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lunes, 6 de julio de 2026

 

A-Marte

Relato

Se encendieron los motores del cohete portador, después de haber aplazado el lanzamiento la antevíspera por causa de una tormenta, y todo el conjunto comenzó a elevarse en medio de un intenso rugido y de toneladas de gases contaminadores del entorno.  En su cumbre la nave tripulada destinada a la conquista de Marte.  Dentro de ella los cuatro osados jóvenes que pasaron todas las pruebas de cinco años de entrenamiento y nunca habían dudado de emprender este viaje.  Con ellos las mascotas de peluche que sus allegados les regalaron convencidos de que les traerían suerte y los objetos personales que con autorización o en forma subrepticia trajeron para sentir que no abandonaban solos el planeta.

Enfundados en los voluminosos trajes espaciales, acostados en sus respectivos asientos, muy bien sujetados con correas y pasmados por la consciencia de estar realmente empezando la atrevida expedición, sufrieron el fuerte empuje hacia abajo que les hacía sentir que pesaban más que un elefante.  Cynthia sintió su corazón latiendo precipitadamente, Marcus sintió cosquillas en el ano, Norah creía que su cabeza reventaba y Jimmy se juraba que su estomago iba a evacuarlo todo.

Fueron unos pocos minutos hasta que todo volvió a la normalidad si es que aceptamos como normal el encontrarnos a varios kilómetros sobre el suelo al que nos mantenemos cariñosamente ligados.  Ahora, con evidentes señales de nerviosismo, los antes serenos, valientes y seguros astronautas se hicieron mutuos y atropellados comentarios sobre la experiencia acabada de vivir; no fue tan fuerte como las de las simulaciones (mintiendo); me sentí viajando al cielo (porque temió morir); ese elefante me aplastaba; solo pensé en mi madre, padre y hermanitos (por temor a no volver a verlos); nunca creí que la madre tierra me reclamaría de ese modo; te vi pálida, Norah (no la miró un solo segundo).  A continuación debieron retomar la conversación con el centro de control para pasar el debido reporte después del breve black out de la comunicación.

Despedidos de la órbita terrestre al cabo de seis circunvalaciones, se quedaron extasiados mirando por los ventanales de la nave hacia el globo que se empequeñecía y no dejaba de mostrarles el hechizo de su colorido.  Ya estaban en una nueva órbita alrededor del Sol que duraría varias semanas y no meses como las misiones sin tripulación anteriores porque se encendió el propulsor iónico, un nuevo desarrollo que se usaba por primera vez, con la esperanza de evitarles fatiga y depresión a los viajeros y de llegar más pronto al cumplimiento de los verdaderos objetivos de la expedición.  Cynthia recostó su cabecita en el hombro de Marcus, lo que podía lograr gracias a que ambos estaban sujetos por los pies al piso del habitáculo para evitar que flotaran libremente por la falta de gravedad.  Marcus le correspondió con caricias en su cabellera y los otros dos les hicieron amigables reclamos por humillarlos con su amor, que había nacido desde la época de los entrenamientos selectivos; porque aprovechaban todo descanso del intenso programa para irse juntos a disiparse en la ciudad.  Norah y Jimmy eran buenos amigos, pero sus sentimientos no vibraban al unísono, sus feromonas no tenían química común.  Quizá los cuatro habían sido escogidos para agregar una nueva investigación a las muchas previstas, los efectos de las condiciones del viaje en una pareja enamorada y en otra pareja neutral.

Una novedad introducida fue la transmisión de noticias del planeta a determinadas horas del día, escogidas de modo de no interferir con la bien calculada rutina de ejercicios físicos, para mantener a tono musculatura, esqueleto, metabolismo, siquismo y libido; sesiones de conversación general y discusión de angustias y temores, para mantener el equilibrio emocional; juegos y competencias, para no dejar adormecer las capacidades de análisis y decisión; revisión y mantenimiento de los experimentos biológicos portados a bordo: cultivo de microorganismos, cultivo de plantas, crianza de ratones y experimentos con cristales y soldaduras.  Las sesiones de noticias se convirtieron en la mejor catarsis pues los hacían sentir que no eran unos desterrados, sino plenos ciudadanos de la Tierra, entusiasmados por los logros deportivos, la farándula, la actividad cultural y el desarrollo tecnológico y también preocupados por los conflictos, tragedias, pobreza.  Esto, lo ideal, pero no faltaron rencillas, discrepancias y disgustos entre ellos.  Un día, Marcus y Jimmy discutieron agriamente sobre política del Medio Oriente y las chicas tuvieron que empeñarse a fondo para calmar la tempestad.

Pasando los días, el grupito ansiaba más su llegada al planeta rojo e imaginaban interesantes aventuras, no todas locas sino basadas en la cantidad de conocimientos recogidos sobre las características del terreno marciano, estos compendiados de la inmensa cantidad de informes e imágenes transmitidos desde el suelo del planeta y desde su órbita cercana por los Mariner, los Viking, los Mars, Pathfinder y Sojourner, Spirit y Opportunity, Curiosity, Phoenix, Insight, MRO, Odyssey, ExoMars, Tianwen-1, Zhurong, Mars Express, Hope y Perseverance con su helicóptero Ingenuity.  Ya soñaban caminando tras el rastro de Opportunity, dirigiendo el nuevo helicóptero que llevaban consigo, programando el robot y levantando el campamento….  Cynthia pedía que su lecho quedara al lado de un ventanal orientado al levante marciano para ver salir el sol todas las mañanas, mientras Norah reclamaba oscuridad para dormir a sus anchas.

