jueves, 24 de octubre de 2019

Seguimos con "Light in August"
William Faulkner

Presento algunos pasajes de la obra, sin intención de hacer un resumen o una crítica.  Solo son, así como en otras obras que he tocado en este blog, trozos que me llamaron la atención, por su belleza o por algún significado que muy subjetivamente les atribuyo.


They say that it is the practiced liar who can deceive.  But so often the practiced and chronic liar deceives only himself; it is the man who all his life has been selfconvicted of veracity whose lies find quickest credence.

Dicen que el ladrón experimentado es el que sabe engañar.  Pero con frecuencia ese ladrón consuetudinario se engaña solo a sí mismo; del hombre convencido toda la vida de su veracidad es de quien se creen fácilmente las mentiras.



And even a liar can be scared into telling the truth, same as a honest man can be tortured into telling a lie.

Y hasta a un ladrón se le puede amenazar para que diga la verdad, así como a un hombre honesto se le puede torturar para que mienta.

Byron listened quietly, thinking to himself how people everywhere are about the same, but that it did seem that in a small town, where evil is harder to accomplish, where opportunities for privacy are scarcer, that people can invent more of it in other people’s names.
Byron escuchaba en silencio, pensando cómo las gentes son iguales en todas partes, pero le parecía que en un pueblito, donde es más difícil hacer el mal, donde hay menos opciones de intimidad, es donde la gente puede inventar más sobre otras personas.



Faulkner lo supo mucho antes de que, en el siglo 21, los científicos descubrieran que la memoria reelabora y hace aportes a los recuerdos:



Memory believes before knowing remembers.  Believes longer than recollects, longer than knowing even wonders.

La memoria se convence antes de que el saber recuerde.  Cree más de lo que recoge, más allá de lo que el saber indaga.


Ahora, algunos de los atrevidos y ricos juegos de palabras del autor…
They seemed to enclose him like bodiless voices murmuring talking laughing in a language not his.
Parecían rodearlo como incorpóreas voces que murmuraban, hablaban y se reían en un lenguaje que no era el suyo.
(Suprime las comas para potenciar la mezcla de las tres acciones).

Womanpinksmelling
Algo así como “femenina fragancia rosa”.

He believed that that was what was happening to him now.
Una deliciosa cacofonía.
Él creía que eso era lo que le estaba pasando ahora.
…out there somewhere where that house is burning.

Otra sonora cacofonía.
Por allá en alguna parte donde está ardiendo esa casa. 

…strangers come here and hear about it…

Más cacofonía musical.
…llegan los extraños y oyen de ello…
…hills and trees and cows and such…
…colinas y árboles y vacas y tal...
Repetición de “and” que no repugna.

Traducción libre, con base en mi percepción de lo leído.
Se aceptan observaciones y correcciones.



A propósito, su obra “Requiem para una Mujer” está llena de fabulosas repeticiones.  Aquí una muestra de repeticiones de la conjunción “y”, en español, pues solo tuve acceso a una traducción.

…la ordenada y lenta rotación de las estaciones, lluvia y nieve y escarcha y deshielo y sol y sequía…
…empujando cada año más y más el erial y sus pobladores: el oso salvaje y el venado y el pavo y el hombre salvaje… 
…reconstruyeron el muro de la cárcel y cortaron nuevos troncos y abrieron atronaduras en las tablas y levantaron sobre ellas el pequeño cobertizo sin piso y trasladaron el cofre de hierro… 
“Volved las mulas hacia el oeste”, dijo ella, y alguien lo hizo, y ella tomó la pluma del agente y trazó su cruz sobre el papel y devolvió la pluma, y la carreta se puso en marcha… 
…levantándose hacia el sol y hacia el aire por sobre las marismas y las ciénagas, embistiendo y arrasando ellos mismos la maleza y la manigua, riachuelo y cauce y bosque… 
…estrella polar y polo guiando al pueblo: los hombres y mujeres y niños, las doncellas, las muchachas casaderas y los mozos, manando, fluyendo allí con sus herramientas y mercaderías y ganados y esclavos y monedas de oro… 
…en un bosque de encinas y fresnos y nogales y sicomoros y florecientes catalpas y cornejos e higueras y nísperos y ciruelos silvestres, teniendo a un lado la vieja taberna de Alec Houston y la parada de postas y un poco más allá el correo-almacén de Ratcliffe y la herrería y diagonal a ellas, en face y solitaria…

lunes, 21 de octubre de 2019

RICARDO Y SU QUINTA AVENTURA
Relato


Mi primo Ricardo es de una inteligencia privilegiada.  Estudioso de la física y la topología, entre otras, pasó muy pronto de las especulaciones sobre posibles inventos y los fracasos con embelecos armados con utensilios de cocina y elementos de papelería, a la construcción de dispositivos asombrosos.  Primero fue el aparatejo que partía una manzana en dos trozos de peso exactamente igual, siguiendo el reto de un concurso de televisión; no pudo participar en el concurso, por alguna falla de coordinación, pero logró construir un dispositivo más preciso y de mejor aspecto que el que salió ganador.

