofer pone a todo volumen en alguna emisora chabacana e irrespetuosa.  Otras veces me atormentaban cantantes de esos que abordan de improviso y nos acompañan por el resto del camino.  Pero un día me hizo cambiar de opinión un hombre humilde, menudo, de unos cincuenta a sesenta años, de canoso bigotito bien recortado, ojos claros, camisa barata muy limpia, sombrero ajado pero impecable y guitarra que a pesar de estar muy afectada por el uso se encontraba juiciosamente afinada.  El hombre pidió el consabido permiso para presentarnos sus canciones y espero no molestarlos y que comprendan que por mi difícil situación económica debo dedicarme al arte ambulatorio, pues el grupo al que pertenecía se disolvió y en ningún lado me reciben.  Enseguida nos deleitó o atormentó con tú quieres que te cante mujer idolatrada y luego sale loco de contento con su cargamento para la ciudad y después si es verdad lo que me dices que tu amor tan solo es mío no comprendo por qué tardas en unirte junto a mí y más de esas tonadas populares.  A mí no me molestó, voz bien timbrada, guitarra bien afinada y sobre todo ese espíritu bonachón, campechano y tristón. 

Además, me trajo a la memoria la noche que terminé con mi primera novia sentados en un barcito, que pusieron a sonar como adrede ...si es que alguna duda tienes o quizá ya no me quieres, puede ser que otros quereres te hagan proceder así...

Mientras él canta yo veo pasar las paradas y pienso con László "Simplemente observo pasar las estaciones, y siento que he pensado en todo, y he dicho todo sobre lo que pienso acerca de la rebelión, la dignidad humana, los ángeles, y sí, tal vez sobre todo, incluso la esperanza".

Los viajantes se apeaban en una parada y en otra sin darle nada o le lanzaban una moneda que tenía que agacharse a recoger.  Antes de llegar a mi lejano destino, el juglar dio por terminado su recital espero que haya sido de su agrado y les encarezco me lo hagan saber con su pequeño "óvulo" no importa si es de escaso valor, Dios nuestro señor se lo multiplicará.  Le extendí un billete de cinco mil, me miró con esos ojos tristes e inocentes y preguntó ¿todo esto?, ¿está seguro?, ¿cuánto le tengo que devolver?  Con mi respuesta se deshizo en agradecimientos y me dio todas las bendiciones que Dios no alcanza a procesar en un día.  Yo me apeé un poco después nimbado de la gracia simple y buena del hombre que me hizo mirar distinto hacia los parias del sistema que tienen que fastidiarnos o violentarnos para sobrevivir.


viernes, 12 de diciembre de 2025

 

CAE BIEN LA NAVIDAD


El trabajo de Juan Carlos era pesado.  Como trabajador de obras públicas tenía que hacer fuerzas, aguantar tirones, guardar equilibrios y más de una vez su buena suerte lo libró de accidentes; sus compañeros decían que tenía un ángel.  Por ejemplo, en una ocasión, cruzando una avenida, una veloz motocicleta venía hacia él y en el último instante le pasó rozando por detrás y él apenas se tocó las nalgas para cerciorarse de que quedaron en su sitio.

La ornamentación navideña de la ciudad incluía unas imágenes luminosas gigantescas a todo lo largo de la avenida principal: santos, pastores, ovejas, camellos, ángeles…  Y estos últimos iban elevados por encima de todos los demás, pues se suponía que venían bajando del cielo a dar el anuncio a los pastores.  El mayor de estos espíritus alados iba colocado en un largo poste a veinticinco metros de altura y le asignaron a Juan Carlos el trabajo de anclarlo allí arriba, vestirlo con los velos blancos brillantes confeccionados para él, fijarle sus alas de plumas nacaradas muy bien simuladas, ponerle su estrella de luz en la frente, la aureola de tubo de luces y las sandalias azules claras.  La figura iba inclinada unos treinta grados, ligada por uno de los pies al poste de soporte, con la otra pierna al aire y un tanto doblada, un brazo tendido hacia lo alto como apuntando al avance en esa dirección y las alas abiertas semiplegadas fingiendo el batir del vuelo.