Una novedad más en esta expedición fue la eliminación de las normas que impedían la actividad sexual entre los tripulantes. Aprendieron por fin los mandacallar de la agencia espacial que una de las características esenciales del ser humano es el sexo; que los astronautas asexuados son una fantasía; que el bello comportamiento de las tripulaciones mixtas fue solamente una fábula escrita, y actuada, por ellos en sus informes oficiales. Aun en los grupos de sexo único.  Este grupo de muchachos  y muchachas que apenas rondaban los treinta tuvo pues toda la libertad de expresión y de acción e incluso pudieron ingresar solos o acompañados a espacios no vigilados por cámaras ni micrófonos.  También tuvieron muchas más horas libres que los de cualquier misión anterior y las estaban aprovechando a su gusto para animadas tertulias, juegos ingeniados por ellos mismos, observaciones no oficiales por las escotillas, en las que vieron los famosos puntos brillantes ya informados por astronautas de otras misiones.  Construyeron sobre estas lucecitas imaginativas hipótesis, desde espíritus de pecadores que no lograron llegar al paraíso y fueron sentenciados a vagar por el universo hasta naves de otras galaxias en misiones de conquista de la Vía Láctea y explicaban su diminuto tamaño en que viajarían por otra dimensión y solo un pequeño rastro sería detectable en la nuestra.  Cynthia le dijo a Marcus esas lucecitas son manifestaciones previas de algo que tengo que comunicarte; dime qué es; ten paciencia, ya lo sabrás.

Se llegó el maravilloso momento del ingreso en órbita marciana.  La trayectoria de la nave había sido perfecta, no ocurrió ningún desvío y pudieron aproximarse a la órbita de Marte cuando el planeta pasaba por allí; solo tuvieron que disparar uno de los cohetes incorporados que frenara el artefacto lo suficiente para evitar colisión con el planeta, quedar dentro de su campo gravitacional y girando en derredor.  Estallaron en júbilo cuando lo lograron, se abrazaron y besaron mutuamente, se cambiaban unos por otros y seguían besándose muy apretados hasta que Jimmy, el más serio de todos los llamó al orden.  Desde la órbita se tenía visión sobre el rojizo panorama y comenzaron a distinguir las diferentes manchas que correspondían a los valles, colinas, volcanes y serpenteantes hondonadas por donde millones de años antes corrían los ríos; Marcus fue sacudido por un escalofrío de duda sobre la existencia de agua en los lugares que les habían indicado, de la que dependería su subsistencia.  Poco después presenciaron la fiesta que hacían allá abajo los diablitos, unos remolinos que se han observado recientemente, que confirman la existencia de una atmósfera por si quedan dudas sobre lo detectado por instrumentos.

Tras realizar varias órbitas, desde donde observaban los lugares de aterrizaje previstos y hacían mediciones y tomaban fotos, fueron autorizados para el descenso.  Hicieron el disparo de cohete necesario para abandonar órbita y comenzaron a caer,  en la forma lenta de curva parabólica propia de estos viajes, abrieron los paracaídas en el momento correcto, pues al igual que en la Tierra la caída se desacelera aprovechando la resistencia del aire atmosférico, y festejaron con dicha el suave descenso, Marcus abrazado a Cynthia y también Norah con Jimmy, olvidando con la emoción obedecer la instrucción de amarrarse a sus sillas con la misma posición corporal del lanzamiento.  Cuando les faltaban apenas segundos cayeron en la cuenta y lo único que pudieron hacer fue apretarse fuertemente entre los cuatro para que la fuerza del impacto se disolviera en su masa conjunta y así, riendo nerviosamente, soportaron el golpe de la caída, que fue suave, tan bien calculado estuvo el tamaño de los paracaídas y el momento preciso para accionarlos.  Se encontraban ahora en la Amazonis Planitia y contemplaban extasiados por la escotilla el amplio llano rojizo que se extendía por uno de sus costados hasta el Monte Olimpo allá lejos, el más alto entre todos los planetas del sistema solar y se sentían apabullados frente a ese coloso.

Se apresuraron a ajustarse muy bien los trajes que los protegerían de las extremas condiciones del lugar y se conectaron cuidadosamente el oxígeno para salir a explorar el lugar, cuya atmósfera está compuesta principalmente por dióxido de carbono, irrespirable para los humanos.  Organizaron los dos grupos de dos que les fueron recomendados, para poder auxiliarse unos a otros en eventuales peligros, y no nos va a dar trabajo adivinar como fueron conformados; activaron la cámara que los seguiría desde la cápsula y salieron de esta a su primera exploración, primero una pareja y algunos minutos después los otros dos, llevando todos ellos también sus cámaras pues había que hacer registro detallado permanente de sus recorridos.  Uno de esos remolinos apareció cerca y dio un rodeo en torno de ellos como en son de saludo y le hicieron algunos gestos amistosos.  Terminada esta primera caminata, ya cayendo la noche marciana, volvieron a la nave para tener su primer sueño o pesadilla.

