miércoles, 29 de noviembre de 2023

 REDESCUBRIMIENTO DE UNA SANTÍSIMA VERDAD

Estoy leyendo el recién publicado compendio de las cartas que se escribían entre sí los cuatro más grandes del boom latinoamericano, García Márquez, Carlos Fuentes, Vargas Llosa y Julio Cortázar.

Qué belleza de amistad.  Cómo se querían ellos.  Cómo se apoyaban sin el más leve asomo de envidia o competencia.  Comentan los editores que ello no se ha conocido en ningún otro grupo de escritores de región o idioma alguno.

Extraigo de allí unos apartes del hechizante juicio que hizo Carlos Fuentes de la recién aparecida Cien Años de Soledad en una misiva al autor:

Acabo de leer Cien años de soledad y siento que he pasado por una de las experiencias literarias más entrañables que recuerdo.

...deslumbrante totalidad de esa crónica exaltante y triste, para esa prosa sostenida sin desmayo, para esa imaginación radicalmente liberadora.

...los Buendía, como don Quijote, solo existen a partir de la literatura, pero la literatura se convierte en la realidad superior porque es capaz de dar vida a los Buendía.

...una generación y regeneración al infinito de las figuras que nos propone el autor, mago inicial de un exorcismo que ya no puede tener fin.

...qué prodigiosa imagen cervantesca del mundo...

Te confieso que me siento aplastado. Con un block del carajo. A ver cuánto me dura. Me parece inútil escribir después de leer tu libro. Es la misma impresión que se tiene leyendo la Biblia o los trágicos griegos: todo ha sido dicho, el verbo ha encarnado.


domingo, 28 de mayo de 2023

 

Los fantasmas del ropero

Relato


Cuando prenden las luces para abrir nuestro refugio tenemos que escondernos.  Pero no saben que estamos organizando un desquite.  En nuestras asambleas, han surgido varias propuestas muy acertadas y creemos que por fin tendremos un regreso bastante satisfactorio a las épocas en que éramos dueños de las noches caseras.  La opción que más me gusta es la de salirnos por todas las rendijas cuando la estancia esté oscura y meternos bajo las almohadas, entre las cobijas, en el interior de los zapatos, en los bolsillos de las ropas dejadas sobre la silla, todavía calientes y, desde allí, dar el asalto.  Sus alaridos de terror van a ser más estridentes que los nuestros, su palidez va a ser más blanca que la nuestra, su memoria nos va a mantener vivos para siempre.

sábado, 22 de abril de 2023

 

ENSOÑACIONES DE ELADIO


Era una finca verde y con frutales, con una casona amplia, llena de flores, salas y corredores, donde Eladio disfrutaba meditando las tardes de domingo echado en una hamaca de frente a la naturaleza y vigilado por un cielo azul que no lo quería abandonar.

Ese edén es ahora uno de los barrios de la comuna de Belén, atravesado por ruidosas avenidas, superpoblado y ultrajado por moles de veinticinco pisos.

Al pent-house de un edificio abandonado llega todas las tardes un astronauta que proviene de los cielos a regocijarse hilando su propio sistema filosófico.  Aquel Eladio, fallecido hace años.


viernes, 17 de febrero de 2023


Como un amor no correspondido

Relato


Esa lotería jugaba a las diez de la noche.  Compré un número a las nueve y ese ganó.

Cuando fui a cobrar, me alegaron que el sorteo fue antes de mi compra.

Yo estaba en otro huso horario.


martes, 20 de diciembre de 2022


Esa temporada sublime

Relato


Es otro de los meses del año.  Y es de los largos, tiene treinta y un días.  A Paula no le parece más interesante que el mes en que saca sus vacaciones, tan emocionante; qué de excitantes programas puede hacer.  Rubén tiene que trabajar más en este mes, pues es el de las grandes ventas; pocos descansos tiene durante estas cuatro semanas y media; tampoco le ve el encanto que pregonan por todas partes.