En el tope, Juan Carlos se sentía a sus anchas, no le temblaban las piernas, temblaba de la emoción de estar instalando en versión gigante esos angelitos que de niño admiraba en el pesebre; se extasiaba observando todo allá abajo.  El movimiento de los carros, las bicicletas y las personas se le hacía más lento; mirando a lo lejos, los edificios del centro de la ciudad se veían pequeños, en cambio las montañas allá en la lejanía le parecían descomunales.  Desde esa altura, se sentía el Creador dando vida a todos los seres.  Cuando se acordaba de que estaba trabajando se aplicaba a la tarea, pero pronto se distraía de nuevo con el espectáculo que tenía alrededor y se ponía a imaginarse un recorrido nocturno con su novia por el sendero navideño de iluminación multicolor; hasta sentía el olor a natilla y buñuelos.

En un momento dado, fijando unas campanillas en el cinto del ángel, necesitó alcanzar algo más allá y se estiró confiado en que el cable de sujeción lo sostendría, pero este se había zafado de la argolla, perdió Juan Carlos el equilibrio y se salió de la pequeña plataforma; estiró el brazo para tratar de asirse a algo, pero ya iba en caída libre.  Se precipitaba con la aceleración de la gravedad, pero en su mente transcurría el tiempo con suma lentitud.  Alcanzó a pensar ya nada puedo agarrar y me voy a hacer pedazos contra el pavimento.  He recibido el castigo a la soberbia de sentirme creador.  Amada Catalina novia mía, sabes que te quise mucho, qué lástima no llevarte conmigo a la otra vida, deseo que en este mundo sigas siendo feliz, no me llores…  Va pasando frente a la plataforma inferior... Papá, mamá, les agradezco todo lo que hicieron por mí, si puedo desde allá los llenaré de suerte… Ve el rojo del semáforo frente a sí... Ya voy llegando a mi destino final, compañeros pónganle todo a esta obra, que les quede hermosa.  Frenazo brusco a cincuenta centímetros del piso... Juan Carlos se balancea suspendido del cable... siente una inmensa alegría... está intacto... se aproximan a liberarlo en medio de gritos de felicidad.

Arriba, su ángel sonríe sosteniendo el cable.  Lo atrapó cuando Juan Carlos se soltaba, no fue difícil estirar el brazo, no quería que el muchacho dejara su obra inconclusa ni se perdiera una linda navidad con el amor de su Catalina.


lunes, 10 de noviembre de 2025


QUÉ UNIVERSO TAN PARTICULAR


El niño de seis años se embelesaba mirando desde la cama a las seis de la mañana el estrecho rayo de sol que entraba por un resquicio de la ventana.  Lo fascinaba el brillo de los miles de  partículas de polvo que bailaban en la columna luminosa.  Él no comprendía la razón física del fenómeno, más bien creaba diminutos seres extraordinarios, se convencía de que venían a buscarlo para jugar y conversaba con ellos largo rato.  Cuando entraba la mamá a la pieza abriendo del todo puerta y ventana  la invasión de luz aclaraba todo, los minúsculos amiguitos huían y él se defraudaba pero al momento el olor a desayuno lo transportaba a otro placer y salía corriendo a buscar los manjares.

En sus juegos infantiles, proponía a sus amiguitos irse a buscar a esos duendes y hadas que viajaban sobre los rayos de luz.  Pero mira que aquí no hay rayos, hay luz regada por todas partes.  Eso lo frustraba, pero una tarde la luz crepuscular se filtró en forma de múltiples haces por entre las nubes dispersas que tachonaban el cielo y el chico animó a los amigos a caminar más allá y más allá para encontrar a las mágicas criaturas.  La búsqueda de los angustiados padres terminó de noche y los chicos y chicas recibieron el que se suponía un merecido castigo.

La obsesión por las multitudes de objetos en movimiento se le trasladó al niño a otro ámbito: las pequeñas lagunas llenas de renacuajos que nadaban velozmente en un gran desorden, donde se quedaba como hipnotizado por largo rato, hasta que tenían que llevárselo prácticamente arrastrado a casa.  Pero no se aquietaba, comenzaba a hacer cantidades de preguntas sobre el origen de esos animalitos, por qué su cantidad, su evolución, etc.  Se quedaba toda la noche preguntándose por qué los terneros no nacían en grandes cantidades ni los perros y gatos, a lo sumo cuatro o cinco cachorritos y ansiaba que su madre encinta diera a luz una cuadrilla de bebecitos para disfrutar jugando con ellos cuando crecieran.