Al día siguiente, después de la pesada comunicación con el centro de control, en la que se debía esperar varios minutos cada respuesta por razón de la demora de las ondas de radio para recorrer esa distancia astronómica, y en la que les confirmaron que deberían comenzar por construir el refugio que los albergaría por mucho tiempo, hicieron las perforaciones para extraer agua, pues en esa región marciana se había detectado hielo un metro debajo de la superficie y por eso había sido escogida para el aterrizaje y empezaron la labor de levantar esa moderna cabaña con la técnica de impresión 3D, todo seguido por cámara y sin la oportunidad de cariñosos acercamientos.  En dos días marcianos concluyeron el trabajo y fueron felicitados desde Tierra por la impecable obra.  El éxito de la tarea fue celebrado con un brindis con un vino traído desde su remoto lugar de origen.  Después del trago, Cynthia se llevó a Marcus aparte, ¿recuerdas que tenía algo para decirte? que te quiero mucho, como de aquí a la Tierra y que quiero que sigamos juntos toda la vida.  A Marcus se le encharcaron los ojos y le dio un beso como de Marte al Sol.

En los días sucesivos, que duraban apenas un poco más que un día en la Tierra, ya viviendo en el refugio y satisfechos por retomar toda su intimidad personal,  incluso con un nuevo idilio entre Jimmy y Norah, hicieron todos los trabajos previstos, empezando por el de conducir el agua por tuberías. 

Los denominados dust devils o diablitos marcianos volvieron a dejarse ver muy cerca del sitio y los amigos se cuidaron de acercarse esta vez, pues comprobaron que tenían fuerza suficiente para levantar algunas piedras.  Continuaron durante varias jornadas con las exigentes labores de exploración, fotografía, recolección de muestras, exposición de los diminutos seres vivos bajo condiciones controladas y registro detallado de todos los resultados y descubrimientos; cuidando al mismo tiempo las provisiones de alimentos que tendrían que durarles varios meses mientras se comenzaban a producir en los viveros que estaban instalando.  Los diablitos fueron creciendo, ya hacían temblar el refugio cuando lo rozaban y adoptaron la precaución de salir siempre en pareja bien abrazados para resistir el empuje.  En cierto momento el viento fue tan fuerte que levantó a Norah y Jimmy y los lanzó con fuerza contra unas rocas.  No se atrevieron a sepultarlos en el mismo terreno por temor a contaminar el agua; tuvieron que llevarlos hasta un sitio que según el mapa era completamente seco y los cubrieron muy bien ante la duda de si se descomponían o se momificaban y cualquiera de ambas cosas sería terrible.

¿Por qué nos tenía que pasar esto? ¿Será que esos remolinos son de verdad unos demonios que están empeñados en no permitir que profanemos su siniestro planeta con nuestro espíritu juvenil?; no creas en esas cosas Cin, son meros fenómenos naturales; no me convences, yo creo que el bello amor de Norah y Jimmy no les gustó nada, fueron por ellos y pronto vendrán por nosotros; ¿qué te hace pensar en eso, linda?; ellos dos hicieron una ceremonia de sanación después de nuestro brindis, salieron a derramar sobre el terreno restos de vino que habían dejado en sus copas y pronunciaron al regresar unas palabras de invocación a los buenos hados para protegernos contra los diablitos, tú sabes que ella desciende de indígenas y ha conservado algunas de sus creencias, entre ellas el respetuoso terror a los espíritus malignos; mira queridita, no son ningunos seres con vida, ese nombre fue asignado juguetonamente por los astrónomos por la similitud con los pequeños remolinos de verano en las cercanías de las casas que son llamados también diablitos; no me acabo de convencer…; verás que no van a venir por nosotros.

El día siguiente trabajaban ambos en silencio, con las mejillas húmedas, con la mente embotada, con sombrías miradas mutuas y también frecuentes miradas al horizonte, ella por si aparecían los demonios, él para convencerse de que el aire estaba en calma.  De repente un diablo muy fuerte, como salido de la nada, vino a saludarlos.  Corrieron hacia el refugio y el remolino se les adelantó; lograron lanzarse por una ventana que dejaron abierta y se quedaron escondidos hasta el amanecer.  Se levantaron a inventar algún desayuno, pues se habían olvidado de alimentarse.  El día estaba bastante sombrío pero con un beso y estrecho abrazo se dieron ánimos y salieron a cumplir con sus tareas.

Hacia el medio día los acosó un tornado, ¡tenía que ser el mismo espíritu maligno de la víspera, estaba segura Cynthia!  Se situó entre ellos y la cabaña y extendía ráfagas laterales que no les daban opción de dar un rodeo; se lanzaron entonces al suelo muy bien abrazados; el viento los rozaba con fiereza, juntos saldremos o juntos nos hundiremos, no olvides Marcus que mi amor es profundo, más fuerte que estos vientos, más amplio que el sistema solar, más bello que el cielo estrellado; yo te adoro mujer, serás mi eterna compañera de vida y más allá de la vida.