Después nos asombró con una “oreja electrónica” que elaboró siguiendo el principio de la antena parabólica, con un micrófono en el foco y conexión a un amplificador; nos hizo varias demostraciones de malicioso espionaje al vecindario, pero se abstuvo de patentar o publicar su invento, por temor a demandas de algunos vecinos que dieron muestras de malestar al verse enfocados con “la cosa esa”.

Los cohetes lo enloquecieron por un tiempo; varias explosiones le “chamuscaron los bigotes” en el patio de su casa, donde montó la plataforma de lanzamiento.  Él aseguraba que dominaba todos los principios de la balística y que podría llegar a igualar las hazañas de Estados Unidos y Rusia.  Por cierto que logró levantar algunos de ellos a alturas estratosféricas y poco le faltó para poner uno en órbita.

Cierto día, le propuse que, en lugar de derrochar esfuerzos por conseguir movimientos asombrosos en las tres dimensiones (cuatro, contando el tiempo), cosa en la que nos llevaban mucha ventaja los países desarrollados, se enfocara en explorar la quinta dimensión.  Me respondió con una risa burlona.  No me amilané y le invoqué las once dimensiones planteadas por algunos físicos teóricos:

–Te reto a saltar las tres dimensiones espaciales para introducir un objeto en un recinto cerrado. 
–Mira, primo, según teorías, la quinta dimensión se tuerce sobre sí misma; en ella, cada punto del espacio-tiempo convencional es un pequeño círculo de dimensiones inferiores a las atómicas.  ¿Cómo se podría manipular esa dimensión en un experimento casero?
–Esa respuesta la tienes que dar tú, que eres el genio, le dije y me despedí dejándolo perplejo.

De todos modos, quedó muy pensativo y una noche me llamó a contarme que ya tenía una hipótesis para buscar la “destorcida”: se debería inducir momento angular (o sea un giro) independiente a cada uno de los múltiples componentes del objeto; pero, ¿cómo llegar hasta el nivel atómico para imprimir ese giro a cada una de innumerables partículas que lo componen?  No encontraba una solución práctica.

Otro día me llamó emocionado: ¡lo voy encontrando!  Y me hizo ir de inmediato a su casa.  Lo sorprendí jugando con un trompo.

–¿Qué haces con ese juguete?
–Esto es un giróscopo.
–Ya lo veo.  ¿Y cómo se liga a la necesidad de imprimir giro a todas las partículas?
–En este momento están girando todas las partículas del trompo.
–Pero no lo veo desaparecer…
–¡Paciencia!  Solo se trata de encontrar el momentum natural, así como el caso de la frecuencia natural en el famoso caso del puente de Tacoma.  Ahora mismo, muchas de las partículas están haciendo un esfuerzo por mover este objeto en la quinta dimensión.  Ese es el secreto (acabo de descubrirlo) por el que los giróscopos son estables; se explica como conservación del momento angular; pero no nos explican por qué se conserva este: es porque el objeto no solo se mueve en las tres dimensiones espaciales, sino que también se fija en la quinta; por eso resiste que lo movamos de su eje, porque lo tiene bien anclado en la quinta.
–Y ¿entonces?
–¿No caes?  ¿Se te está oxidando la mente?  Hay que hallar el momento angular “natural” dominante, para poder mover la mayoría de las partículas en la quinta dimensión a través de las otras cuatro; que arrastren consigo a las partículas restantes y así hacer “desaparecer”  el objeto de un lugar y “aparecer” en otro.

Albricia tras albricia: a las tres semanas me llamó emocionado a invitarme a tomar un café en su casa; yo sospeché que me expondría a una nueva elaboración extensa de su teoría, pero me pasmó con una demostración en real: 

–Mira esta alcancía; está vacía, examínala muy bien.  Ahora la pongo sobre la mesa. 
–¿Estás aprendiendo truquitos de magia?
–Ponle seriedad.  Es mi primer experimento con la quinta dimensión.
–Bien, me concentraré.
–Ahora, coloco esta moneda, sobre este soporte y lo hago girar.

Accionó una manivela ligada a un juego de ruedas que hacía girar el soporte, hasta que adquirió determinada velocidad marcada por un tacómetro; de repente, la moneda desapareció ante mis ojos.  Entonces, mi primo agitó la alcancía, antes vacía, y se escuchó el tintineo metálico.  ¡La moneda había entrado sin pasar por la ranura!