El día primero se levantan con torpeza; no quieren ir al trabajo; la costumbre de quemar pólvora toda la madrugada para darle el saludo de bienvenida al dichoso mes número doce los tuvo con los ojos abiertos y las mentes rebeladas.  El gato, que se había refugiado bajo la cama, se metió bajo las cobijas y se acomodó entre ambos; intentaron calmarlo, pero de dónde saca calma el que está horrorizado; intentaron acariciarse, juntar los cuerpos, pero el sagaz animalito se las ingenió para impedirlo.

El día seis es la fiesta de Navidad de la empresa y Paula la disfruta porque hay deliciosas viandas, sirven licor sin medida y distribuyen premios que la llenan de contento.  Tiene que ahuyentar al insistente del Miguel; guardemos distancia, estoy bajo sospecha de contagio del virus.  Disculpa que le vale una invitación a retirarse, no regrese mañana hasta tener resultados de la prueba.

Rubén se la goza cuando se entera de toda la aventura y, sobre todo, del disgusto por haberse perdido el sorteo del premio grande.  Yo soy tu premio grande, y se empeña en calmarla con mimos y caricias.  Pasado el rato, salen a buscar “esos regalos que toca dar en esta época y en los que es tan difícil atinarles a las personas”.

El día 15, ya atardeciendo, viene Paula por la calle, de vuelta del trabajo, y la alcanzan unos rayos solferinos que se filtran entre las ramas de los árboles de un bosquecito.  Para en seco y se queda extasiada contemplando el espectáculo; entre tanto, se embelesa en la escucha de una suave música que no identifica y tampoco sabe de dónde proviene.  Se siente acariciada por  las hadas, sabe bien que éstas no existen, y se ve volando por encima de la zona verde hasta la fuente que anima la vía con sus mil chorrillos.  Se estrega los ojos y vuelve a la realidad: está de pies en medio del amplio andén y la gente pasa apurada por lado y lado sin prestarle atención.

En la comida, le relata a Rubén su fascinante experiencia y lo invita a encontrarse al atardecer en el mismo lugar.  Él, un tanto disgustado, le responde que sus experiencias, más realistas, son muy desagradables y le cuenta de su altercado de la mañana con la jefe, que le valió un dolor de cabeza, le hizo temer un despido y también le granjeó un disgusto con su mejor compañera de trabajo que defendía la posición de la jefe.  No tengo espíritu para buscar esas ridículas sensaciones.

Paula se levantó taciturna por la mañana, lamentando el rechazo de su pareja y preocupada por su percance en el trabajo.  Minutos después, salió Rubén, quien empezaba jornada más temprano; iba arrepentido de su tosca respuesta de la noche a su amorcito y pensando en cómo subsanar la ofensa.  Al pasar la puerta, lo acometió una bocanada de aire fresco que le produjo un cierto alivio; estaba cerrándose la abotonadura del saco cuando escuchó un canto de pájaros que le inspiraba ternura; miró hacia el árbol del frente y verificó que cuatro avecillas, posadas lado a lado en una rama, entonaban armónicamente, como el coro mejor entrenado.  No supo cuánto tiempo estuvo allí extasiado, pero sí supo que llegó tarde al trabajo con una flor en la mano para su amiga y una amplia sonrisa para la jefe que lo miraba reloj en mano.  Esta quedó desarmada y cambió su reprimenda por una solicitud de disculpas.

Saliendo de la oficina al final del día, llamó por su teléfono a Paula, encontrémonos en ese bosquecito, quiero vivir contigo esos momentos tan lindos, se tienen que repetir hoy; estoy resfriada, voy llegando a casa y no tengo fuerzas; ya me voy a cuidarte, cariño, te quiero mucho.  El aroma de la bebida aromática se sentía embriagador, las fricciones con ungüento mentolado parecían despedir música, la compañía del chico parecía la de un ángel guardián.