Una gruesa capa de arena los cubrió completamente y quedaron para siempre unidos allí, a dos kilómetros de la caseta y de la nave, que sí resistieron los embates de la marciana tempestad.

lunes, 14 de junio de 2021

 Vuelta a tierra por aire,
con fuego y… ¡con agua!

Relato

Presentado a Café Literautas, junio de 2021


La única ventaja de jugar con fuego es que aprende uno a no quemarse.

Oscar Wilde.


Dentro de su traje presurizado, medita mientras flota en el espacio.  No está en trance de muerte, pero su vida completa se atreve a desfilar por su mente, igual que las sombras platónicas sobre las paredes de la gruta.  Tiene que probar una nueva tecnología y, aunque ha realizado múltiples simulaciones y ensayos, todavía está dudoso y ya no puede echarse atrás: va rumbo a reingresar a la atmósfera terrestre en solitario, sin nave, solo protegido por el traje de astronauta.

Lo eligieron por su destreza en las denominadas caminatas espaciales y por su temple de acero.  Compitió con colegas que tenían experiencia de reingresos tormentosos y les ganó, no se sabe si por su amplio bagaje de maniobras en el espacio o por su amplia sonrisa que enamoraba a la directora.

Ahora esta solo frente a la inexperimentada aventura.  Desearía no haber competido limpiamente, para haber sido descalificado a tiempo; quiere ser salvado de su destino y ni su madre, que evoca con cariño, ni la directora, que le gusta mucho, le pueden dar una mano.  Él tampoco podría recibírsela, pues está completamente envuelto, como los bebés antiguos, para asumir la aerodinámica forma de huso que le permita ingresar sin choque en la amenazante capa gaseosa terráquea.

La envoltura exterior está elaborada con un textil recién desarrollado, más resistente al calor que la cerámica, que no arderá ni transferirá energía a las capas internas, resistentes a las radiaciones y trepidaciones.  Estas envuelven el uniforme impermeable del viajero, llevado sobre una tibia y relajante ropa interior.  Para la agencia espacial, el éxito de este traje significará inmensos ahorros, al no tener que incurrir en los costos de la cubierta cerámica de las naves y su readaptación después del reingreso.

Siguiendo con sus meditaciones, recuerda cómo lo atormentaron las intrigas urdidas por un par de compañeros que, al verlo tomar ventaja en los puntajes, lo acusaron de su supuesta conducta aviesa de colegial, de ligeras sanciones que tuvo en su carrera de aviador y hasta de un dudoso amorío. Se arrepiente de haber triunfado sobre ellos y no haber sido eliminado para no tener que enfrentar lo que se le aproxima.  Casi está en pánico; no deja de atender el reloj que se proyecta en su retina, esperando el momento estimado para el impacto.

Una ligera vibración le deja saber que ha penetrado; su vida se le vuelve a presentar a exagerada velocidad y unos segundos después respira aliviado al testimoniar, ¡qué ironía!, que no está ardiendo en la atmósfera, eso corroborado por los indicadores que le proyectan datos relativos al ostensible frenado en su descenso. Ya “solo” 1000 Km/h.  Poco después, el tirón de la apertura de los paracaídas se siente bruscamente; la envoltura exterior se abre y se desprende como estaba previsto y ya puede observar el espléndido paisaje terrestre.  Ahora desea echar hacia atrás toda la narración de su vida, para vivirla de nuevo tras su regreso.  Se siente renacer.

Al llegar a tierra, se le hace opaco el estruendoso recibimiento, por una causa contundente: está completamente empapado; se ha orinado en el traje. Los funcionarios intentan disimular el hecho y se lo roban pronto de la vista de los periodistas, pero estos ya han notado el suceso y corren a dar la primicia.  Llega turbado al cubículo de aclimatación; para calmarlo, le recuerdan que no es el primero en sufrir ese percance, que ya le había sucedido a uno de los pioneros de los viajes espaciales, pero nada le vale.  Solo cuando se ducha y se cambia completamente, siente “renacer” una vez más.

Todavía sentado en la sala de descanso evocando los momentos críticos del ingreso, llega la directora y lo felicita con un explosivo beso que lo hace vibrar de felicidad, olvidar definitivamente el percance y ¿por qué no? renacer por tercera vez; ahora, al amor.


lunes, 21 de octubre de 2019

RICARDO Y SU QUINTA AVENTURA
Relato


Mi primo Ricardo es de una inteligencia privilegiada.  Estudioso de la física y la topología, entre otras, pasó muy pronto de las especulaciones sobre posibles inventos y los fracasos con embelecos armados con utensilios de cocina y elementos de papelería, a la construcción de dispositivos asombrosos.  Primero fue el aparatejo que partía una manzana en dos trozos de peso exactamente igual, siguiendo el reto de un concurso de televisión; no pudo participar en el concurso, por alguna falla de coordinación, pero logró construir un dispositivo más preciso y de mejor aspecto que el que salió ganador.