–¡Eso parece de fantasía!  ¿Cómo lo lograste?
–Tuve que hacer muchos ensayos para encontrar la velocidad de giro “natural” de la mayoría de las partículas de la moneda; a esta velocidad, las partículas se escaparían a la quinta dimensión y arrastrarían consigo a las pocas que no respondían al momentum mayoritario, y así ocurrió.
–Y por fin lograste que la monedita se “volara” hacia la quinta.  Pero ¿cómo sabe ella a dónde se tiene que dirigir?
–Elemental.  Para dirigir la moneda hacia el lugar escogido, se le da un pequeño golpe que la impulse en esa dirección, cuidando que sea en el instante exacto en que el objeto alcance su momentum propio; para eso, puse una pequeña palanca que se acciona automáticamente cuando el tacómetro llega al valor predeterminado.
–Has realizado una proeza, primo.  ¿Cuándo vas a hacer público tu descubrimiento?
–Cuando logre transportar objetos más complejos, quizá seres vivos.

No pude convencerlo de que debería hacer la publicación científica y patentar el método antes de que alguien se le adelantara; le dije que recordara que muchos inventos importantes fueron realizados en forma simultánea en lugares distantes.  Insistió en dar un paso más.  Se quería enfrentar al reto de lograr que un cuerpo tan complejo como el de un ser vivo viajara por la quinta dimensión.

Me planteó que identificando en tal cuerpo una multitud de porciones homogéneas y aplicándoles en forma individual, pero simultánea, las fuerzas que fueron exitosas con la moneda se lograría la hazaña.  Me horrorizaba pensar en animalitos despedazados, por los muy probables desajustes en los manejos parciales, pero por fin su grupo de confidentes a quienes nos había revelado la investigación lo convencimos de hacerlo primero con un pequeño insecto, a la manera de la famosa película La Mosca o, mejor aun, con una plantica.

Cuando, después de dos años, logró transportar una plantica de frijol recién brotada, pasó a ensayar con moscas; durante meses lo que lograba era trasladar dos patas y un ala, o cabeza y patas, pero cuando tuvo éxito con la primera mosca completa que quedó con vida…

–Ahora Peluchín pasará a la historia.  (Peluchín era su perrito).
–¡Ni te atrevas!
–El experimento ya es completamente seguro.  No hay nada qué temer.
–Te han ensorbecido tus éxitos.  Falta mucho para lograrlo con seres tan complejos.  Publica tu investigación, que ya nadie te quitará tus méritos; antes bien, hallarás colaboradores en la comunidad científica, para llegar un día a transportarte hasta tú mismo.

Se empeñó en experimentar con el perrito.  Por fortuna, no se destrozó el animal, que no se transportó a ninguna parte; tampoco pereció; solo fue muy difícil recuperarlo del terrible mareo inducido.  Ricardo no quiso continuar sus ensayos y también se negó a publicar; quedó más encariñado que antes con su mascota y se dedicó a otros experimentos.


lunes, 14 de octubre de 2019

TRIÁNGULO DE CUATRO LADOS
Relato


Claudio José y Miryam Brigitte esperan a Carlos Enrique, primo de aquel, que viene de la costa y no conoce nada del interior.  Los esposos, entusiasmados con la visita, arriendan un vehículo para tener buena facilidad de movimiento en los paseos que harán con el primo.  Han vendido su carro días antes y todavía no han concretado nueva compra.  De venida del aeropuerto, este muestra admiración por el paisaje agreste y montañoso, novedoso para él.

La primera salida del programa es a la región lechera, montañosa; no tan agreste, pero de paisajes de encanto.  Los verdes y tersos pastos y el hermoso ganado fascinan a Carlos Enrique y, para las fotos, siempre prefiere estar con ella, abrazándola, disculpándose en el frío propio de la zona.  Cuando ingresan a un pequeño negocio a tomar leche caliente con dulces autóctonos, también se le pega a Miryam Brigitte tiritando (simulando tiritar) de frío.

La segunda salida es a una ciudad histórica, la más antigua de la región, situada en un cañón caluroso.  Las horas de sol más fuerte las pasan en una piscina; el primo se deshace en expresiones de admiración por Miryam Brigitte cuando la ve salir con su sensual bikini y no pierde oportunidad para estar muy pegadito a ella.  Se “disculpa” con el primo alegando que es cariño “familiar”.

El día siguiente se celebra una fiesta importante y ellos se van a gozarla  en un club de la ciudad.  A Claudio lo embriagan muy pronto los tragos y Carlos Enrique aprovecha para bailar a su gusto con la “prima”. Claudio amanece con fortísima resaca y el dolor de cabeza no lo deja mover.  Ellos le dan una droga fuerte, lo dejan al oscuro con una bolsa de hielo y salen a “dar una vuelta, para que descanse con plena paz”.  Él se compone al medio día; los espera, pero al fin tiene que almorzar solo; llegan a las 5 de la tarde muy alegres; dicen que lo están al verlo recuperado y tan animado.  Él está realmente desanimado, por el comportamiento de su mujer.  Carlos Enrique está gozoso del triángulo que ha logrado formar.