En la nueva mañana, salieron juntos a solicitar atención médica.  Como no iban apurados hacia el trabajo, pudieron prestar atención a las florecitas de los árboles, los mismos árboles que desconocían a diario; a los verdes prados que eran verdes todos los días; a los perritos que retozaban y los gatitos bandidos que conquistaban alturas.  De repente, todo el escenario cercano tomó un colorido asombroso, se escuchó de nuevo una melodiosa música y, al levantar la vista hacia las montañas lejanas, estas se veían envueltas en gazas blanquecinas que irradiaban un suave brillo y el cielo azul sobre ellas cambiaba a un tono intenso que inspiraba alegría.  Una suave y dulce fragancia los invadía y era imposible adivinar de donde llegaba.  Rubén abrazó con fuerza a Paula y con su boca buscó la suya; ella intentó rechazarlo, no te quiero contagiar, pero él no se retiró y después del beso ella se sintió completamente aliviada; Rubén, liberado del mal momento pasado y ambos, muy enamorados.

Decidieron no presentarse a sus trabajos y pasar todo el día juntos; que nos hagan el descuento, vale más lo que ahora sentimos y siguieron con ese encanto especial todos los días del mes, de ese enigmático mes que antes despreciaban.

domingo, 20 de noviembre de 2022


 Misión cumplida

Relato


Clarita y Julián se hicieron buenos amigos desde la noche que él apareció y la libró del acoso al que la sometían dos muchachos que la estaban siguiendo por una calle oscura.  Él simplemente le pasó un brazo por la cintura y siguió con ella al tiempo que amagaba a darles unos golpes a los pelafustanes.

Compartían mucho.  Ella lo consideraba su héroe.  El le decía soy entonces un héroe mitológico y tú eres la diosa ante quien me rindo.  Prorrumpían en risas y continuaban en lo suyo, que no eran más que inocentes entretenciones y anodinas conversaciones, en encuentros más bien casuales que concertaban cuando no se encontraban, cada uno, con sus amistades.

Un día, Clarita le pidió que le hiciera de edecán en el baile de graduación.  Él inventó cualquier disculpa y enrojeció.

Convencido Julián de que se había librado del tremendo compromiso, se despidió pronto y no volvió a llamarla por muchos días.

Clarita, con comezón en el alma, lo comentó con sus dos amigas más íntimas y ellas, que lo conocían, se comprometieron a hacerlo cambiar de opinión.  Lo buscaron cierto día a la salida de las clases y le cayeron sin piedad.

– Julián, la única que falta por pareja para el baile es Clarita y tú eres el elegido –le dijo una de ellas, sonriéndole y acariciándole los cabellos.

–Mejor le buscan un parejo que sepa bailar; yo no bailo.  Prefiero salir a buscar el Vellocino de oro.

–No puedes quedar como un asno.  Te damos un curso intensivo de danza, le sirves de edecán y te acercamos con Mónica, que sabemos que le gustas mucho –le propuso la otra, presionándole los cachetes cariñosamente con ambas manos.

–Déjenme pensarlo –dijo ruborizándose.

El baile fue esplendoroso.  La pareja que más se lució fue la de Clarita y Julián.  El beso con que la diosa premió por su hazaña al héroe, ya en privado, dio inicio a un idilio que le hacía despedir rayos y centellas a Mónica, la diosa despreciada.


miércoles, 9 de noviembre de 2022


Solo por pares

Relato

    Regresó del baño y notó que alguien estaba acostado al lado de su mujer, bien cobijado. Con los vellos de punta, encendió la luz y la vio sola, bien abrigada y plácidamente dormida. Al acostarse, sintió muy frías las sábanas y, de momento lo tomó como algo normal, pues dejó las frazadas retiradas durante los minutos que estuvo en el servicio. Se arropó bien, pasó un brazo encima de su pareja y buscó un sueño que no llegó, pues le intrigaba su reciente visión.

    Otra noche, al regresar de unas cervezas con amigos, sintió de nuevo helado su espacio en la cama, no obstante encontrarlo bien cubierto y tocar muy tibia a su amada que estaba profunda en su sueño. Demoró en dormirse, no tanto como la noche anterior, y a la mañana siguiente preguntó a su esposa si había sentido frío por la noche.

    –Nada. Bien cobijada, me sentí calientita y aun mejor cuando llegaste al poco rato.

    –Yo llegué muy tarde. ¿Te acostaste tarde?

    –No, a las nueve. Sentía mucho sueño.
    –Qué extraño.

    –¿Extraño, qué?

    –Nada.