Después nos asombró con una “oreja electrónica” que elaboró siguiendo el principio de la antena parabólica, con un micrófono en el foco y conexión a un amplificador; nos hizo varias demostraciones de malicioso espionaje al vecindario, pero se abstuvo de patentar o publicar su invento, por temor a demandas de algunos vecinos que dieron muestras de malestar al verse enfocados con “la cosa esa”.

Los cohetes lo enloquecieron por un tiempo; varias explosiones le “chamuscaron los bigotes” en el patio de su casa, donde montó la plataforma de lanzamiento.  Él aseguraba que dominaba todos los principios de la balística y que podría llegar a igualar las hazañas de Estados Unidos y Rusia.  Por cierto que logró levantar algunos de ellos a alturas estratosféricas y poco le faltó para poner uno en órbita.

Cierto día, le propuse que, en lugar de derrochar esfuerzos por conseguir movimientos asombrosos en las tres dimensiones (cuatro, contando el tiempo), cosa en la que nos llevaban mucha ventaja los países desarrollados, se enfocara en explorar la quinta dimensión.  Me respondió con una risa burlona.  No me amilané y le invoqué las once dimensiones planteadas por algunos físicos teóricos:

–Te reto a saltar las tres dimensiones espaciales para introducir un objeto en un recinto cerrado. 
–Mira, primo, según teorías, la quinta dimensión se tuerce sobre sí misma; en ella, cada punto del espacio-tiempo convencional es un pequeño círculo de dimensiones inferiores a las atómicas.  ¿Cómo se podría manipular esa dimensión en un experimento casero?
–Esa respuesta la tienes que dar tú, que eres el genio, le dije y me despedí dejándolo perplejo.

De todos modos, quedó muy pensativo y una noche me llamó a contarme que ya tenía una hipótesis para buscar la “destorcida”: se debería inducir momento angular (o sea un giro) independiente a cada uno de los múltiples componentes del objeto; pero, ¿cómo llegar hasta el nivel atómico para imprimir ese giro a cada una de innumerables partículas que lo componen?  No encontraba una solución práctica.

Otro día me llamó emocionado: ¡lo voy encontrando!  Y me hizo ir de inmediato a su casa.  Lo sorprendí jugando con un trompo.

–¿Qué haces con ese juguete?
–Esto es un giróscopo.
–Ya lo veo.  ¿Y cómo se liga a la necesidad de imprimir giro a todas las partículas?
–En este momento están girando todas las partículas del trompo.
–Pero no lo veo desaparecer…
–¡Paciencia!  Solo se trata de encontrar el momentum natural, así como el caso de la frecuencia natural en el famoso caso del puente de Tacoma.  Ahora mismo, muchas de las partículas están haciendo un esfuerzo por mover este objeto en la quinta dimensión.  Ese es el secreto (acabo de descubrirlo) por el que los giróscopos son estables; se explica como conservación del momento angular; pero no nos explican por qué se conserva este: es porque el objeto no solo se mueve en las tres dimensiones espaciales, sino que también se fija en la quinta; por eso resiste que lo movamos de su eje, porque lo tiene bien anclado en la quinta.
–Y ¿entonces?
–¿No caes?  ¿Se te está oxidando la mente?  Hay que hallar el momento angular “natural” dominante, para poder mover la mayoría de las partículas en la quinta dimensión a través de las otras cuatro; que arrastren consigo a las partículas restantes y así hacer “desaparecer”  el objeto de un lugar y “aparecer” en otro.

Albricia tras albricia: a las tres semanas me llamó emocionado a invitarme a tomar un café en su casa; yo sospeché que me expondría a una nueva elaboración extensa de su teoría, pero me pasmó con una demostración en real: 

–Mira esta alcancía; está vacía, examínala muy bien.  Ahora la pongo sobre la mesa. 
–¿Estás aprendiendo truquitos de magia?
–Ponle seriedad.  Es mi primer experimento con la quinta dimensión.
–Bien, me concentraré.
–Ahora, coloco esta moneda, sobre este soporte y lo hago girar.

Accionó una manivela ligada a un juego de ruedas que hacía girar el soporte, hasta que adquirió determinada velocidad marcada por un tacómetro; de repente, la moneda desapareció ante mis ojos.  Entonces, mi primo agitó la alcancía, antes vacía, y se escuchó el tintineo metálico.  ¡La moneda había entrado sin pasar por la ranura!

–¡Eso parece de fantasía!  ¿Cómo lo lograste?
–Tuve que hacer muchos ensayos para encontrar la velocidad de giro “natural” de la mayoría de las partículas de la moneda; a esta velocidad, las partículas se escaparían a la quinta dimensión y arrastrarían consigo a las pocas que no respondían al momentum mayoritario, y así ocurrió.
–Y por fin lograste que la monedita se “volara” hacia la quinta.  Pero ¿cómo sabe ella a dónde se tiene que dirigir?
–Elemental.  Para dirigir la moneda hacia el lugar escogido, se le da un pequeño golpe que la impulse en esa dirección, cuidando que sea en el instante exacto en que el objeto alcance su momentum propio; para eso, puse una pequeña palanca que se acciona automáticamente cuando el tacómetro llega al valor predeterminado.
–Has realizado una proeza, primo.  ¿Cuándo vas a hacer público tu descubrimiento?
–Cuando logre transportar objetos más complejos, quizá seres vivos.