Ahora el programa es pasar tres días en un hotel vacacional reservado con anticipación.  La primera noche allí, Carlos Enrique encuentra a una antigua amiga, Carolina, está muy efusivo con ella y le dedica un largo rato.  Miryam Brigitte se comporta extrañamente al día siguiente y Carlos Enrique no sabe qué hacer para contentarla.  En fin, para la tarde hay una propuesta de excursión organizada por el hotel, pero Claudio José quiere quedarse descansando, porque nadaron intensamente por la mañana en la piscina del lugar, y les sugiere que se vayan ellos dos.  Miryam Brigitte no disimula su satisfacción; Carlos Enrique sí disimula, pero se le nota que está disimulando.  Regresan muy animados a la hora de la comida y ahora ella se manifiesta muy amorosa con su esposo.

El día del regreso a la ciudad, los tres van silenciosos, digamos que cansados.  En casa, se van a la cama temprano.  Miryam Brigitte sigue con sus retozos para ganarse a Claudio José y este cae.  El día después, de recorrido por la ciudad, el primo está muy a gusto con los sitios interesantes que le muestran; con la comida típica en el restaurante; compra recordatorios para llevar; Miryam Brigitte se perturba con un bello juego de collar y pulsera que él adquiere para su novia.  Saliendo de estas compras, se encuentran (¿casualmente?) con la amiga de Carlos Enrique, quien se pone muy melosa con él, durante la andanza de todos juntos.  En un disimulo, esta mujer alerta a Claudio sobre la cercanía entre los otros dos.  Andan el resto del día con ella y Miryam Brigitte se muestra sombría.

Por la noche, esta se pone nuevamente muy amorosa con su esposo y a él se le disipan las dudas sembradas por la otra.  Entre tanto, Carlos Enrique sale a encontrarse con Carolina, andan un buen rato por lugares de esparcimiento y la trae a media noche a su habitación, sin que sus primos se enteren.  Apenas saliendo el sol, se apura a acompañarla hasta su hospedaje, antes de que los primos despierten.

El último día viajan a un pueblo turístico.  Volteando allí, se presenta una falla en el automóvil.  Claudio debe quedarse en el taller esperando autorización de la agencia y supervisando el trabajo.  Los otros dos no disimulan el aburrimiento y él los manda a recorrer el pueblo, muy contra su propia voluntad.  Al rato, sale a tomar un refresco y se sorprende al encontrar allí a Carolina, la amiga de Carlos Enrique.  Manda al carajo la supervisión del vehículo y se van a un  bar.  Se enteran de que el segundo piso está en servicio para encuentros amorosos, la muchacha se lo insinúa con insistencia y terminan yéndose allí.  Pasan un rato muy exquisito, en el que Claudio siente un gusto morboso por la venganza que está tomando; salen abrazados pero, nada más salir, entran Miryam Brigitte y Carlos Enrique; por poco, no se vieron ambas parejas.  Claudio lleva a Carolina a un “encuentro que tiene con amigos” y va a esperar a la otra parejita en el taller.

El regreso es tensionante.  Claudio José no le habla a Miryam Brigitte, que va adelante con él; Carlos Enrique va más silencioso que una tumba; ella igual, pero intenta disimular acariciándole a Claudio el brazo derecho; este no se deja.  Toda la noche, él tiene sentimientos encontrados: se refocila en el dulce encuentro de la tarde y considera que ha sido sido buena compensación por las jugadas de Miryam Brigitte; pero también piensa en los buenos años que ha pasado con esta y alberga la esperanza de que, ausentado el intruso, todo vuelva a su curso normal.

En el acompañamiento a Carlos Enrique al aeropuerto, les toca una larga espera, mas el primo les pide que se queden hasta que lo llamen a sala.  Claudio José entra al baño al tiempo que Miryam Brigitte entra al suyo.  Esta encuentra allí a Carolina; donde coinciden dos mujeres hay conversación; Carolina, morbosamente, vuelve a sembrar dudas en la pareja, insinuándole a Miryam que si se hubiera encontrado a Claudio la tarde del taller, se habría llevado directo al hotel a ese “papazote”, dicho en unos términos que le darían a entender que ese encuentro sí se realizó.  Para sacarse la espina, Miryam Brigitte le relata todas las que ha hecho con el Carlos Enrique y sale aliviada del lugar; lo que no sabe es que, por razones arquitectónicas más el alto tono de voz de ambas, Claudio escuchó todo el diálogo desde el otro lado de la pared de separación de los baños.

Y así se cierra el triángulo de cuatro lados.

martes, 8 de octubre de 2019

Más de "Light in August"
William Faulkner

Presento algunos pasajes de la obra, sin intención de hacer un resumen o una crítica.  Solo son, así como en otras obras que he tocado en este blog, trozos que me llamaron la atención, por su belleza o por algún significado que muy subjetivamente les atribuyo.



En Jefferson.