    El martes siguiente, ella se fue a acompañar toda la noche a su mamá, que se quedaba sola. Vicente miró hasta tarde una película en la TV, degustando un vino y pasabocas; después leyó hasta que el sueño lo envió a la cama. Se levantó de madrugada al consabido deber y al regresar percibió que alguien estaba todo envuelto en las mantas.

    –Querida. ¿Por qué volviste?

    –No soy ella –le respondió una voz masculina. Apaga esa luz si quieres que hablemos. No puedes ver mi cara.

    –Ya está –dijo Vicente moviendo el interruptor y sentándose en la silla auxiliar, pues se sentía casi desmayado.

    –No me temas. Podemos hablar, ahora que ella no está.

    –¿A qué vienes? ¿Eres el mismo que la acompañaba la otra noche?

    –El mismo, y no tienes nada que temer. Ya no puedo seguir siendo su amante.

    –¿Qué dices? ¡Ella nunca ha tenido amantes! Siempre ha sido solo mía. Ya te voy a sacar de aquí a golpes –mientras se abalanzaba sobre la cama.

    Al caer sobre el extraño, este desapareció. Prendió la luz con la mano temblorosa y una voz lo compelió a apagarla de nuevo. De inmediato, notó que el oscuro cuerpo estaba sentado en la silla que él dejó un momento antes y se quedó inmóvil, no supo si por curiosidad sobre el visitante o por pura falta de energías.

    –Ella me amó mucho y vengo a visitarla con frecuencia.

    –¡No me importa! Ahora es mi mujer y nadie puede acercársele.

    –También era tu mujer cuando nos queríamos.

    –¡Mentiroso!

    –Nada ganas con alterarte. Ambos disfrutamos mucho de su dulce amor, cada uno a su modo. Ahora la tienes para tí solo; yo ya no estoy en tu mundo.

    –Estás en este mundo, puesto que hablas conmigo. Y te exijo que te vayas ya mismo y nunca vuelvas. Si no, te saco a los golpes.

    –Inténtalo como hace poco, para que veas que no estoy aquí.

    –Te propongo algo: vuelve mañana por la noche y dialogamos los tres. Ella deberá tener la entereza de reconocer su amorío.

    –No será posible. No se me permite estar con más de una persona a la vez.

    –Eso es falso: una noche estuviste con Valeria mientras yo iba al baño.

    –Sí, mientras ibas: mientras estabas ausente. Muchas veces lo he hecho, pero desaparezco cuando llegas. Mira que siempre hay dos en esta habitación, o tú con ella o ella conmigo o...

    Sí, nosotros dos, como en este momento. ¡Insulso! No quiero hablar más.

    Durmió incómodo. Más bien, se movió incómodo toda la noche, en medio de turbios pensamientos, ligeros sueños y deseos de venganza. Por la mañana, al verla entrar sonriente, se dijo que todo había sido una pesadilla, que este primor de mujer era incapaz de serle infiel.

    No pensó igual por la noche, después de un exquisito rato de sexo: se enfureció al imaginarla disfrutando más con el otro y se resolvió a irse a leer al estudio, para dar oportunidad de que la aparición la visitara y sorprenderlos in fraganti. Varias furtivas asomadas a la pieza resultaron inútiles. En la última, ella lo vio y lo llamó a su lado.

    –¿Por qué me mirabas desde la puerta? ¿Querías repetir lo que hicimos? ¡Qué tímido!

   –Dime, ¿lo disfrutas más conmigo que con él?
    –¡¿Con quién?!
    –Con Arsenio, tu amante.

    –No se llamaba así. ¡Qué feo nombre!

    –Entonces sí lo hubo. ¿Cómo se llamaba? ¿Por qué te sigue visitando todas las noches?

    –Todas las noches duermo contigo. No recibo a ningún amante.

    –¿Dónde lo hacías con él? ¿Cuándo? ¿En qué forma? ¿Por qué sigue viniendo? Muero por conocer todos los detalles.

    –Estás loco, no ha vuelto, ha pasado mucho tiempo.

    Volvió abatido al estudio, que estaba oscuro y allí lo esperaba una voz que le dijo:

    –Mi nombre es León. Siéntate sin encender la luz y te daré todos los detalles que le has pedido a Valeria.


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