No pude convencerlo de que debería hacer la publicación científica y patentar el método antes de que alguien se le adelantara; le dije que recordara que muchos inventos importantes fueron realizados en forma simultánea en lugares distantes.  Insistió en dar un paso más.  Se quería enfrentar al reto de lograr que un cuerpo tan complejo como el de un ser vivo viajara por la quinta dimensión.

Me planteó que identificando en tal cuerpo una multitud de porciones homogéneas y aplicándoles en forma individual, pero simultánea, las fuerzas que fueron exitosas con la moneda se lograría la hazaña.  Me horrorizaba pensar en animalitos despedazados, por los muy probables desajustes en los manejos parciales, pero por fin su grupo de confidentes a quienes nos había revelado la investigación lo convencimos de hacerlo primero con un pequeño insecto, a la manera de la famosa película La Mosca o, mejor aun, con una plantica.

Cuando, después de dos años, logró transportar una plantica de frijol recién brotada, pasó a ensayar con moscas; durante meses lo que lograba era trasladar dos patas y un ala, o cabeza y patas, pero cuando tuvo éxito con la primera mosca completa que quedó con vida…

–Ahora Peluchín pasará a la historia.  (Peluchín era su perrito).
–¡Ni te atrevas!
–El experimento ya es completamente seguro.  No hay nada qué temer.
–Te han ensorbecido tus éxitos.  Falta mucho para lograrlo con seres tan complejos.  Publica tu investigación, que ya nadie te quitará tus méritos; antes bien, hallarás colaboradores en la comunidad científica, para llegar un día a transportarte hasta tú mismo.

Se empeñó en experimentar con el perrito.  Por fortuna, no se destrozó el animal, que no se transportó a ninguna parte; tampoco pereció; solo fue muy difícil recuperarlo del terrible mareo inducido.  Ricardo no quiso continuar sus ensayos y también se negó a publicar; quedó más encariñado que antes con su mascota y se dedicó a otros experimentos.


miércoles, 31 de julio de 2019

MAGIA EN LA FOTO
Relato


Catalina duda de su novio; tiene motivos para pensar que se encuentra con otra; ella sostiene que es olfato femenino, pero la realidad es que le escuchó una conversación telefónica y también el prosaico olfato de la nariz, en cierta ocasión, le hizo notar que el hombre venía de algún contacto con dama.  Quiere confirmar sus fundadas sospechas, pero no sabe cómo.  Por supuesto que no va a tontear contratando un detective.

En la universidad, visitando a un amigo en su laboratorio, este le quiso mostrar los avances que estaba logrando en una investigación que el llamaba de “rastreo por elementos sensibles”.  Se trataba, según le describió, de sensibilizar una fotografía para que fuera capaz de “ver” lo que había en su ambiente cercano; en términos un poco más precisos, la fotografía debía ser imprimida con unas tintas especiales que contenían un sustrato altamente sensible a los tonos e intensidades de luz, y sobre un papel con una minuciosa rejilla electrónica que digitalizaba la imagen y la transmitía en tiempo real.

¡Fabuloso descubrimiento!  ¡Era justo lo que necesitaba para su espionaje!  Le ofreció a su amigo toda la colaboración que requiriera para las pruebas de campo.

–Espero hacerlas muy pronto.
–¡Qué bueno!  ¿Cuándo?
–Dentro de unos cuatro meses.
–¿Eso te parece pronto?
–Sí… En comparación con los tres años del cronograma.
–Tocará esperar…  Pero no me olvides.
–Y ¿Cuál es la prueba que quieres que hagamos?
–Ya te lo contaré.  Te va a fascinar, porque será la que pueda mostrar que tu engendro efectivamente funciona.
–¿Cómo lo estás calificando?  ¡Qué descaro!
–Ya lo veremos; me vas a agradecer.

Se llega el día en que el amigo la llama a preguntarle si sigue interesada en la prueba, pues ya está listo para implementarla.  Ella le dispara entonces lo que ha maquinado: montar una foto suya en un portarretratos, para ella ponerla en su aposento, con el fin de verificar quién está ingresando en su ausencia, porque tiene sospechas.  Al hombre le parece muy interesante la propuesta, pero ella sabe que la foto no estará en su propia vivienda, sino en el apartamento de Emilio.

Imprimida la foto, Catalina la monta en un atractivo marco y aprovecha algún motivo de celebración para hacer el regalo a su novio y pedirle que la ponga en su propia habitación, para que siempre la tenga presente.  Él, muy complaciente (y muy complacido con el regalo) sitúa la foto sobre una mesita que da frente a su cama.  Cata establece una rutina de observación que cumple religiosamente, pero solo lo ve en actividades normales como leyendo sentado en la cama, sufriendo con un partido de fútbol televisado, escogiendo vacilante la ropa que se va a poner para algún asunto importante…  Una noche que él sospechosamente se le despide temprano por estar “un poco indispuesto”, la pantalla se lo muestra (por fin) entrando a otra a su cuarto y, (¡lo que no podía faltar!), se pixela de inmediato, cosa que ella no sabe corregir.  Catalina entra en estado de ira, cosa que tampoco sabe corregir.