El conductor de la diligencia le señala desde lejos la ciudad y dos columnas de humo que salen de ella.

Following his pointing whip, she sees two columns of smoke: the one the heavy density of burning coal above a tall stack, the other a tall yellow column standing apparently from among a clump of trees some distance beyond the town.  “That’s a house burning,” the driver says.  “See?”
But she in turn again does not seem to be listening, to hear.  “My, my,” she says; “here I aint been on the road but four weeks, and now I am in Jefferson already…”

Mirando a donde apunta el látigo, ella ve dos columnas de humo:  una, el espeso de la combustión de carbón que sale de una chimenea; la otra, una alta columna amarilla que parece erguirse desde entre unos árboles algo más allá del pueblo.  “Es una casa ardiendo”, dice el cochero.  “La ve?”.  Pero ella, una vez más, no parece estar oyendo, no escucha.  “No puedo creerlo”, dice; “no puede ser que después de cuatro semanas viajando ya me encuentre en Jefferson…”



Conversación con Byron.

Después de mucho averiguarle por Lucas, este cargador del aserrío se interesa en su caso y entablan conversación.
He shows her the yellow pillar of smoke standing tall and windless above the trees.“We could see it from the wagon before we got to town,” she says.  “It’s a right big fire."   “It’s a right big old house.  It’s been there a long time.  Dont nobody live in it but one lady, by herself.  I reckon there are folks in this town will call it a judgment on her, even now."
Él le muestra la columna amarilla de humo, alta y recta, sobre los árboles.
“La vimos desde el coche, antes de llegar”, dice ella.  “Es un incendio verdaderamente grande”.
“Es una casa verdaderamente vieja.  Ha estado allí mucho tiempo.  Allí no vive sino una dama sola.  Supongo que muchos en este pueblo van a decir que es un castigo, aún hoy en día".

Le dice que solo dos hombres pueden estar ayudándole a la dama, despreciada por todos.

“Two fellows named Joe that live out that way somewhere.  Joe Christmas and Joe Brown.”… “Is his partner named Joe too?” “Yes ma’am.  Joe Brown.  But I reckon that may be his right name.”She is watching him.  Her face is still serene, but now it is quite grave, her eyes quite grave and quite intent.…“And he says his name is Brown.”…“Oh.  Brown.  Yes.  Tall, young.  Dark complected; womenfolks calls him handsome, a right smart do, I hear tell.  A big hand for laughing and frolicking and playing jokes on folks.  But I…”. His voice ceases.  He cannot look at her, feeling her steady, sober gaze upon his face. “Joe Brown,” she says.  “Has he got a little white scar right here by his mouth?” And he cannot look at her, and he sits there on the stacked lumber when it is too late, and he could had bitten his tongue in two.
Dos camaradas llamados Joe que viven en algún lugar por aquel lado.  Joe Christmas y Joe Brown”.
… “¿Se llama también Joe su amigo?”
“Sí, ‘ñora.  Joe Brown.  Pero se me hace que sí es su verdadero nombre”.
Ella lo está observando.  Todavía con mirada tranquila, pero ahora muy seria, con ojos muy severos e intensos.
…”Y él dice que su apellido es Brown”.
…”Oh, Brown.  Sí.  Alto, joven.  De tez oscura; las mujeres dicen que es apuesto, con razón; lo oigo decir.  Siempre listo a reír y bromear y hacerle chistes a la gente.  Pero yo…”.  Deja de hablar.  No es capaz de mirarla, porque siente su firme y severa mirada sobre su cara.
“Joe Brown”, dice ella.  “¿Tiene una pequeña cicatriz blanca aquí junto a la boca?”
Y él no es capaz de mirarla, y sigue sentado ahí sobre la pila de troncos aunque es tarde, porque debería haberse mordido la lengua.

Traducción libre, con base en mi percepción de lo leído.

Se aceptan observaciones y discusiones.



viernes, 27 de septiembre de 2019

No me vengas con cuentos
Relato


Nunca un cuento suyo recibiría un premio, excepto el que todos los días le darían los lejanos y desconocidos lectores, visitantes de su blog, con sus elogiosos comentarios.  Eso le bastaría para no volver a concursar.

Gastón usaba el lápiz apenas sí para hacer listas de compras, y el computador, para elaborar informes y hacer búsquedas.  Un día, yendo por la calle, vio a un indigente con los zapatos de colores diferentes y se le vino súbitamente la idea de narrar ese hecho con sus propias palabras, pero en forma de cuento.  No bien llegó a casa, se sentó a escribir todo lo que se le había ocurrido en el camino.

Emocionado, le presentó a su esposa “Los zapatos del vagabundo”, cuento en el que un vago encuentra un zapato izquierdo que cayó de la ventana de una casa y lo calza junto con uno derecho, también hallado, pero de color diferente, que tenía guardado; después aparece el muchacho dueño del zapato y se presenta una curiosa negociación entre ambos.
–Estás muy lejos de Chéjov o Cortázar.  No te creas escritor; dedícate a lo tuyo.
–En algún momento se puede empezar, ¿por qué no?
–Hace falta nacer con esa facultad.  Tú no la tienes.

