viernes, 17 de marzo de 2017

LA CIVILIZACIÓN DEL ESPECTÁCULOMario Vargas Llosa


Me identifico, casi 100%, con esta obra de análisis y denuncia que se atrevió a publicar el ganador del premio Nobel, vituperado por muchos por razones meramente políticas, pero persona sensible, conocedora del pueblo y sus angustias y “fotógrafo” de la situación social actual latinoamericana. Y he dicho que casi 100% porque sí discrepo de algunos deslices elitistas y de tinte derechista que se le van en algunos párrafos, pero que, en mi concepto, no son la pauta central de la obra.

En la introducción (“Metamorfosis de una palabra”) dice entender la cultura...
...no como un mero epifenómeno de la vida económica y social, sino como realidad autónoma, hecha de las ideas, valores estéticos y éticos, y obras de arte y literarias que interactúan con el resto de la vida social y son a menudo, en lugar de reflejos, fuente de los fenómenos sociales, económicos, políticos e incluso religiosos.

Citando a Gilles Lipovetsky y Jean Serroy en “La cultura-mundo. Respuesta a una sociedad desorientada”:
En las antípodas de las vanguardias herméticas y elitistas, la cultura de masas quiere ofrecer novedades accesibles para el público más amplio posible y que distraigan a la mayor cantidad posible de consumidores.   Su intención es divertir y dar placer, posibilitar una evasión fácil y accesible para todos, sin necesidad de formación alguna, sin referentes culturales concretos y eruditos.  Lo que inventan las industrias culturales no es más que una cultura transformada en artículos de consumo de masas.

Dice Vargas más adelante:
La diferencia esencial entre aquella cultura del pasado y el entretenimiento de hoy es que los productos de aquella pretendían trascender el tiempo presente, durar, seguir vivos en las generaciones futuras, en tanto que los productos de este son fabricados para ser consumidos al instante y desaparecer, como los bizcochos o el popcorn.

(Piénsese, agrego yo, en las famosas instalaciones frente a las obras de arte trascendentes).

Unos apartes del capítulo I, llamado, como la obra completa, “La civilización del espectáculo”: 
La literatura light, como el cine light y el arte light, da (sic) la impresión cómoda al lector y al espectador de ser culto, revolucionario, moderno, y de estar a la vanguardia, con un mínimo de esfuerzo intelectual.
El vacío dejado por la desaparición de la crítica ha permitido que, insensiblemente, lo haya llenado la publicidad.
(¿Cuáles libros se venden más? Los que tienen más propaganda, aunque sean unas noveluchas tontas o unas falsas ayudas espirituales – comentario mío).

El precio pasó a confundirse con el valor de una obra de arte. 
…los cantantes de rock … los actores de cine … las estrellas del fútbol y otros deportes … Estos han remplazado a los intelectuales como directores de conciencia política de los sectores medios y populares…
…en la civilización del espectáculos, el intelectual solo interesa si sigue el juego de moda y se vuelve un bufón.
Tampoco sorprende que, en la era del espectáculo, en el cine los efectos especiales hayan pasado a tener un protagonismo que relega a temas, directores, guión y hasta actores a un segundo plano. 
Desde que Marcel Duchamp, quien, qué duda cabe, era un genio, revolucionó los patrones artísticos de Occidente estableciendo que un excusado era también una obra de arte si así lo decidía el artista, ya todo fue posible en el ámbito de la pintura y escultura.
(Agrego que “todo” sí es posible, entendido como la búsqueda de nuevas formas, el rompimiento de patrones, pero siempre con criterios estéticos; tienen estética tan respetable –en sus obras trascendentes, quiero decir, no algunas instalaciones con las que se han “descachado”– Frank Stella, Jeff Koons, Theaster Gates, Cindy Sherman, como la de Picasso, Renoir, Rembrandt, Botticelli. De paso incluyo a mi amigo Santiago Jaramillo, joven artista antioqueño).

…ya no es posible discernir con cierta objetividad qué es tener talento o carecer de el, qué es bello y qué es feo, qué obra representa algo nuevo y durable y cuál no es más que un fuego fatuo.  Esa confusión ha convertido el mundo de las artes plásticas en un carnaval donde genuinos creadores, vivillos y embusteros andan revueltos y a menudo resulta difícil diferenciarlos.
…las noticias pasan a ser importantes o secundarias sobre todo, y a veces exclusivamente, no tanto por su significación económica, política, cultural y social como por su carácter novedoso, sorprendente, insólito, escandaloso y espectacular.
(En los noticieros de TV nacionales, uno, a duras penas, puede ver los titulares, pues lo que sigue es puro morbo. Exceptúo a uno que ganó premios recientemente y es mi único preferido).

Porque no existe forma más eficaz de entretener y divertir que alimentando las bajas pasiones del común de los mortales.

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