No hay que detenerse a pensar mucho para comprender que al ir creciendo sus pasatiempos favoritos fueron los modelos armables de quinientas o mil fichas y los rompecabezas de cinco mil piezas; ademas, se extasiaba en las noches despejadas observando el firmamento, tratando de  captar en su mente la multitud de estrellas y aprenderse las formas de las múltiples constelaciones y los lugares que ellas ocupan.  Una sorpresa más se le presentó cuando después de una noche de esas y en medio de su sueño se le produjo su primera emisión nocturna y al averiguar temeroso sobre la razón de ello supo de los millones de pequeñas células que navegaban en ese líquido suyo y de la inmensa cantidad de ocasiones en que los iba a producir durante su juventud y madurez.

Otra grata sorpresa se la dio el profesor de Química al explicar el modelo atómico, que ya no era el de Bohr con unos electroncitos girando juiciosos alrededor de protoncitos y neutroncitos: nubes probabilísticas con posiciones cuánticas de los electrones y presencia de bosones, miones, gluones, fermiones, leptones, bariones… y así hasta el mareo.  Los compañeros se divertían dibujando a unos como mexicanos de bozo largo, a otros como perritos regando un poste con la pata estirada, a otros bebiendo apurados una Coca Cola, glu glu glu…

Se recibió de bachiller en medio de premios y menciones honoríficas y del aplauso de todos los suyos. Pasó unas agradables vacaciones en la finca de la noviecita que había conquistado en el último año y después se fue a la ciudad a estudiar la carrera de Física, para dar paso a su ansiada especialización: la física de partículas.


lunes, 27 de octubre de 2025


Litigio sagrado

Historia ficcionada

(Apoyada en hechos reales ocurridos en el municipio de Concepción, Antioquia)

El alcalde estaba en sus dulces sueños al lado de su mujer a las dos de la mañana y de repente lanzó un alarido de terror y alargó la mano para encender la luz.  La mujer oyó primero el grito en sueños y lo figuró como el chillido de un marrano que era sacrificado, pero luego el resplandor en la habitación y las sacudidas que le daba su esposo la volvieron a la tediosa realidad.  ¿Qué te pasa hombre, por qué me mueves, temblor de tierra?; no querida son las ánimas; ah eso es lo de menos, yo me asusté pensando en un temblor; ¿y no te importa que ellas me lleven al infierno?; infierno el que tienes en tu despacho, duérmete y mañana te vas derecho a destituir a ese secretario.  Por no discutirle, se volteó hacia el otro lado se cobijó bien y se puso a buscar sueño sin apagar la luz, tal era el miedo que todavía le quedaba.

El terror a las ánimas del purgatorio le venía de haber recibido una maldición que le profirió un antiguo párroco ahora internado en el ancianato del pueblo, una casa de tapia muy vieja pero bien conservada bajo la tutela de las madres santateresianas.  El haber patrocinado la demanda contra esos venerados espíritus por iniciativa del cura nuevo con participación del reconocido abogado de la población le valió la enemistad del viejo curita cascarrabias quien se descargó con él para no atreverse a condenar directamente al ponderado y dinámico párroco, a quien le tenía respeto y temor.

La noche siguiente, lunes, a las nueve, fue masiva la procesión de las benditas ánimas promovida por la cofradía Anima Mea, que siempre salía del cementerio a esa hora y día de la semana y recorría las calles principales en medio de oraciones recitadas por asistentes con hábitos blancos rematados en capuchas puntiagudas, con vela encendida en una mano y camándula en la otra, para asombro del público en balcones de chambrana y ventanas arrodilladas.  Aunque el párroco y con este el obispo siempre se negaban a darle la aprobación a esta costumbre, la cofradía y sus seguidores no la dejaban y hasta remataban el desfile con una misa celebrada por un cura suelto en un viejo oratorio restaurado para el efecto.

El martes al medio día, el esbelto Isidoro y la gordita Carmela pelirroja les contaban en el parque a sus amigos y a todos los que se fueron acercando atraídos por la entusiasta descripción, que en la manifestación de la víspera se habían hecho patentes las extrañas voces enérgicas que desde muy arriba respondían a las jaculatorias, prueba irrefutable de que las benditas ánimas del purgatorio los apoyaban en sus exigencias de volver atrás la sentencia y entregarles de nuevo el templo que les pertenecía.