Turbado por esta descalificación, pensó que la literatura no era lo suyo (tal vez esta mujer tampoco) y estuvo preguntándose si tendría éxito con la pintura, la talla, la música…  Esto le inspiró un nuevo relato, donde un chico ensayaba suerte con un arte y con otro, sin hallarse, hasta que elaboró un cuentecito y fue amorosamente estimulado por su novia a seguir escribiendo.  Para buscar, de nuevo, un concepto ajeno, le llevó el relato a su mejor amigo, seguro de que este sabría reconocerle su habilidad.

–Yo me dedicaría a practicar un nuevo deporte.  Tú tienes cuerpo para eso; la mente, no la malgastes en lo intelectual.
–¿Tan horrible te pareció?
–No es que sea propiamente horrible, pero el relato no tiene coherencia; salta de una cosa a otra; empieza como un asunto personal y termina como una historia de amor.
–Precisamente, refleja situaciones de vida; ellas no tienen un orden preestablecido.
–No me convences.  ¡Zapatero a tus zapatos!

Pero él tampoco se convence de los criterios del amigo y se dedica a buscar un tema para un nuevo escrito.  Se le antoja buscar una gruta para esconderse, donde pueda estar tranquilo para concebir nuevos cuentos.  No es nada practicable la idea de la gruta, pero se le convierte en inspiración para un cuento: un muchacho se les pierde a su familia y amigos por mucho tiempo; un día, a estos les da por irse a buscarlo en unas grutas donde acostumbraba esconderse cuando chico; allí lo hallan y se les lamenta de la muerte de su dragón, que vivía con él en aquella oquedad; lo invitan a dejarla porque el monstruo ya no está con él, pero les revela que padece una enfermedad terminal y quiere morir allí.

Terminado el relato, lo envía a un club de escritores que descubrió recientemente en la web.  ¡Cuántas destructivas críticas no recibió!  Que de dónde sale el dichoso dragón, al que no había presentado al comienzo del cuento.  Que cómo se le ocurre que un hombre de ciudad se va a vivir en una cueva.  Que el desenlace es muy precipitado.  Y le ven otros mil errores e incoherencias.  Además, cada uno le propone una “mejor” caracterización del protagonista o un artificio distinto al del dragón o un desenlace diferente…

Desorientado por estas necedades, resuelve matricularse en un taller de escritura, dizque para aprender el arte del buen escribir.  Allí lo entrenan en esas construcciones típicas, con rígidas reglas de introducción, meollo y desenlace (lo que percibe como de acto de clausura de año escolar); la presentación inicial de los personajes; el obligatorio conflicto, que se supone le confiere interés al escrito (y los ve como unos cazapleitos); la necesidad de airear al lector con diálogos; la coherencia en los tiempos verbales, la prohibición de asumir postura como narrador…

El primer cuento que se atreve a poner en las fauces del coordinador es destrozado públicamente por violación de todas, ¡todas!, las reglas anteriores.  Acto seguido, el mandacallar les pone como ejemplo un relato de su autoría, sobre el repetidísimo caso de la campesina en trance de parto, que viene sola en una mula hacia el pueblo, sin la compañía del fugado padre ni de los ofendidos abuelos, y cuya criatura no alcanza a conocer una sala de partos.  Escrito, sí, con la escrupulosa aplicación de todas las reglas y narrado en el estilo romántico y envolvente de los típicos cuentos de folletín.

Los entrena, pues, este señor, en la producción de escritos llenos de símiles, metáforas, forzados adjetivos…    “Una conversación pastosa”… “Las horas se desgajaban una a una sobre él”… “Un calor que se podía empacar en cajas”… “La acusadora mirada de un buho”…  Además, les hace énfasis en el impacto que debe causar el desenlace y los vuelve duchos en esos finales de contradicción, magia o milagro.

Resiste hasta el último día, pero sale empeñado en desarrollar un estilo propio “anti-taller”.  Escribe cuentos que empiezan por el desenlace, pero van presentando hacia atrás todos los hechos que llevaron a él, en una exquisita narración que llena de intrigas al lector, no obstante que ya conoce el final.  Hace relatos que utilizan analepsis (flashbacks), retando al lector a no perder el hilo; tal como en el cine.  Sus historias con final inacabado invitan a poner a volar la imaginación, buscándoles muchos posibles desenlaces.  Logra escribir algunos relatos sin conflicto, donde es el desarrollo de una serie de acciones, inmersas en escenarios exquisitamente descritos, el que cautiva la atención del lector hasta llegar a una conclusión a veces maravillosa, a veces trágica.