Busca a su amigo investigador muy temprano el día siguiente, en procura de solución a la terrible falla.

–Tienes que traerme la foto.
–¿No puedes componer el daño a distancia?
–No, querida.  No es un computador que se pueda diagnosticar y reparar en línea.
–Pero ¿Cómo haré para pedirle la foto a Emilio?
–No entiendo.
–Está en su pieza; hay que sacarla de allí.
–¿La pusiste allí para espiarlo?  ¡No puedo ser cómplice!
–Yo veré cómo me la traigo y tú vas a hacer como que no sabes nada del uso que le estoy dando.
–Eso no va conmigo.

Hace uso de sus argucias femeninas para convencerlo de que le siga colaborando, pero ahora tiene que enfrentar el reto de recuperar la foto que regaló a su novio.  Cuando se la pide, él se niega a desprenderse del preciado recuerdo.  Le suplica, entonces, a su amigo repetir el proceso para sacar una nueva foto, que ella pagará los gastos; pero se va de espaldas cuando él le informa del costo.  Por fin un día que Emilio sale de viaje, ella convence a su madre de que le retire la fotografía, que ya está un poco ajada, para cambiarla por una renovada.

Su amigo logra hacer la reparación; ella le aplica una capa de barniz a la imagen para simular que es una nueva copia; la lleva a la madre del novio y la colocan de nuevo en su sitio.  Sale satisfecha del éxito de la misión y esa noche, con la intención de probar el buen funcionamiento, ubica la señal en su celular y la asombra un movimiento de cuerpos en la cama de Emilio, a media luz; aguza la vista, calibra bien la calidad de la imagen e identifica a la señora en ajetreo con… ¡el mejor amigo de Emilio!  ¡Cómo es que profanan la cama de este!  Muy a su pesar, tiene que abstenerse de informárselo a Emilio, pues delataría su propio secreto.

Cuando el muchacho regresa de su viaje, reorganiza la alcoba y pone la foto de su chica sobre la estantería, desde donde no enfoca un buen ángulo, y su novia se queda con medias imágenes en su espionaje; cuando ve a una persona sentarse junto a él en la cama, se queda sin saber si era un amigo con quien conversaba y observaban alguna revista o una mujer con quien se daba ciertas confianzas; cuando cree ver a la madre tendiendo la cama, se queda sin saber si le hace un favor al hijo o si un momento antes estuvo repitiendo lo de antes. 

Ahora tiene que lograr bajar la foto al sitio que ocupaba antes.  Lo visita en su casa y le dice, como sin querer queriendo…

–¿Por qué no pones mi foto donde estaba?
–Allá arriba también te veo y estás más iluminada, más cerca de la luz.
–No me gusta estar allá; pásame para abajo.
–¿Por qué te gusta estar abajo?
–Porque así te observo más de cerca.
–Está bien.  Te daré gusto, mañana, cuando reorganice la mesita.

Le cumple la promesa, pero queda intrigado: “¿Me observa?”  No lo entiende, pero empieza a cubrir la foto en momentos en que no quiere que ella se entere de lo que hace.  “Estoy loco; los ojos de una foto no ven”.  Así y todo, la sigue cubriendo, especialmente cuando lo visita una amiguita con quien se tiene mucha “confianza”.  Un día esta amiga se le roba la fotografía; cuando el se percata, no logra entender el por qué.  

Catalina se sorprende cuando, después de algún rato de oscuridad, la habitación que se le aparece es una completamente diferente a la de Emilio, con ambientación femenina.  Más sorpresa le causa la intensa mirada de una mujer que se acerca mucho a la foto, que la mira con lascivia, que le lanza besos.  Todavía más sorprendente será la escena del día siguiente, cuando la consabida chica tiene un encuentro muy ardiente con otra muchacha.  Catalina no sabe qué hacer.  ¿Qué le va a decir a Emilio?  ¿Con qué le va a salir al investigador?

En fin, después de mucho cavilar, decide que, en sus encuentros con Emilio, va a buscar la imagen hasta que logre pillar a la chica en uno de los suyos con pareja femenina.  No demora mucho en presentarse el momento esperado y le pone el aparato a su novio bien al frente de sus ojos.

–Mira en lo que anda tu adorada amiguita.
–¿Cuál amiguita?  ¿De qué hablas?  ¿Qué está pasando ahí?
–Se entretiene tu dichosa Paola.  (Ella había averiguado el nombre; no sabemos cómo; astucia femenina).
–Yo no conozco a ninguna P- ¿Quién está con ella?  Ah…  ¡Es Constanza!  ¿Desde cuándo estas dos…?
–Pero qué bien las conoces.
–Tú las conoces mejor, puesto que te mandan estos videos.
–No es un video, es una toma en directo, a través de la foto mía que le regalaste.
–Yo no se la regalé, ella la tomó… Eh… quiero decir… Tiene que haber entrado subrepticiamente a mi pieza para robarla.
–Sí…  Tan subrepticiamente como la recibes tú con frecuencia.
–Yo no la recibo en mi habitación.  ¡Nunca!  Pero… ¡Un momento!  Me acabas de decir que a través de tu foto haces tomas en vivo y en directo.  Quiere decir que me espiabas en mi intimidad desde hace tiempo.  Por eso querías que la foto estuviera colocada en cierta posición…  No te voy a demandar ante la justicia, pero no te quiero ver nunca más.  ¡Adiós!