Esto, porque la titularidad del predio ocupado por el templo de la Inmaculada Concepción fue asignada por sentencia judicial a la parroquia del mismo nombre en razón de que los demandados Ánimas del Purgatorio y Nuestro Amo, herederos de la devota anciana Nicolasa por testamento del siglo XIX, nunca se dejaron ver en el proceso de pertenencia instaurado en el juzgado primero civil del circuito.  Todo se había hecho por los conductos legales: el cura párroco, acogiendo la prudente recomendación del joven abogado Alcibíades, le dio poder para demandar a los ya mencionados para que comparecieran a defender su derecho de propiedad; el juzgado los convocó mediante edicto y, como nunca se presentaron, dio valor a las pruebas aportadas por el abogado, testimonios de testigos y evidencias de posesión.

Empujado por el alcalde y doña Graciela, el doctor Jaimes reconocido historiador de la comarca, sesentón de cabellos de plata y clara dicción, se dirigió al parque principal a hacerle frente a una multitud que se había ido congregando alrededor de Isidoro y Carmela y con su calma y seguridad logró disuadirlos de marchar hacia la casa de la madre del abogado, con oscuros propósitos.  Les mostró cómo el templo había sido salvado de la completa ruina y también todo el valioso arte que contenía, de valor indeterminado según la sentencia; les hizo ver que el mismo obispo había apoyado en todo momento el procedimiento y recuerden que la Santa Sede desestimó la querella interpuesta por un grupo de beatas rezanderas; recuerden que ante la ausencia del ministerio, que avaló la sentencia pero no erogó un solo peso, toda la región se volcó a financiar la obra, desde la Fundación Ferrocarril hasta la alcaldía, gobernación y los hacendados del pueblo.  Váyanse más bien allí al bar de don Rigoberto a tomarse una cerveza que yo la pago.  Las polas heladas aplacaron la revuelta.

Todo había empezado un domingo de resurrección, cuando el padre Hernando acudió confundido al reconocido abogado a consultarle cómo resolver el problema que se le presentó por pedir apoyo al ministerio de Cultura para recuperar el templo parroquial que estaba a punto de derrumbarse, que allí le pidieron las escrituras y el ministerio le negó el apoyo por no ser la parroquia la propietaria de la edificación.  ¿Cómo así padre, a nombre de quién está el templo?  Después de una carcajada, al profesional se le ocurrió la idea salvadora de llamar a esos espirituales propietarios a comparecer, con la seguridad de que nunca se iban a presentar.  Durante el plazo del proceso el cura sufría todas las noches, después de rezar las Vísperas y Completas, esperando en la oscuridad las apariciones que le anunciarían condena eterna por su rebeldía contra el Creador y sus criaturas amadas y no tuvo reposo hasta que se produjo el fallo que fue respaldado por el obispo.

La mamá del abogado, doña Graciela, católica como su hijo, hizo fiesta al enterarse de la decisión y llenó su tienda en el parque de fotografías y leyendas alusivas al caso.  Ella sostenía unas son de cal y otras de arena, al alma se le da alimento espiritual en el templo pero al edificio material de la iglesia hay que hacerle las reparaciones con las fuertes manos de los albañiles, mientras que a esos espíritus no les hace falta una propiedad cuando se pasean a sus anchas por todos los predios del municipio y no se molestan en donar un solo kilo de cemento.

La madre del alcalde falleció poco después, fue muy lamentada en el pueblo y el hombre comenzó a visitarla en su tumba todas las noches después del rezo de novena, al fin como máxima autoridad el vigilante no podía negarle el acceso.  La novena noche la anciana le habló al consternado hijo, no te atormentes más Pacho mira que el cura se tranquilizó, yo ya formo parte del combo de la ánimas y me he enterado de que ellas desistieron de cualquier reclamación desde que don Fernando González hace muchos años como juez municipal de Envigado se negó a validar el testamento de una vieja que les dejaba a ellas todos sus bienes, el muy ateo, y por eso con su ausencia favorecieron la sentencia del 28 de septiembre, vete en paz y no me reces más que no lo necesito.

(Se cambiaron los nombres de los personajes reales y se crearon otros ficticios)

Juego de palabras Anagramas de la prosaica sartén TERNAS El presidente quería designar como Fiscal General de la Nación a su íntima amiga Ce...