Lleno de ilusión, le lleva uno de sus nuevos cuentos al amigo aquel, que sigue posando de saber de literatura.

–Tal vez has mejorado un poco, pero yo reduciría la cantidad de personajes, cambiaría los rasgos de la amada, haría un desenlace más romántico…
–No voy a cambiar ningunos rasgos; más bien voy a cambiar el evaluador.

Sin embargo, queda vacilante y es su nueva novia quien lo alienta a enviar otro relato a un verdadero crítico literario que ella conoce.  El crítico le dice que hay que ser más conciso y utilizar un lenguaje más directo y le recomienda asistir a talleres para que encuentre un estilo propio.

–Precisamente eso es lo que tú tienes, un estilo muy propio.  (Le dice su amada).   Sigue el consejo del israelí Etgar Keret "Oye lo que todos tienen que decir, pero no escuches a nadie (excepto a mí)".  Si participas en un concurso, te van a reconocer tu estilo.
–Y, si no soy reconocido, ¿me pego un tiro?

Como tercer y último intento de su “nueva época”, somete algunos de sus escritos a un concurso regional de cuento.  Esperan ambos, ansiosamente, todo el plazo, y llegan expectantes a la ceremonia de premiación, aunque ya saben que Gastón no ha alcanzado ningún galardón, porque no ha sido avisado previamente, como es costumbre.  Quizá le toque una mención de honor.

Al salir del acto, en lugar de lamentarse, se ponen a analizar las características de los cuentos premiados.

–Les gustan mucho las tradicionales filigranas.
–Y las descripciones conmovedoras de los personajes.
–El conflicto, mientras más rebuscado, más llamativo.
–Tienen que ocurrir cosas increíbles, darse fenómenos extraños, aparecer conductas inexplicables de algún personaje.
–Y los finales tienen que ser de alto impacto, con una resolución imprevisible del conflicto, prácticamente absurda.
–Nada mejor que la resolución del conflicto con mi exesposa, quien me creyó chiflado y me llevó al siquiatra, porque escribía cuentos, y terminó en brazos de un pragmático banquero, mientras que yo te hallé a tí, mi linda y estimulante compañera.



jueves, 19 de septiembre de 2019


Selecciones de "Light in August"
William Faulkner

En “Light in August” (“Luz de Agosto”, como ha sido traducido, o “Alumbramiento en Agosto”, como sostienen muchos que se debería llamar),  Lena Grove se va en busca de su amado Lucas Burch, de quien va a tener un hijo.  Cuando llega a Jefferson, se relaciona con Byron Bunch y queda inmersa en el mundo de Joe Christmas, hombre que vive una vida muy difícil. 

Voy a presentar algunos pasajes de la obra, sin intención de hacer un resumen o una crítica.  Solo son, así como en otras obras que he tocado en este blog, trozos que me llamaron la atención, por su belleza o por algún significado que muy subjetivamente les atribuyo.



La orfandad de Lena.

Her mother died first.  She said “Take care of paw”.  Lena did so.  Then one day her father said, “You go to Doane’s Mill with McKinley.  You get ready to go, be ready when he comes”.  Then he died.
Su madre murió primero.  Le dijo “cuida a pa”.  Así lo hizo Lena.  Hasta que un día su padre dijo “Te vas para la fábrica de Doane con McKinley.  Alístate para irte; que estés lista cuando él llegue”.  Y se murió.

El triste pueblo a donde la llevó su hermano.

There were perhaps five families there when Lena arrived.  There was a track and a station, and once a day a mixed train fled shrieking through it.  The train could be stopped with a red flag, but by ordinary it appeared out of the devastated hills with apparition like suddenness and wailing like a banshee, athwart and past that little less-than-village like a forgotten bead from a broken string.
Vivían, tal vez, cinco familias allí cuando Lena llegó.  Había una carrilera y una estación y una vez al día las atravesaba un tren mixto aullando.  Con una bandera roja, lo podían detener, pero usualmente salía como de repente de las devastadas colinas, gimiendo como una llorona, cruzando ese menos-que-un-pueblo, como una cuenta perdida de un collar roto.

El pecado de Lena.

It has a window which she learned to open and close again in the dark without making a sound… She had lived there eight years before she opened the window for the first time.  She had not opened it a dozen times hardly before she discovered that she should not have opened it at all.  She said to herself, ‘That’s just my luck’…Two weeks later she climbed again through the window.  It was a little difficult this time.  ‘If it had been this hard to do before, I reckon y would not be doing it now’, she thought.
Era una ventana que ella aprendió a abrir y volver a cerrar al oscuro y sin hacer ruido…
Había vivido ocho años allí antes de abrirla por primera vez.  No la habría abierto ni la docena de veces cuando descubrió que nunca lo debería haber hecho.  Se dijo “Es mi suerte”…
Dos semanas después volvió a trepar por la ventana.  Un poco difícil esta vez.  ‘Si hubiera sido tan difícil antes, creo que no lo estaría haciendo ahora’, pensó.