No lo ha vuelto a ver, no ha podido recuperar la foto y se le esconde a su amigo el investigador.

Carlos Jaime Noreña

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martes, 28 de agosto de 2018

PASAPORTE AL EXOPLANETA
Relato

Elaborado para participar en la actividad de agosto 2018 de Literautas


Mientras otea el horizonte nocturno, Alejandro sueña con un viaje espacial para ir a conocer un fascinante planeta que le hace el cortejo a una remotísima estrella.  Sueña que con los avances de los telescopios orbitales se logra identificar un planeta en Trappist-1e que exhibe con orgullo un manto vegetal salpicado de alegres corrientes de agua que van a desembocar en un océano lleno de sirenas, pero no se han podido identificar otras formas de vida y se le ha encomendado la misión de exploración en compañía de la bella astronauta Artemisa, bajo el mando del gruñón capitán Armando.

Por otra parte, los avances de la Astrofísica han hecho posible a los ingenieros la construcción de una nave que se mueve mediante la absorción de antimateria, lo que la sacará de las tres dimensiones básicas y la catapultará a través del espacio sin recorrer en sucesión todos los puntos de una trayectoria convencional hacia el destino.  Así, los cuarenta años luz al sistema Trappist-1e se convierten en un viaje de nueve meses, que llegará a feliz término si la ingeniosa programación del rumbo de la nave, elaborada por un equipo de ingenieros y astrofísicos, efectivamente sirve de hilo de Ariadna en el  laberinto multidimensional que atravesará.

El día del lanzamiento, transmitido por TV a miles de millones de personas, el director de la misión revela que la selección del capitán Armando, entre candidatos intensamente entrenados, obedeció al significado de su nombre, derivado del germánico Hard-mann, ‘hombre fuerte y valeroso’, porque “es necesario hacer énfasis en la valentía de nuestros astronautas y la fuerza de nuestra nación”.  Recordó Alejandro la no casual selección de Neil Armstrong para la conquista de la Luna, porque con arm-strong se quiso mostrar, en la época de la primera guerra fría, el fuerte brazo norteamericano.

Las sensaciones durante el ‘vuelo’ son inéditas:  físicamente, los recorre por todo el cuerpo una especie de cosquilleo muy agradable y los invade una arrobadora emoción, que no alcanzan a distinguir bien si es la propia de la aventura que viven o es algo inducido por el despegue hacia otras dimensiones.  Además, aunque se les había indicado que siempre observarían plena negritud en el exterior de la nave por causa de su ‘secuestro’ dimensional son testigos de un espectáculo de luces extraordinario; parecen viajando a través de brillantes volutas luminosas que cambian continuamente su coloración, disposición, formas; están tan desconcertados como niños que observan por vez primera unos juegos pirotécnicos; Alejandro siente un intenso deseo de unirse a Artemisa, no se reprime, la abraza y ella no lo rechaza, antes bien, se le pega a su cuerpo y así continúan absortos frente al espectáculo, sin percibir que Armando los observa turbado.

“¿Sabes que ya entiendo por qué fui seleccionada frente a tan meritorias candidatas? –le dice ella– por el significado de mi nombre: la diosa helénica de la caza, los animales salvajes, el terreno virgen… Eso es lo que buscaremos en aquel planeta”.  No alcanza Alejandro a preguntarle si a él lo enviaron al remoto astro como una reencarnación del conquistador macedonio, porque el capitán les ordena regresar inmediatamente a sus puestos de trabajo.  Ella sí alcanza a susurrarle al paso “nuestro pasaporte y visa fueron nuestras etimologías”.

De allí en adelante, los encuentros entre Alejandro y Artemisa son furtivos, mas el capitán logra rastrearlos con los instrumentos de a bordo, a pesar de los trucos con que ellos han intentado engañarlos.  Finalmente, se llega el momento en que Armando, presa de los celos (aunque se engaña diciéndose que es por mantener la disciplina del personal) interviene el complejo programa rector de la trayectoria con la intención de provocar unas fuertes sacudidas de la cápsula espacial que atemoricen a la pareja.  Logra su objetivo, mas el artefacto no deja de vibrar, el resplandeciente panorama exterior se pierde, la temperatura interna comienza a bajar y al cabo de unas horas los tres están a punto de congelarse.

Con restos de energías, Artemisa se abraza estrechamente con Alejandro y poco después pierden la consciencia.  El errático viaje de la nave continúa, pero súbitamente despiertan, ignorantes del tiempo que ha pasado; el control automático les informa que se acercan al destino de la misión.  Intrigados, le indagan las causas de lo ocurrido y reciben por respuesta que hubo ‘desajustes’ que fueron algo difíciles de corregir, pero que el modo automático del artefacto logró demostrar el éxito de la inteligencia humana que lo creó.

Carlos Jaime Noreña

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