La huida.

Behind her the four weeks, the evocation of far is a peaceful corridor paved with unflagging and tranquil faith and peopled with kind and nameless faces and voices:  Lucas Burch? I don’t know.  I don’t know of anybody by that name around here…
Tras cuatro semanas, la idea de lejos es un apacible sendero pavimentado con una tranquila e incansable fe y lleno de amables voces anónimas:  ¿Lucas Burch?  No sé.  No conozco a nadie con ese nombre por aquí…

Un tramo en la carreta.

“How far you going?” he says.“I was trying to get up the road a pieceways before dark”, she says.  She rises and takes up the shoes.  She climbs slowly and deliberately into the road, approaching the wagon.  Armstid does not descend to help her.  He merely holds the team still while she climbs heavily over the wheel and sets the shoes beneath the seat.  Then the wagon moves on.  “I thank you”, she says.  “It was right tiring afoot”.
“¿Hasta dónde va?”, pregunta él.
“Quería subir un buen pedazo por el camino antes de oscurecer”, dice ella.  Se levanta y toma los zapatos.  Sube lenta y deliberadamente al camino, acercándose a la carreta.  Armstid no baja a ayudarle.  Se limita a tener a la yunta quieta mientras ella sube con dificultad por sobre la rueda y pone los zapatos bajo el asiento.  Luego la carreta reanuda la marcha.  “Le agradezco”, dice ella.  “Era muy fatigante a pie”.

La confesión a la mujer del cochero.

Después de posar de estar buscando al esposo que la embarazó, termina diciendo la verdad.

“I told you false.  My name is not Burch yet.  It’s Lena Grove”.They look at one another.  Mrs. Armstid voice is neither cold nor warm.  It is not anything at all.  “And so you want to catch up with him so your name will be Burch in time.  Is that it?”Lena is looking down now, as though watching her hands upon her lap.  Her voice is quite, dogged.  Yet it is serene.  “I don’t reckon I need any promise from Lucas.  It just happened unfortunate so, that he had to go away.  His plans just never worked out right for him to come back for me like he aimed to.  I reckon me and him didn’t need to make word promises.  When he found out that night that he would have to go, he–““Found out what night?  The night you told him about that chap?”.
“Yo le mentí.  Mi apellido no es Burch todavía.  Me llamo Lena Grove”.
Se miran entre sí.  La voz de la señora Armstid no es ni fría ni cálida.  No es nada en absoluto.  “Entonces, lo quieres pillar para adquirir el apellido Burch a tiempo.  ¿No es así?”
Ahora Lena baja la mirada, como si observara sus manos sobre el regazo.  Su voz es clara y testaruda, pero serena.  “Creo que no necesito ninguna promesa de Lucas.  Fue que infortunadamente ocurrió que tuvo que escapar.  Y no le salieron bien sus planes de volver por mí, como se lo proponía.  Creo que nosotros dos no teníamos que hacernos promesas.  Cuando se dio cuenta esa noche que se tenía que ir, él–“
“¿Se dio cuenta cuál noche?  ¿La noche que le dijiste de la criatura?”

El apoyo conmovido de la mujer.

…produces a small china effigy of a rooster with a slot in its back.  It jingles with coins as she moves it and upends it and shakes it violently above the top of the dresser, shaking from slot coins in a meagre dribbling.  Armstid in the bed watches her.“What are you fixing to do with your egg money this time of night?”  he says.“I reckon it’s mine to do with what I like”. She stoops into the lamp, her face harsh, bitter.  “God knows it was me sweated over them and nursed them.  You never lifted no hand”.…and drop them with the others into the sack and knot it and reknot it three or for times with savage finality.“You give that to her”, she says.  “And come sunup you hitch up the team and take her away from here.  Take her all the way to Jefferson, if you want”.
…extrae un gallito de porcelana con una ranura en su lomo.  Se oyen tintinear monedas cuando lo mueve, lo voltea, lo sacude violentamente a la altura del ropero y salen unas pocas monedas.
Armstid la observa desde la cama.
¿Qué se le va a ocurrir con los ahorros de los huevos a estas horas de la noche?, le dice.
“Creo que puedo hacer lo que me dé la gana”.  Se agacha hacia la lámpara, con cara dura, amarga.  “Solo Dios sabe lo que he sudado por ellos y los he cuidado.  Usted nunca dio una mano”.
…y las echa con las otras en el saquito y lo anuda y reanuda tres o cuatro veces con impetuoso empeño.
“Dele esto a ella”, dice.  Y, amaneciendo, engancha las mulas y se la lleva lejos de aquí.  Llévela hasta Jefferson, si quiere.

En un tiempo sin tiempo Qué habría ocurrido si lo hubiera sabido antes Wanda se enteró en 2025 del descubrimiento del viaje cuántico al pasa...